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La huelga de las 'strippers' y su guerra contra las "chicas botella"

La llegada de las sirvientas 'instagramers' e 'influencers' con miles de seguidores está provocando una verdadera guerra en los bares de la ciudad estadounidense

Foto: Bailarinas de Stadium club. (Instagram)
Bailarinas de Stadium club. (Instagram)

Las 'strippers' de Nueva York están muy enfadadas. A través de las redes sociales han denunciado un trato injusto a manos de los promotores y gerentes de los clubes nocturnos de la ciudad y aseguran que se pondrán en huelga, ya que las camareras de los locales les están "robando" las propinas en efectivo que ellas antes ganaban cada noche.

Cada noche en Long Island City, un puñado de clientes se divierte al ritmo de la música y de los movimientos de las bailarinas, a las que arrojan billetes, cientos de dólares, mientras estas se contonean en la barra del escenario. Una vez que ellas terminan, recogen todo lo ganado y lo cuentan para saber cuánto sobresueldo han conseguido esa noche. "Así sucedía hasta hace unos pocos años", comenta una bailarina a 'The Washington Post'.

"Chicas botella"

Parece que los redes sociales no solo sacuden las industrias y profesiones más relevantes de la economía tradicional sino que golpean a otros sectores que, a priori, eran impensables como los clubes nocturnos. Desde hace unos cinco años, los propietarios de estos empezaron a contratar a mujeres atractivas con miles de seguidores en Instagram y Twitter para trabajar como camareras. Según las 'strippers', que han sido los pilares de estas discotecas durante décadas, estas "principiantes" se están quedando con todo su dinero.

La huelga de las 'strippers' y su guerra contra las "chicas botella"

Hace unas semanas, estas trabajadores se organizaron bajo el hastag #NYCStripperStrike para arrojar luz sobre este tema. Se supone que la diferencia entre unas y otras es la labor que desempeñan: mientras unas se desnudan y bailan, las otras sirven copas, o así debería ser. Las primeras denuncian que las camareras cada vez llevan menos ropa, se contonean y danzan cumpliendo el mismo rol que ellas, una desventaja que les hace perder dinero porque las propinas se quedan en la barra del bar y no en el escenario como sucedía antes.

Antes las bailarinas de 'striptease' podían alcanzar los 1.000 dólares en una buena noche, pero ahora la cifra no llega ni a a mitad

Esta no es una batalla entre jefes y empleados sino entre camareras y 'strippers', aunque los dirigentes se ponen del lado de las primeras porque, después de todo, son las que atraen gente gracias a las redes sociales. La lucha entre la nueva y la vieja economía en los clubes nocturnos también es un reflejo de las divergencias políticas, sociales y raciales, ya que las 'influencers' suelen ser blancas o latinas y las bailarinas son de color.

Gizelle Marie se ha convertido en la representante del gremio y líder de la huelga. "Todo lo que pedimos es respeto. Si los dueños de los locales no escuchan nuestras reclamaciones tomaremos medidas legales más drásticas", señaló en una entrevista. Antes, las bailarinas de 'striptease' podían alcanzar en propinas la friolera cantidad de 1.000 dólares en una buena noche, pero ahora la cifra no llega ni a a mitad.

Lo único que queremos es respeto e igualdad. Si nosotras tenemos que pagar una tasa, que ellas lo hagan

Los reclamaciones están encendiendo una acalorada disputa laboral, aún más compleja, ya que los pubs nocturnos operan bajo un sistema de contratistas autónomos, donde los trabajadores no cuentan con protección sindical. Por otra parte, mientras las bailarinas deben pagar una comisión al local por el derecho a actuar, que puede llegar hasta casi los 250 dólares cuando es un evento importante, las "chicas botella" están exentas de pago.

La huelga de las 'strippers' y su guerra contra las "chicas botella"

@acesnewyork dancer #powerballsundays

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"Los clientes ya no pueden diferenciar entre nosotras y las camareras porque prácticamente vestimos igual y los promotores lo único que hacen es fomentar este tipo de comportamiento", asegura Marie. "He creado este movimiento porque hace un mes viajé a Washington a bailar en un club y gané muchísimo dinero. Eso me hizo pensar que hay muchos otras muchas personas que ya no pueden bailar en Nueva York y que se tienen que mudar a Connecticut, Atlanta o Miami donde todavía se gana bien", añade.

En el pasado, los bailarines guardaban silencio por si tenían problemas en el trabajo. "La gente tenía miedo a hablar y perder su puesto laboral. Lo único que queremos es respeto e igualdad. Si nosotras tenemos que pagar una tasa, que ellas lo hagan también. O todas o ninguna".

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