El placer tras los muros del telón de acero

Los comunistas lo hacen mejor: la fórmula roja para la felicidad sexual

Frente al debate sobre la libertad sexual en Occidente, en los países del Pacto de Varsovia se vivía esta parte la condición humana con menos diálogo, pero con mucha más naturalidad

Foto: Partisana yugoslava. (Creative Commons)
Partisana yugoslava. (Creative Commons)

Bajo el estado totalitario de la República Democrática Alemana, la pornografía y la prostitución eran dos serios tabúes. “El negocio del sexo de la Alemania Occidental estaba considerado por el régimen como un síntoma de la decadencia burguesa”, afirmaba hace unos años el sociólogo Kurt Starke en un artículo publicado en ‘The Telegraph’.

Sin embargo, no son pocos los hombres y las mujeres que recuerdan con nostalgia el amor tal y como lo vivieron en aquella época: “En un estado rígido que quería controlarlo todo, los ciudadanos estaban más emancipados por lo que respeta a su vida sexual, en particular la de las mujeres”, aclara Starke.

A pesar del debate sobre el sexo abierto en Occidente, la gente del este era más natural y se sentía más satisfecha en la cama

Las féminas del pacto de Varsovia disfrutaban de importantes derechos y privilegios en comparación a sus coétaneas de la OTAN: importantes inversiones públicas en su educación, ayudas a la maternidad, anticonceptivos y la posibilidad de abortar favorecían que el rol que desempeñaban fuera bastante menos tradicional.

Satisfaccion sexual e independencia femenina

En un estudio conducido por Starke y otros sociólogos durante los años 90, se descubrió que las féminas de la Alemania del Este tenían casi el doble de orgasmos que las de la República Federal. Estas mujeres demostraban además menos pudor a la hora de tomar la iniciativa y unas ideas sobre la sexualidad especialmenete saludables: “Cuando una mujer no alcanzaba el orgasmo, no se preocupaba por ello y simplemente decía ‘bueno, la próxima vez será”, cuenta Starke.

En la misma línea, la historiadora Gisela Staupe recalca que “a pesar del debate sobre el sexo abierto en Occidente y la revolución que se estaba viviendo, la gente del este era más libre, más natural y se sentía más satisfecha con su vida en la cama”.

Trabajos de vanguardia estudiaron la igualdad entre sexos como un condicionante fundamental para el placer

“Claro que muchas cosas eran especialmente duras durante aquella época, pero mi vida estaba cargada de romance”, defiende Anna Durcheva, búlgara de 71 años y madre soltera durante décadas a ‘The New York Times’. “Tras divorciarme tenía mi propio trabajo y mi salario, y no necesitaba ningún hombre que me tuviera que mantener. Podía hacer lo que quisiera”.

En contraste, Durcheva se lamenta de las condiciones de vida que sufre ahora su hija: “Todo lo que hace es trabajar y trabajar, y cuando vuelve a casa está cansada para pasar un rato con su marido. Aunque no importa, él también está siempre cansado. Se sientan delante de la televisión como si fueran zombies. Cuando yo tenía su edad, me lo pasaba mucho mejor”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Los Estados comunistas necesitaban la mano de obra de las mujeres para cumplir los programas con los que llevar a cabo una rápida industrialización, por dicho motivo la igualdad entre sexos acabó avanzando a la misma velocidad. Los bolcheviques liberalizaron el divorcio, garantizaron una serie de derechos relativos a la reproducción y al movilizar a las mujeres como fuerza de trabajo facilitaron su independencia económica respecto a los varones.

Muchos de estos progresos se vieron frustrados en la Unión Soviética durante el gobierno de Iósif Stalin, sin embargo, diferentes expertos de países como Checoslovaquia y Polonia empezaron a interesarse por la vida sexual femenina con trabajos de vanguardia que ligaban el placer en la intimidad con el contexto social y cultural.

En una sociedad donde no se puede vender el cuerpo, surge otra libertad. La gente no se sentía separada de él, algo que sí ocurre si se mercantiliza

Por frecuentes, sensuales e intensos que fueran los estímulos, el placer femenino no se podría desarrollar nunca de manera saludable si ellas se encontraban estresadas, quemadas por su trabajo o preocupadas por el futuro y por su estabilidad financiera: “Se centraron en la importancia de la igualdad entre hombres y mujeres como un componente fundamental del placer. Algunos defendían incluso que los hombres tenían que compartir la responsabilidad de las labores domésticas y de los niños para que el sexo mejorara”, señala Katerina Liskova, profesora de la Universidad Masaryk de Brno.

Aunque se trabajó en los colegios para que las nuevas generaciones de hombres vieran en las mujeres a una especie de camaradas, la herencia del patriarcado no consiguió ser jamás abolida por completo el comunismo. Con todo, las féminas de las naciones comunistas disfrutaban de una autonomía inconcebible para sus contemporáneas del bloque capitalista. Con las excepciones de Rumanía, Albania y la Unión Soviética de Stalin, estados como Bulgaria, Polonia, Hungría, Checoslovaquia o la República Democrática Alemana tenían partidas presupuestarias directamente destinadas a las madres solteras, a las divorciadas y a las viudas, así como programas de educación sexual y para el aborto. “La República me otorgó mi libertad. La democracia me quitó parte de ella”, asegura Durcheva.

El desnudo desde otro punto de vista

Pero no solo la emancipación de la mujer jugó un papel destacado por lo que se refiere a una sexualidad más saludable, también la concepción particular del cuerpo tuvo una especial relevancia en este fenómeno. A pesar de las limitaciones relativas a la pornografía y a la prostitución de las que hablábamos al inicio, ciertas costumbres como el nudismo eran todo un fenómeno de masas en países como Alemania del Este.

Camping nudista en Alemania. (Creative Commons)
Camping nudista en Alemania. (Creative Commons)

El naturismo era una practica común llevada a cabo por todas las generaciones, que se efectuaba con libertad en campings, lagos y playas. Mientras tanto, en el oeste, muchos ciudadanos no habían visto jamás ni a sus propios padres desnudos: “Fueron las mujeres las que aceleraron este movimiento. Cerca del 90% de la población había practicado de alguna forma el nudismo. Era, sobre todo, una experiencia familiar que ni siquiera estaba organizada. Todo el mundo era igual, no tenías que entrar en un club. La gente vivía de ese modo y se sentía libre”, asegura Starke. “Si vivo en una sociedad donde no puedo vender mi cuerpo, entonces tengo otro tipo de libertad. No me encuentro separado de él, algo que sí ocurre si lo mercantilizo”.

Alma, Corazón, Vida

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