Michael Hammond

El hombre desconocido que salvó el mundo libre (y que solo quería hacer teatro)

Era exconsejero general del comité directivo del Senado de EEUU pero solo quería dedicarse a las artes dramáticas. Aun así, era de los mejores en su trabajo, hasta el punto que hundió el comunismo

Foto: Un héroe anónimo. (iStock)
Un héroe anónimo. (iStock)

Nos lo recuerda cada semana nuestro experto en historia Álvaro Van Den Brule: los que cambiaron el rumbo de la humanidad no siempre salen los libros. Ese parece ser justo el caso de Michael Hammond, de 67 años, exconsejero general del comité directivo del Senado de EEUU y ahora director de teatro. Su última obra se llama 'Repentance' (Arrepentimiento), la cual abrió justo la semana pasada el Capital Fringe Festival. La representación trata sobre un sacerdote entrado en años que visita a un joven en prisión, y en todo lo que pudo haber sucedido entre ellos años antes.

El mismo hombre que ahora hace de su pasión su trabajo (el teatro), es el mismo a quien se atribuye el desencadenamiento de la caída del bloque soviético. Suena muy fuerte, pero es cierto. Te contamos todo desde el principio.

En los años 80, Hammond era uno de los pesos pesados del Senado estadounidente. Tenía treinta y tantos años, y un título de abogado que no le enorgullecía. Odiaba su trabajo, él quería dedicarse a escribir obras de teatro. No le gustaba su labor pero, hasta él mismo lo reconoce, "era muy bueno".

El mismo hombre que ahora se dedica al teatro es en cierta medida responsable de la caída del bloque soviético

Conocía las reglas del Senado mucho mejor que la mayoría, y allí era dónde se manejaban los hilos de poder. Sabía cómo forzar el consenso, cómo boicotear la legislación progresista, cómo usar una señal como un ariete o un cuchillo de carne. El Comité Directivo del Senado, a pesar de sonar bipartidista, era en realidad un grupo de conservadores duros, y Hammond era su estratega.

Participó en la caída de los comunistas

Hammond gozaba de cierta reputación en el Congreso. "Era perspicaz y decidido, casi hasta el punto de ser psicótico. Maníaco, excéntrico, demasiado inteligente -o demasiado arrogante- para sufrir las sutilezas de la política", dice el personal del Senado a 'The Washington Post'. Hammond era de los mejores, lo que quedó patente cuando salvó al mundo libre de un apocalipsis soviético financiando el movimiento de resistencia en Polonia: el sindicato Solidaridad, que se convirtió en el primero del país del bloque soviético y dio lugar a un movimiento socialanticomunista y no violento, que en su mayor auge unió a aproximadamente a 10 millones de miembros y contribuyó enormemente a la caída del comunismo en Europa del este.

Pues bien. aquí es donde entra en juego nuestro protagonista. Sin Michael Hammond es más que probable que Solidaridad nunca pudiese haber llegado a nada. Hammond trabajó con Liz Wasiutynski, uno de los representantes del sindicato, para conseguir que los miembros importantes del Congreso les apoyasen. Con suficiente respaldo bipartidista, Hammond ayudó a recaudar unos cuantos millones de dólares, que en principio estaban destinados a proyectos de Ley de asociaciones. "Un millón de dólares no era nada para el presupuesto de los Estados Unidos, pero era todo para los polacos. Solidaridad ahora tenía dinero y el apoyo del pueblo estadounidense". Todo ello gracias al que ahora es un director de teatro feliz.

El embajador de Polonia en Estados Unidos, Piotr Wilczek
El embajador de Polonia en Estados Unidos, Piotr Wilczek

Solidaridad ganó una serie de escaños en el Parlamento a principios de 1989, y el comunismo cayó allí ese mismo verano, disolviéndose a nivel mundial en el 91. Es por eso que algunas personas hablan de Hammond como si fuera semejante al Papa Juan Pablo II, a quien se atribuye el entusiasmo democrático en Polonia y el desencadenamiento de la caída del bloque soviético.

Hammond "se dedicó a promover la causa polaca en los pabellones del Congreso", dice el embajador de Polonia en Estados Unidos, Piotr Wilczek. "Sus acciones fueron cruciales para ayudar a asegurar el apoyo financiero de Estados Unidos para el pueblo polaco y el movimiento Solidaridad". Por su trabajo en el Senado, Hammond recibió un honor nacional de Polonia: la Cruz de Caballero de la Orden del Mérito.

Lo dejó todo para seguir su sueño

Hammond reconoce que lo hizo bien, pero con la boca pequeña: "Es algo que se me da bien, pero yo realmente soy dramaturgo". Hace 17 años, este héroe se trasladó a la zona rural de New Hampshire para finalmente dedicarse a su sueño: el teatro.

Ahora Hammond está sentado en un aula en la Universidad Católica americana, viendo un ensayo de su obra, que sus amigos de la política presentaron al Festival Fringe en su nombre, y sin su consentimiento. Esos amigos, algunos de los cuales son acólitos conservadoras de sus años en el Congreso, también le consiguieron un móvil de prepago desechable para que pueda comunicarse como una persona normal.

Sus acciones fueron cruciales para ayudar a asegurar el apoyo financiero de Estados Unidos para el pueblo polaco y el movimiento Solidaridad

Tras visionar brevemene la obra, Hammond piensa el final: le gustaría que el joven prisionero desapareciera como siempre, como si siempre hubiese sido una aparición. El público no debería saber si el personaje era un héroe o un demonio, real o imaginario. Debe estar abierto a la interpretación.

El presupuesto y el espacio impiden tal efecto, dice el productor. "El dramaturgo nunca consigue lo que quiere", sentencia Hammond.

Alma, Corazón, Vida

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