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Adiós a las notas: estas son las nuevas maneras de evaluar a los alumnos

Cada vez son más las voces que consideran que la calificación tal y como la conocemos no sirve para nada. Estos son los colegios que la están cambiando en España

Foto: Una experiencia traumática por la que los estudiantes están obligados a pasar. (iStock)
Una experiencia traumática por la que los estudiantes están obligados a pasar. (iStock)

Todos hemos tenido el mismo sueño en algún momento de nuestra vida adulta, especialmente si estamos preocupados: hacemos un examen y el profesor nos suspende, con consecuencias muy negativas para nuestra vida, desde perder el trabajo hasta volver a la universidad. Se trata de un síntoma claro de que las calificaciones y evaluaciones, tal y como están planteadas, son material perfecto para las pesadillas que nos hacen despertar entre sudores fríos. Una experiencia que nadie recuerda como algo constructivo, a pesar de que debería serlo.

Replantear los principios de estos procedimientos ha sido uno de los pilares de la innovación educativa, relacionado íntimamente con la adquisición de competencias, a pesar de que las leyes no siempre han ayudado. La LOMCE, por ejemplo, establece que las calificaciones de Primaria deben ir del 1 al 10. Sin embargo, los expertos coinciden en que esta mera nota numérica proporciona muy poca información tanto al alumno como a los padres, por lo que se han propuesto nuevas maneras de medir la evolución en el rendimiento del estudiante. Un informe de la OCDE, la institución más influyente en el mundo educativo, promovía la evaluación como elemento clave en los procesos de aprendizaje.

¿Qué quiere decir que un niño tiene un cinco, que sabe la mitad que el que tiene un 10? No es solo un instrumento de certificación, sino de orientación

El ejemplo más claro proviene del Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Cataluña, que desde el pasado curso califica a los estudiantes de Primaria no con notas numéricas, sino a través de cuatro niveles (logro excelente, notable, satisfactorio y no-logro). Pronto se extenderá a Secundaria. “Vimos que no tenía sentido cuantificar del 1 al 10 como se hacía hasta ahora, ya que por sí mismo no proporciona información”, explica a El Confidencial Carme Ortoll, directora general de Educación Infantil y Primaria. “¿Qué quiere decir que un niño tiene un cinco, que sabe la mitad de uno que tiene un 10? La evaluación no es solo un instrumento de certificación, sino también de orientación”.

Héctor G. BarnésHéctor G. Barnés

No se trata simplemente de un cambio de terminología, sino que está asociado a un nuevo rol de este proceso. Como recuerda Ortoll, “la finalidad de la evaluación es identificar las dificultades del proceso de aprendizaje y centrarnos en las competencias básicas para que los alumnos puedan adquirirlas”. Como asegura la página de la Generalitat, los alumnos deben conocer también los objetivos que deben alcanzar y los criterios de forma que puedan regular ellos mismos su propio proceso de aprendizaje.

Una labor compartida

Como ocurre con otros cambios promovidos durante los últimos años, Cataluña se ha convertido en la región catalizadora de estos cambios, aprovechando las competencias transferidas de educación y su larga tradición innovadora. Boris Mir es director adjunto del programa Escola Nova 21, una alianza que aglutina a los centros vanguardistas que comparten esta mirada fresca sobre la evaluación. “Lo determinante no es que la calificación sea numérica o una frase más descriptiva”, matiza. “Sino que se evalúe, por ejemplo, la capacidad de argumentar afirmaciones o de definir bien un problema”. Insiste en que la calificación numérica “no nos dice qué sabe hacer o qué comprende un alumno”.

Hay que atender al alumno como un todo y no como la agregación del 'alumno de matemáticas' y el 'alumno de lengua'

Las competencias (lingüística, matemática, digital, social, espíritu emprendedor, aprender a aprender, cultural) son esenciales en esta clase de evaluación. “La calificación final no debe pivotar sobre las 'asignaturas', debe hacerlo sobre los aprendizajes, se hayan generado donde se hayan generado”, añade Mir. “Debe centrarse en valorar los logros de las competencias clave desde una visión global, atendiendo al alumno como un todo y no como la agregación del 'alumno de matemáticas' y el 'alumno de lengua'”. La autoevaluación y coevaluación son esenciales en estas escuelas; es decir, el estudiante debe reflexionar sobre su propio proceso de aprendizaje o colaborar con sus compañeros para mejorar.

Un buen ejemplo de esta tendencia es la Escola Sadako, un colegio privado situado en el barrio de Gràcia. Como explica su director, Jordi Musons, “los cambios metodológicos no son útiles si no va asociado el de la evaluación”. Este recuerda que debe ser una herramienta para el alumno y no para el profesor, “que llevaba su libreta de notas que los alumnos no podían ver”. “Hoy, la evaluación es compartida con el alumnado, porque cuanto más transparente es, de más información dispone”. Es otro colegio que ha implantado la autoevaluación y la evaluación entre iguales, que provoca que las actividades, exámenes o proyectos produzcan dos documentos, el del propio alumno y el del profesor.

La fachada de la Escola Sadako.
La fachada de la Escola Sadako.

En Sadako existe también un sistema de mentorización entre alumnos: un estudiante de mayor edad apadrina a uno más joven (por lo general unos cuatro o cinco años), al que da su opinión sobre el trabajo o la actividad que él mismo tuvo que realizar años ha. Así aprenden ambos, uno a perfeccionar su trabajo, el otro a asesorar a un compañero. También las familias juegan un papel importante, ya que participan en el proceso de forma activa . “Hacemos un informe cada seis semanas con la evaluación de cada una de las competencias que hemos trabajado, con la autoevaluación y la del docente y la familia, un proceso que nos proporciona un 'feedback' muy interesante”.

Desde Cataluña hasta el sur

Otro centro que ha implementado sistemas semejantes es el sevillano San Francisco de Paula, que incide especialmente en la aportación de los padres de evidencias del aprendizaje en la vida cotidiana de los niños, para garantizar que el estudiante es capaz de trasladar a la vida real lo que le han enseñado en el colegio y ofrecer un retrato más fidedigno de su evolución. Como explica César Prado, vicedirector de Estudio del colegio y quien ha tutelado la implantación del sistema, “la gran novedad es cómo los padres se implican en el proceso; ya que no podemos tener evidencias de la vida diaria y real fuera del colegio, involucramos a los familiares en el proceso”.

Si ves un 6, no sabes que el niño puede sumar pero no restar. Nosotros proporcionamos información más detallada

Este paradigma está muy vinculado a la implantación del Bachillerato Internacional y su Programa de Educación Primaria (PEP) en el centro. “Lo que queremos es dar a los padres la información detallada de cuáles son los objetivos de los niños: si hablamos de Matemáticas y en Primaria están viendo la suma, deben saber que el niño es capaz de hacerla. Si ponemos simplemente un 6, no pueden saber que, por ejemplo, los niños saben sumar pero no restar”. Es una manera de poner atajar pronto las dificultades de aprendizaje antes de que se multipliquen: “No podemos desahuciar a un niño con 10 años”, recuerda Prado. Para ello son de vital importancia los profesores, que acompañan al niño durante todo el día y son los que mejor lo conocen.

Al término de cada unidad de indagación, el centro emite un boletín que se divide en dos partes. Una centrada en conceptos, habilidades y actitudes, sin calificaciones numéricas y en la que solo aparecen los comentarios literales de los profesores, y otra sobre “evidencias relacionadas con la capacidad de hacer de los alumnos”. El proceso de implantación no suele ser fácil pero, según Prado, ha sido ampliamente aceptado. “Se parece a lo que suele hacerse en la Escuela Infantil, pero no a lo que los padres conocían cuando estudiaban o lo que se suele hacer en Primaria”. Los progenitores de alumnos extranjeros, significativamente, lo han visto como algo mucho más natural.

El San Francisco de Paula abrió sus puertas en 1886.
El San Francisco de Paula abrió sus puertas en 1886.

La burocracia, no obstante, sigue obligando a estos centros a entregar una única nota en las actas de final de curso, que será la que decida la promoción o no del estudiante. Como recuerda Musons, hacer la correlación no es fácil, pero propuestas como la realizada desde el Departamento de Educación dela Generalitat facilitan su trabajo porque encaja mejor con su propuesta. No es nada raro sospechar que, muy pronto, desde los poderes públicos se promoverán evaluaciones semejantes. Como concluye Ortoll, “si aplicamos nuevas maneras de enseñar, tenemos que aplicar nuevos métodos de evaluación formativos; esta no debe ser una manera de poner obstáculos”.

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