“UN ENIGMA ECONÓMICO”

El escándalo del atún: cómo la industria ha conspirado para subirte los precios

Un juicio que ha sentado en el banquillo a tres de las compañías más grande del sector pone de manifiesto que las estrategias de fijación de precios no son muy transparentes

Foto: Mayoristas compran atún fresco en el mercado de Tsukiji en Tokio (Japón). (Reuters/Toru Hanai)
Mayoristas compran atún fresco en el mercado de Tsukiji en Tokio (Japón). (Reuters/Toru Hanai)

La ley de la oferta y de la demanda señala que cuando la demanda de un producto desciende, el precio tenderá también a reducirse. Debido a que menos personas están dispuestas a adquirir dicho bien, es lógico pensar que el precio de cara al consumidor bajará, puesto que ello lo hará un poco más atractivo para este. Si esto no ocurre, o peor aún, el precio sigue aumentando, puede que haya una escasez de materia prima… o gato encerrado.

Es lo que ha ocurrido con el atún en Estados Unidos, que ha caído en desgracia durante las últimas décadas por diversos factores. Como explica el historiador de la comida Andrew F. Smith en 'American Tuna: the Rise and Fall of an Improbable Food' (University of California Press), el “pollo del mar”, como se le conoce en dicho país, se convirtió en el producto marino más popular a principios del pasado siglo. La preocupación por los altos niveles de mercurio ha provocado un brutal descenso su consumo, así como la desaparición de la industria atunera americana, que un día fue la más potente del mundo.

Según Walmart, el 25% de los productos comercializados entre 2008 y 2010 fueron objeto de esta fijación de precios

Algo parecía no encajar, puesto que esta reducción del consumo –casi a la mitad entre 1990 y 2013– no había ido acompañada por un descenso del precio. Un “acertijo económico”, como reflejaba un artículo publicado en 'The Washington Post'. La solución puede encontrarse en un juicio que implica a las tres empresas que se reparten alrededor de tres cuartas partes del mercado, Bumble Bee, Starkist (Dongwon Industries) y Chicken of the Sea (Thai Union), acusadas de conspirar para pactar precios.

El demandante es nada menos que Walmart, la mayor cadena de tiendas de EEUU, que asegura haber visto cómo “a pesar de los cambios en la oferta y la demanda que deberían haber bajado los precios, hemos continuado pagando altos precios por productos de atún empaquetado”. En el caso, como informa 'Under Current News', se encuentran también envueltos otro 56 actores de la industria. Según Walmart, el 25% de los productos comercializados entre 2008 y 2010 fueron objeto de esta fijación de precios.

El 'lobby' oculto

La fijación de precios al margen de lo que la ley de la oferta y la demanda fijaría, y en perjuicio del consumidor, no es la única acusación realizada por el gigante de los supermercados. Estos también se reunieron para unir fuerzas ante Greenpeace, que había encabezado una petición para prohibir métodos de pesca que ponen en peligro las tortugas marinas y los tiburones. Según un correo electrónico, las compañías acordaron no comercializar atún pescado a través de estos métodos alternativos.

Bumble Bee se ha declarado culpable por fijación de precios entre 2011 y 2013, y se ha comprometido a pagar una cantidad cercana a los 25 millones

Durante los últimos años, las compañías habían aludido a la escasez de atún para justificar la subida de los precios; en 2008, se anunciaron medidas más duras para proteger el atún rojo (que, no obstante, no se utiliza para conserva). Sin embargo, en el juicio se ha puesto de manifiesto que la fijación de precios no estaba relacionada con este factor. La estrategia conjunta se acordaba en las al menos dos reuniones anuales que mantenían los directivos de dichas firmas, donde según la acusación, también se compartía información comercial sensible.

Bumble Bee se ha declarado culpable por fijación de precios entre 2011 y 2013, y se ha comprometido a pagar una cantidad cercana a los 25 millones de dólares. Dos de sus vicepresidentes, Ken Worsham y Walter Scott Cameron, también se han declarado culpables. Sin embargo, es probable que la conspiración vaya mucho más lejos y que lo ocurrido también fuese conocido por los escalafones más altos de las compañías matriz y este pacto haya servido de cortafuegos. Se trata de Kim Nam-Jung (Dongwaon) y de Thiraphong Chansiri (CEO de Thai Union).

Filete de atún. (iStock)
Filete de atún. (iStock)

Thai Union Group es precisamente uno de los grandes productores mundiales de atún, con base en Tailandia y unos ingresos anuales de 126,9 miles de millones de baht (unos 3,3 miles de millones de euros). Es también una de las grandes amenazas para la industria pesquera europea y, particularmente, española. Como explicaba El Confidencial, el sector pesquero tailandés se ha convertido en uno de los más importantes del mundo, con el atún como producto estrella.

Cuando el consumidor es el que pierde

El caso de las tres grandes atuneras estadounidenses es una buena muestra de cómo un oligopolio puede pasar casi una década controlando los precios de un sector y perjudicando al consumidor hasta que finalmente la conspiración es descubierta… En este caso, por una gran superficie que no está precisamente libre de pecado. En 2007, las condiciones de trabajo de una factoría china que producía para ellos fueron denunciadas por el National Labor Comittee estadounidense.

Tres empresas en una posición privilegiada en un mercado imperfecto se aprovechan de su posición privilegiada para fijar un precio más elevado

En diciembre del pasado año, otro documento de una fiscalía estadounidense suscrito por 20 estados norteamericanos acusaba a dos grandes productoras de medicamentos genéricos de pactar subidas consensuadas y artificiales de los precios de los medicamentos. En España, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia investigó tramas similares en 11 empresas de servicios informáticos, tanto en lo referente a la fijación de precios como al intercambio de información comercial sensible o acuerdos o prácticas concertadas para repartirse el mercado.

La colusión es el acuerdo que se produce entre dos o más empresas para repartir de manera consensuada una determinada porción del mercado, de manera que se impide que otros actores entren en el mercado y los precios bajen. Aunque la ley española y comunitaria contemplan la libertad de fijación de precios, también establecen ciertos límites a la misma, entre las que se encuentran estos pactos colusorios “que pueden producir o producen una reducción, falseamiento o eliminación de la competencia en todo o en parte del mercado en el que actúen las empresas en cuestión”. En el caso de la industria pesquera, tres empresas que gozan de una posición privilegiada en un mercado de competencia imperfecta se aprovechan de su posición privilegiada para fijar un precio más elevado que el que dictaría la lógica del mercado.

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