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Cómo aprender cualquier cosa en tan solo veinte horas

Parece que nunca hay suficiente tiempo para adquirir un nuevo conocimiento o una nueva habilidad. Sin llegar a ser maestros podemos, sin embargo, ser bastante competentes en menos de lo que creemos

Foto: Disponer de todas las herramientas para empezar; un buen primer paso (iStock)
Disponer de todas las herramientas para empezar; un buen primer paso (iStock)

“Ocho horas para trabajar, ocho horas para vivir, ocho horas para dormir”, era el lema divulgado por el socialista utópico Robert Owen en 1817 en defensa de una jornada laboral reducida ante las penosas condiciones de la Revolución Industrial. ¿Ocho horas para vivir? Dos siglos después seguimos sin saber dónde están. ¿Contaba Owen con las labores domésticas, el cuidado de los niños, los imprevistos y los desplazamientos de casa al trabajo y del trabajo a casa?

La falta de tiempo en nuestro día a día no elimina, sin embargo, nuestra ansia por saber, nuestra curiosidad. Para manejar nuestro entorno, tener un mayor control sobre el mismo y progresar personal y profesionalmente necesitamos aprender y adquirir nuevas habilidades, ¿pero cómo se hace eso si no disponemos ni siquiera de un momento para rellenar el formulario que nos permite apuntarnos al curso intensivo que tanto nos interesa?

Josh Kaufman, autor de varios libros superventas sobre el mundo de los negocios, tomó conciencia del inquietante problema a raíz del nacimiento de su primera hija. ¿Qué padre o madre, después del primer mes de insomnio, no ha llegado a pensar que a partir de ese instante el tiempo libre acabaría desapareciendo por completo de su existencia?

El método Kaufman

En una charla Ted, Kaufman reconoce que, como muchos otros, lo que más le gusta y le motiva es aprender cosas nuevas así que ¿por qué no aprender a aprender? El escritor se puso manos a la obra con el propósito de hallar una respuesta a la pregunta de cuánto tiempo es realmente necesario para adquirir una nueva habilidad. Tras consultar varios libros y páginas de Internet el veredicto se repetía por todas partes: ¡10.000 horas!

¿Cómo era posible que se precisara tanto tiempo cuando ni si quiera nuestra experiencia personal certifica que esto sea así? A fin de cuentas, 10.000 horas es el equivalente a un trabajo a jornada completa desarrollado durante cinco años.

Veinte horas bien empleadas dejan a cualquiera anonadado, ya sea para aprender un idioma, para saber dibujar o hacer malabarismos con motosierras

La fórmula parece derivar de un libro de K. Anders Ericsson, ‘The Road to Excellence’. El estudio de este autor, sin embargo, se centraba en atletas profesionales, músicos de primer nivel, maestros de ajedrez y, en general, profesionales que llevaban a cabo actividades de élite y ultracompetitivas. El problema es que de la alta competición se fue derivando en que esas 10.000 horas eran necesarias para acabar siendo un experto, después en que servían para ser simplemente bueno, y finalmente, la idea que se asentó es que se necesitaban 10.000 horas para hacer prácticamente cualquier cosa.

Kaufman se ha propuesto romper el paradigma de una manera extrema. ¿Cuánto tiempo es imprescindible para pasar de ser completamente incompetente a mostrarse razonablemente bueno? Veinte horas. Esa es la sorprendente premisa que defiende en su libro ‘The First 20 Hours: How to Learn Anything’.

El autor parte del hecho de que las curvas de aprendizaje son muy acentuadas cuando se comienza a adquirir una nueva competencia. Con un poco de práctica la mejora en la destreza se percibe de manera extremadamente rápida. En un cierto momento, sin embargo, el aprendizaje se estabiliza y progresar hasta lograr alcanzar la maestría acaba siendo cada vez más complicado.

Las bases del método: deconstruye la habilidad, aprende a corregirte, elimina obstáculos y practica al menos veinte horas

Pero claro, el objetivo aquí no es el de ser un virtuoso, sino el de adquirir una habilidad que acabe siendo controlada de manera eficiente. Según Kaufman, veinte horas de entrenamiento bien empleadas dejan a cualquiera anonadado por su efectividad, ya sea para aprender un idioma, para saber dibujar o hacer malabarismos con motosierras.

Bastan solo 45 minutos al día durante un mes. Eso sí, lo fundamental es la calidad de esas 20 horas. El tiempo tiene que estar bien empleado y no vale cualquier método. Por eso, el inventor de esta propuesta sugiere cuatro pasos fundamentales:

1. Deconstruye la habilidad. Analiza la competencia en todas sus partes para averiguar de verdad qué quieres saber cuando acabes tu “minicurso”. Muchas habilidades se pueden dividir en muchas pequeñas destrezas. Cuantas más partes puedas hacer, más capacidad tendrás para decidir cuáles de ellas te ayudarán a alcanzar el objetivo. De este modo, podrás ejercitar solo eso en concreto.

El mayor obstáculo para aprender es emotivo, tenemos miedo. Sentirse idiota no es bonito

2. Aprende a elegir las herramientas. Escoger una documentación exagerada es una excusa para procrastinar. Bastan solo entre tres y cinco fuentes bien elegidas, si bien pueden ser libros, revistas, DVD o cualquier otro material.

3. Elimina obstáculos. Televisión, internet y distracciones en general son auténticos frenos. Hay que quitarse todo lo que no nos permite sentarnos y hacer nuestro trabajo. El tiempo del que disponemos tiene que ser utilizado de manera plena.

4. Practica al menos veinte horas. Si puedes invertir veinte horas en el aprendizaje de algo nuevo lograrás, automáticamente, superar la así llamada barrera de la frustración. Es muy decepcionate sentirnos incompetentes, nos lleva a pensar que somos estúpidos y tal emoción es siempre una traba más para poder concluir lo que deseamos llevar a cabo.

Caso práctico

La propuesta puede parecer demasiado simple e irreal. Por ello, delante de su audiencia, Kaufman demuestra que su teoría no es una entelequia y ofrece un caso práctico basado en su experiencia personal para aprender a tocar el ukelele.

Lo primero, asegura Kaufman, es disponer de las las herramientas para ejercitarse: “Mi ukelele llegó sin las cuerdas puestas. Tuve que aprender a acordarlo”.

¿Quién no es capaz de sacar 20 horas durante un mes para satisfacer su necesidad de saber?

El autor comenzó a mirar en bases de datos de música y en libros para saber cómo tocar canciones. Cuando observaba las piezas advirtió que los acordes se repetían incesantemente. Tocar el ukelele era, en realidad, como hacer cualquier otra actividad corriente.

Inspirado por el grupo musical cómico The Axis of Awesome, Kaufman tomó conciencia de que con solo cuatro o cinco acordes era capaz de tocar casi cualquier canción pop compuesta en los últimos cincuenta años, y así se lo demuestra a su audiencia. En apenas unos minutos, sirviéndose de su pequeño instrumento, pasa de interpretar la banda sonora de “Titanic”, a “With or Without You”, “No Woman No Cry” o el “Gangnam Style”. ¿Imposible? Kaufman asegura que mientras estaba tocando estas últimas piezas acababa de completar la hora número veinte de su “minicurso” de ukelele.

La enseñanza final del autor es que el mayor obstáculo para aprender no es intelectual, “es emotivo, tenemos miedo. Sentirse idiota no es bonito”.

Ya no hay excusa, por tanto, para buscar una motivación y comenzar a programar un minicurso sobre aquello que te interesa. ¿Quién no es capaz de sacar 20 horas durante un mes para satisfacer su necesidad de obtener un nuevo conocimiento?

Alma, Corazón, Vida

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