PROBLEMAS EN EL HOGAR DE LOS GARBO

“No aguanto a mi marido”: la pelea conyugal del espía Garbo que casi hizo perder la IIGM

La historia se escribe en los campos de batalla, congresos y parlamentos, pero también en los dormitorios de algunos de sus protagonistas más ilustres, como Garbo y su mujer

Foto: La fotografía de Araceli González de los Archivos Nacionales ingleses.
La fotografía de Araceli González de los Archivos Nacionales ingleses.

Ya hemos hablado con anterioridad de Joan Puyol “Garbo”, el espía español que jugó un papel determinante en el devenir de la Segunda Guerra Mundial. Condecorado por el III Reich con la Cruz de Hierro, se trataba en realidad de un agente doble que servía a los Aliados y que terminaría siendo clave para que el Desembarco de Normandía terminase siendo todo un éxito. Fue él quien proporcionó información falsa a Alemania para que Hitler pensase que el ataque definitivo en suelo europeo tendría lugar más tarde y en Pas de Calais (Bélgica).

Documentos publicados esta semana por los Archivos Nacionales ingleses ponen de manifiesto que la operación estuvo a punto de irse a pique por la vida privada de Garbo. Concretamente, por las discusiones con su esposa Araceli González, que amenazó con desvelar el entramado si las cosas no cambiaban en el hogar de Harrow, al noroeste de Londres. Como muestra la nueva documentación, la doble vida de Puyol y su esposa en Londres era particularmente opresiva para la familia, por lo que a mediados de 1943 González amenazó a su marido con acudir a la embajada española (franquista) para desvelarlo todo si no se le permitía viajar a España para ver a su madre.

“No quiero vivir ni un minuto más con mi marido”, gritó González al oficial del MI5 Tomas Harris, según explican los documentos del Archivo. “Aunque me maten, voy a ir a la Embajada Española”. De haber ocurrido, no solo habría puesto en peligro la vida de su marido (y quizá la suya), sino toda una complicada operación que, a la larga, terminaría siendo clave en los últimos compases de la guerra. Como recuerda un artículo publicado en 'The Washington Post', poca duda cabe de que a pesar de España mantenía en teoría una actitud no beligerante durante la guerra, información tan sensible no habría sido pasada por alto.

Los espías que no sabían tratar a las mujeres

¿Cómo consiguieron Garbo y el aparato de inteligencia inglés que Araceli cambiase de opinión? En un primer momento, utilizando sofisticadas tácticas de inteligencia macho: regalándole medias de seda, que escaseaban en la época, pensando que ello le haría olvidar por un momento su hogar, su idioma y su comida. Según un informe escrito por Harris antes la creciente preocupación del MI5 por las visitas de Araceli González a sus cuarteles, donde había un guarda apostado expresamente por si volvía, “es una mujer muy emocional y neurótica, y por lo tanto, nunca he conseguido hacerla cejar de su esperanza de ver a su madre antes del final de la guerra”.

Fue responsabilidad de Araceli establecer las conexiones que harían que Garbo se convirtiese en uno de los espías más exitosos de la guerra

Después de descartar la posibilidad de fingir que su marido había sido despedido, decidieron tomar una decisión aún más expeditiva: simular que, debido a su ataque de rabia, Garbo había sido detenido y torturado, una idea que se le ocurrió al propio espía. Los documentos explican que Araceli fue conducida a un campo de detención donde vio a su esposo con los ojos vendados. Cuando volvió a casa, Araceli tomó una decisión en consonancia con el farol que se había tirado el espionaje británico. Telefoneó a un compañero de Garbo del MI5 para que fuese a su casa y allí se encontró a Araceli sentada y con todas las espitas de gas abiertas. “Había un 90% de posibilidades de que estuviese fingiendo, pero se encontraba en un estado tan alterado que existía un 10% de posibilidades que ocurriese un accidente”, explican los documentos.

Finalmente, González terminó firmando un documento en el que se comprometía en el futuro a “no poner en riesgo el trabajo realizado por su marido ni causar ningún problema a los servicios de inteligencia ingleses”. Las autoridades británicas habían sido bastante tajantes con Araceli González. Según otras anotaciones realizadas por Harris, un abogado de la organización le había comunicado que no tenía tiempo para perder con gente cansina y que si alguna vez volvería a oír su nombre, “se limitaría a encerrarla”. Un buen escarmiento no solo en mitad de una cruenta guerra donde los espías, dobles espías y triples espías campaban a sus anchas, sino también debido a la larga y compleja trayectoria de la pareja como espías.

Reivindicando a la mujer

Décadas vista, el juicio que el gobierno inglés realiza de Araceli González es mucho más amable que las notas tomadas por sus antiguos agentes de inteligencia. “Fue responsabilidad de Araceli establecer las conexiones que harían que Garbo pasase de ser el sueño de un hombre a uno de los espías más exitosos de la guerra”, explica una entrada en el blog de los Archivos Nacionales publicada esta semana. “Sin que su marido lo supiese, consiguió contactar con Edward Rousseau, el Adjunto al Asistente Naval Americano en Lisboa. Rousseau, al contrario de sus contrapartidas británicas, creyó en la historia de Garbo y finalmente llamó la atención de los servicios de inteligencia ingleses”.

El Desembarco de Normandía no habría sido igual sin Garbo... ni su mujer.
El Desembarco de Normandía no habría sido igual sin Garbo... ni su mujer.

Así que nada de “mujer neurótica” que puso la misión en peligro. De no ser por las habilidades sociales de Araceli, Garbo no se habría convertido en el maestro del engaño que finalmente fue. Según la nota de prensa publicada por el Archivo Nacional, la decepción de González no se debía únicamente a problemas con la comida, el idioma o la añoranza del hogar, sino también a haber sido marginada de la red de espionaje que ella misma había ayudado a crear.

Es la misma hipótesis que refuerza en 'ABC' Tamara Kreisler, la nieta de la pareja: “Es imposible que mi abuelo hubiera hecho lo que hizo si mi abuela no hubiera estado a su lado”. A diferencia de su paso por Lisboa, donde la vida era mucho más sencilla para la pareja y sus dos hijos, Londres debía haber resultado mucho más opresiva.

Es fácil entender por qué Garbo y el MI5 tomaron decisiones tan duras, pero resulta difícil no sentir simpatía hacia la señora Garbo

“Estos documentos muestran el éxito extraordinario de Garbo como agente, pero también su coste humano”, concluye el artículo. “En este caso, el de la mujer de Garbo, que pagó el mayor precio por el trabajo de su esposo. En el punto álgido de un conflicto tan sangriento, es fácil entender por qué Garbo y el MI5 tomaron decisiones tan duras, pero resulta difícil no sentir simpatía hacia la señora Garbo, y admiración por su rol en uno de los grandes engaños del siglo XX”. Araceli González terminó divorciándose de Joan Pujol, y durante mucho tiempo, su familia dio por muerta a su marido. Este, sin embargo, no pasaría a mejor vida hasta el año 1988, en Caracas (Venezuela), donde pasó décadas escondido.

Alma, Corazón, Vida

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