UN CAMINO ALTERNATIVO DE ACREDITACIÓN

Adaptarse o morir: el fin de la universidad tal y como la conocemos

Lo que en el pasado inmediato era un pequeño abanico (grados, doctorados, másteres) se ha ampliado para dar respuesta a las necesidades del mundo empresarial

Foto: La Universidad de UCLA ha sido una de las primeras en ofrecer estas acreditaciones. (CC)
La Universidad de UCLA ha sido una de las primeras en ofrecer estas acreditaciones. (CC)

Durante mucho tiempo, la oferta académica de las universidades ha estado claramente delimitada. Diplomaturas, licenciaturas (o grados), doctorados y másteres eran, básicamente, las posibilidades que tenía el estudiante para formarse a lo largo de su vida. Lo mismo ocurría con la configuración de los programas educativos, que durante siglos han reflejado la división entre letras y ciencias, haciéndose eco de las disciplinas tradicionales y cuya renovación pasaba por incorporar a su repertorio titulaciones relacionadas con los cambios sociales y laborales (de Informática a Comunicación Audiovisual).

Un nuevo grupo de títulos, catalogados bajo el amplio paraguas de “acreditaciones alternativas”, están empezando a cambiar poco a poco el panorama, principalmente por su versatilidad. Siempre aparecen entre las tendencias más decisivas de la educación del futuro, como ocurría en un reportaje publicado en 'Education Dive'. Muchos de ellos son una evolución de los MOOC (los cursos 'online' masivos), que ofrecen microgrados a los profesionales que quieran completar su formación, como los ofertados por Udacity o Coursera. En otros, se trata de programas que proporcionan un aprendizaje intensivo y presencial en una materia determinada, como la programación, a un precio más reducido y en mucho menos tiempo.

En algunos casos, se trata de acreditar que los trabajadores poseen o han desarrollado determinadas cualidades (liderazgo o trabajo en equipo)

Así visto, suena como un curso venido a más… o un máster venido a menos. En realidad, se trata de acreditaciones que se escapan a la oficialidad de la educación superior pero que intentan cubrir necesidades promovidas desde el mundo de la empresa, allí donde las licenciaturas o los doctorados no llegan. En algunos casos, como el de los procesos de acreditación de la Leadership Management School, se trata de acreditar que los trabajadores poseen o han desarrollado determinadas cualidades (liderazgo, trabajo en equipo, 'management' estratégico). Algo que hasta hace poco era imposible conocer y que la formación tradicional no posibilitaba.

¿Quién necesita estudiar una carrera? (iStock)
¿Quién necesita estudiar una carrera? (iStock)

“Puede significar ofrecer cursos sueltos o grupos de ellos, formación orientada hacia un puesto de trabajo, evaluaciones separadas de la instrucción y certificados y credenciales alternativos”, explica Michael Horn, cofundador del Instituto Clayton Christensen de Innovación Disruptiva, en una reciente entrevista con 'The Evollution'. “El coste de estos componentes a menudo son más bajos que los de las carreras existentes. Y aunque separar todo eso no puede proporcionar lo mismo que una universidad tradicional, permite que sea más asequible, flexible y personalizado”.

Una guerra entre la vieja y la nueva universidad

Un gran número de estos procesos de acreditación nacieron en Silicon Valley y Los Ángeles (la universidad de UCLA es una de las pioneras en certificados que no tienen reconocimiento a nivel académico, pero sí empresarial), de mano de los MOOC y el desarrollo de un sector, el tecnológico, donde importa más lo que se sepa hacer que el título que se posea. “A medida que presenciamos un cambio de paradigma en la educación superior, ha vuelto la discusión sobre la necesidad de otros credenciales, y hay razones para pensar que deberíamos prestar atención”, explica en 'The Evollution' David Shejbal, decano de la Universidad de Wisconsin-Extension.

"Nadie tiene que pagar ya por un curso, y vender tan solo formación va a fracasar". De ahí que las universidades estén adaptándose

Como recuerda el experto, el cambio ha sido propiciado por la facilidad del acceso a la información de Internet. Durante mucho tiempo, las universidades eran los 'gatekeepers' de un conocimiento que hoy en día puede encontrarse en mucha fuentes; entre ellas, la red: “Independientemente de tu opinión sobre los MOOC, hay algo que está claro” –explica– “nadie tiene que pagar ya por un curso, y construir un modelo presupuestario basado en la venta de formación va a fracasar”.

¿Qué está pasando entonces? Que las universidades se están adaptando a esas necesidades, viendo que su monopolio está en riesgo de desaparición –acelerada en la medida en que las empresas empiecen a despreciar la formación tradicional en favor de las acreditaciones alternativas– y, por lo tanto, han empezado a ofertar sus propios programas alternativos, “revisando los cursos ofrecidos fuera del proceso reglado y dándole su propio sello de aprobación”. Se trata de un cambio no solo de enfoque educativo, sino también de modelo de negocio.

El acceso a internet ha provocado que la universidad ya no monopolice los contenidos. (iStock)
El acceso a internet ha provocado que la universidad ya no monopolice los contenidos. (iStock)

“Las medallas digitales son una manera de validar las habilidades y las competencias adquiridas en otros entornos de aprendizaje sin tener que completar una clase o un programa entero”, explica en 'Higher Education Today' Cathy Sandeen, antigua vicepresidenta del American Council for Education. Hace tres años, la experta ya tenía claro que el éxito o el fracaso de estos cursos depende del “rendimiento real de los individuos que los han cursado”. La reputación, por lo tanto, es lo que marcará el éxito o el fracaso de estos programas, lo que propicia una sana competencia para proporcionar la mejor formación posible.

Adaptarse o morir

La implantación de esos programas alternativos están obligando a las universidades tradicionales a mover ficha rápidamente. Horn es tajante: “Si las universidades no dan un mayor acceso a los credenciales alternativos a sus estudiantes, corren el riesgo de que estos se marchen a otra parte”, explica. “Si, por otro lado, las universidades se suben a la ola y crean credenciales alternativos –en la mayor parte de casos a través de sus programas educativos– entonces seguirán siendo el destino del aprendizaje a lo largo de toda la vida tanto para sus propios estudiantes como para aquellos que nunca habrían soñado con formar parte de ellas”.

Una carrera siempre ha sido un indicativo muy imperfecto, ya que no denota qué sabe hacer un estudiante y qué no

Así visto, suena a una oportunidad, pero también a un replanteamiento de todo aquello para lo que servía la universidad en el pasado. “El aumento de la demanda muestra que el mercado cada vez más se cuestiona la utilidad de las carreras en sí mismas”, prosigue Horn. Aunque en el pasado poseer una diplomatura o licenciatura era el requisito imprescindible para optar a un trabajo, es muy habitual que ahora los recursos humanos desconfíen de este criterio. “Una carrera siempre ha sido un indicativo muy imperfecto, ya que no denota qué sabe hacer un estudiante y qué no. Y por eso las contrataciones son tan imperfectas, como muestran las tasas de fracaso a la hora de encontrar la persona adecuada para un puesto”.

Asociada a estas nuevas acreditaciones se encuentra lo que en inglés se llama “unbundling”, algo así como “desempaquetado”. Mientras que la formación universitaria tradicional ofrecía un conjunto muy amplio de conocimientos interrelacionados, que por lo general se impartían a lo largo de varios años, las acreditaciones alternativas se basan en la idea de ofrecer títulos muy específicos sobre un contenido o habilidad concreta (incluso “personalizada”), a un precio mucho más bajo.

Una estudiante francesa con sus apuntes en un aula de la Universidad Complutense. (Reuters/Susana Vera)
Una estudiante francesa con sus apuntes en un aula de la Universidad Complutense. (Reuters/Susana Vera)

Hay, obviamente, problemas que solventar y amenazas que sortear. Como recuerda el experto en innovación educativa, dividir en módulos los programas tiene el peligro de atomizarlos excesivamente, perdiendo de vista aquello que caracterizaba las diplomaturas y licenciaturas: la capacidad de ofrecer unos conocimientos comprehensivos y entrelazados sobre una disciplina. Por ello están obteniendo importancia otros subcomponentes que, a juicio de Horn, permiten volver a pegar las piezas, como el 'coaching', el 'mentoring' y los planes de aprendizaje invidualizados.

Otra consecuencia de esta reformulación de los programas es la orientación del mundo universitario hacia la empleabilidad de los trabajadores, atendiendo a las demandas de las empresas como único criterio. Como ocurría con el LMS, muchas de estas acreditaciones han sido promovidas desde las propias empresas, que ya no quieren esperar a que el sistema educativo les ofrezca trabajadores y líderes plenamente formados, sino que desean ser quienes decidan qué deben aprender, cómo y cuándo. ¿Adaptarse o morir? Pronto, el mundo académico se enfrentará a una de sus grandes revoluciones, en la cual las carreras y doctorados, tal y como los hemos conocido, pueden convertirse en parte residual de la oferta educativa.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios