MÉDICOS ESTRELLA Y MALA PRAXIS

El peligro sanitario ante el que estamos indefensos: el escándalo del Karolinska

En enero un documental sacó a la luz la repetida mala praxis del profesor Paolo Macchiarini, un caso que se ha llevado por delante a los dirigentes del Instituto Karolinska

Foto: Paolo Macchiarini, durante una conferencia en Florencia explicando sus operaciones de tráquea. (Efe/Carlo Ferraro)
Paolo Macchiarini, durante una conferencia en Florencia explicando sus operaciones de tráquea. (Efe/Carlo Ferraro)

En los últimos meses, el hospital universitario Karolinska, uno de los más reputados no solo de Suecia, sino de todo el mundo, se ha visto envuelto en un escándalo que sin duda afectará para siempre a su imagen pública. La decisión de contratar en 2010 al profesor Paolo Macchiarini ha resultado tan dañina que ha obligado al Ministerio de Educación a tomar cartas en el asunto y a cesar a toda la junta directiva del Instituto debido a las irregularidades en la contratación de Macchiarini, un cirujano al que se le atribuyen tres muertes de pacientes y seis actos de mala praxis.

Según señalaba el informe 'Karolinska institute and the Macchiarini case', el médico había actuado con mala praxis en varios de los transplantes de tráquea que realizó durante su paso por el Karolinska como profesor visitante. De las tres operaciones que el médico italiano realizó con células madre en 2011, dos pacientes murieron y el tercero desarrolló problemas que le obligaron a recibir tratamiento hospitalario continuo. Otra joven transplantada en Rusia murió después de la operación.

Si algo así ocurre en una de las mejores universidades del mundo, según 'Times Higher Education', ¿qué no pasará en otros centros?

El caso pone de manifiesto las múltiples irregularidades que se cometieron en la contratación de Macchiarini en 2010 y en su posterior renovación en 2013. A pesar de que el instituto tenía referencias negativas del profesor, “incluyendo información que señalaba que Macchiarini había sido apartado de su puesto en Italia, que había dudas a propósito de sus investigaciones y que su currículo contenía mentiras”, ello no detuvo al vicerrector del instituto, Anders Hamsten, de contratarle.

La pregunta es obvia: si un centro como el Instituto Karolisnka (que figura en el puesto 28 de las mejores universidades del mundo según 'Times Higher Education') ha permitido que se contratase a un embaucaudor profesional cuya ausencia de ética profesional ha quedado demostrada, ¿qué no ocurrirá en otros centros de menor categoría? ¿Especialmente teniendo en cuenta que dos de sus directores, Hamsten y Harriet Wallberg, también forman parte del panel de jueces que deciden cada año el Premio Nobel?

¿Por qué contratar a alguien así?

Si la junta directiva disponía de informes negativos sobre Macchiriani, ¿por qué arriesgarse a contratar a alguien a quien este mismo año la revista 'Vanity Fair' dedicó un artículo en el que le llamaba “el famoso cirujano que utilizó el amor, el dinero y al Papa para engañar a una productora de noticias de la 'BBC'? La respuesta es que, probablemente, este cirujano estrella garantizaba al instituto aparecer en todos los medios de comunicación mundiales y, de paso, que los responsables de su contratación pudiesen colgarse una medalla.

El vicerrector jugó un papel activo y mantuvo contacto con Macchiarini durante el proceso de contratación de una manera que violaba la reglamentación

Es lo que ocurrió en 2011, cuando, como recuerda un reportaje publicado en 'THE', su primera intervención en el Karolinska “produjo noticias en todo el mundo”. Se trataba del primer trasplante de órgano sintético, en el que una tráquea fue sustituida por un tubo de plástico elaborado con células madre. En la 'BBC', una noticia rezaba “cirujanos llevan a cabo el primer trasplante de tráquea sintética”. En 'Technology Review', que “el primer trasplante de órganos sintético salva a un paciente de cáncer”. Como ocurre a menudo, muchos medios de comunicación se hicieron eco de la operación, pero no de su resultado posterior que, como hemos señalado, dejó dos muertos y un paciente con necesidad de cuidados crónicos.

El escándalo fue destapado en enero de este año por un documental sueco llamado 'Experimenten' (“El experimento”), que desvelaba las continuas malas praxis de Paolo Macchiarini, que también ha pasado por el hospital Clínic de Barcelona. El informe publicado ocho meses después acusa al instituto de haber mantenido una actitud despreocupada hacia la reglamentación que debía haber contemplado a la hora de seleccionar a su personal. No solo hay mucha información de la que no existe constancia por escrito, sino que sus decisiones administrativas no estaban debidamente justificadas.

La entrada del hospital Karolinska. (Reuters)
La entrada del hospital Karolinska. (Reuters)

Según señala el informe, “su contratación fue iniciada por el entonces vicerrector del KI en el otoño de 2009. El vicerrector jugó un papel activo y mantuvo contacto personal con Macchiarini durante el proceso de contratación de una manera que constituía una violación de la delegación de la autoridad y creó confusión sobre quién tenía la responsabilidad”. Las autoridades del Karolinska han intentado salvarse recordando que se trata de una mala práctica puntual que no tiene nada que ver con el funcionamiento global de la organización.

Cuando el sistema permite el error

Sin embargo, lo que el informe y el posterior relevo de la junta directiva del Instituto sugieren es que, más allá de un episodio puntual, el sistema de regulación no funciona (o no conviene que funcione). De lo contrario, no se habría permitido que un médico de reputación dudosa hubiese operado en el Karolinska, especialmente teniendo en cuenta que en 2013 fue renovado sin ninguna evaluación de sus actividades”. El informe añade que “la circunstancia puede explicar pero no excusar los fallos a la hora de manejar el proceso de contratación”. No se trata tanto de que el Instituto estuviese equivocado con Macchiarini, sino que debería haber realizado todas las comprobaciones necesarias antes de dar luz verde a su contratación.

El Karolinska utilizó a menudo las operaciones para promocionarse, conscientes de la poderosa carta de presentación mediática que suponía

Tanto más cuando, como señala el informe, el Instituto tiene la responsabilidad en las operaciones que se llevaron a cabo en sus quirófanos. Aquí es donde se encuentra la clave del escándalo: el Karolinska utilizó a menudo las operaciones para promocionarse, conscientes de la poderosa carta de presentación mediática que suponía y que también les permitía para justificar sus inversiones económicas. El informe señala que “por ejemplo, las operaciones han sido consideradas como éxitos de investigación en las evaluaciones del KI sobre el uso de su financiación”.

Cada uno de los seis casos de mala praxis científica de Macchiarini fue tratado de forma diferente. En algunos no se hizo nada, otros se trasladaron al Comité Ético del Instituto, y a veces se contó con un investigador externo. Sin embargo, una vez más, el informe señala que se cometieron irregularidades a la hora de tratar estos episodios. En uno de ellos, se tardó seis meses en notificar al médico desde que la queja fue entregada.

El profesor Anders Hamsten (a la derecha) acompaña a la reina Silvia de Suecia, al presidente indio Pranab Mukherjee y al rey Carl Gustaf durante una visita al Instituto Nobel. (Reuters)
El profesor Anders Hamsten (a la derecha) acompaña a la reina Silvia de Suecia, al presidente indio Pranab Mukherjee y al rey Carl Gustaf durante una visita al Instituto Nobel. (Reuters)

Como ocurre cada vez que ocurre algo así las autoridades han solicitado la revisión de las herramientas de supervisión para evitar que vuelva a ocurrir algo semejante. Si algo demuestra este caso es que el abuso de poder individual a la hora de promover la contratación de alguien de dudosa reputación de manera unilateral se ha visto respaldada por la ausencia de mecanismos que lo evitasen y, sobre todo, por la inacción de una junta que probablemente veía en Macchiarini la mejor forma de sumarse un tanto. La misma que, en parte, elige a los próximos Premios Nobel

Extrapolado al resto del mundo sanitario, es una advertencia ante los mecanismos de contratación de hospitales y centros de salud en los cuales los intereses particulares de sus dirigentes pueden imponerse a los de los pacientes.

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