LOS RIESGOS DE LA AUTODIAGNOSIS

No, tener un trastorno no te hace mejor: la última y peligrosa moda entre los famosos

Cada vez es más habitual que, de forma informal, alguien asegure que tiene "un poco de TOC". Sin embargo, es una afirmación realizada a la ligera que perjudica a las personas con problemas de verdad

Foto: Megan Fox sufre un trastorno-obsesivo compulsivo que se ha visto aliviado por el nacimiento de su hijo, pero otras celebridades afirman tenerlo sin haber sido diagnosticados. (Reuters/Hannibal)
Megan Fox sufre un trastorno-obsesivo compulsivo que se ha visto aliviado por el nacimiento de su hijo, pero otras celebridades afirman tenerlo sin haber sido diagnosticados. (Reuters/Hannibal)

El trastorno obsesivo-compulsivo es un problema de ansiedad que provoca pensamientos repetidos y perturbadores que obligan al que los sufre a repetir rituales y comportamientos que le ayudan a calmar dicha sensación. En muchos casos, estos llegan a interferir con la vida cotidiana, debido a que escapan al control de los que los realizan. La mayor parte de comportamientos compulsivos tienen que ver con la limpieza y los gérmenes o con la seguridad del hogar, de lavarse las manos una y otra vez a cerciorarse hasta cinco veces que la puerta de casa está cerrada con llave.

Películas como 'Mejor imposible' de James L. Brooks, en la que Jack Nicholson interpretaba a un escritor de novelas románticas que padecía un trastorno obsesivo-compulsivo, han contribuido durante las últimas décadas a dar a conocer dicho problema. También que muchos famosos, como Megan Fox o Daniel Radcliffe, que ha dado vida a Harry Potter, hayan reconocido en público que han sido diagnosticados con TOC, ha contribuido a acabar con el estigma asociado a este trastorno. Sin embargo, como alerta un reciente artículo publicado en 'The Daily Mail', hay varios riesgos asociados a que cada vez más famosos digan que sufren ese problema, aunque no sea verdad: que se banalice el término, que empiece a asociarse a características positivas como el estatus, la genialidad o el perfeccionismo, y que abunden los autodiagnósticos.

Serena Williams llegó a confesar que tenía TOC, pero que eso no era necesariamente malo porque hacía que fuese muy perfeccionista

En realidad, como señala el DSM-V, el manual psiquiátrico de referencia, su prevalencia no es superior al 3% de la población mundial. Y, sin embargo, cada vez más celebridades aseguran que, aun sin haber acudido a un especialista, sufren este trastorno. Es el caso, por ejemplo, de Serena Williams, que en una entrevista decía que era “muy perfeccionista” y que estaba “obsesionada con sus uñas”, por lo que aseguraba sufrir “un pequeño caso de TOC”, eso sí, “absolutamente autodiagnosticado”. Por si no era suficiente, la tenista consideraba que “es bueno tenerlo”. Unas declaraciones que reúnen las peores actitudes sobre este trastorno.

Como explica el psicoterapeuta Luis Muiño, “hay enfermedades que tienen connotaciones, como explicaba Susan Sontag en 'La enfermedad y sus metáforas'”. Pone el ejemplo de la tuberculosis durante el romanticismo, el alcoholismo en ciertos círculos literarios o la hipocondría, asociada gracias a Woody Allen con cierta genialidad. “Quizá ocurre ahora con el TOC, que puede asociarse con la autoexigencia”, añade. Sin embargo, no hay ninguna razón para pensar que existe esa asociación, por mucho que personas como Williams la creen. Además, el psicólogo advierte que estos prejuicios “ponen obstáculos en la lucha contra la enfermedad. Lo que quiere la gente que sufre un TOC es cambiar su situación”.

La línea que separa al maniático del enfermo

El problema, con la mayor parte de casos, es que resulta muy difícil saber quién sufre de verdad un trastorno y quién, simplemente, se lo está inventando de manera irresponsable. La única manera de saberlo es, de hecho, descubriendo si están diagnosticados. Es el caso, por ejemplo, de Megan Fox, que ha reconocido que tiene “una enfermedad” que impide que pueda utilizar un cubierto en un restaurante. O el de Radcliffe, que fue diagnosticado a los cinco años de edad y en repetidas ocasiones ha pedido a aquellos que la sufran que acudan a terapia. En su caso, el joven actor se veía obligado a repetir todas las frases que había pronunciado en voz baja. También Charlize Theron, que ha desvelado que debe medicarse para evitar la ansiedad que siente ante las imágenes de armarios desordenados que la acosan, algo que sufre desde que presenció el asesinato de su padre a manos de su madre.

Daniel Radcliffe fue diagnosticado a los cinco años. (GTres)
Daniel Radcliffe fue diagnosticado a los cinco años. (GTres)

En el otro lado del espectro se encuentran celebridades como Donald Trump o Jennifer Aniston. El candidato republicano aseguraba en una entrevista que nunca le daba la mano a un profesor porque “hay 17.0000 gérmenes por pulgada cuadrada en sus escritorios”. Además, evita darle a los botones del ascensor y se lava las manos continuamente; en su caso, desconocemos si ha sido debidamente diagnosticado o simplemente se trata de una expresión más de su clasismo. De Aniston, por su parte, se dice que obliga a sus invitados a utilizar un retrete diferente. Su caso muestra no tanto los problemas de la autodiagnosis como el estigma que se sigue asociando con el trastorno: su exnovio John Mayer explicó que la había dejado porque no podía aguantar sus manías.

No son los únicos. Leonardo di Caprio reconoce que de pequeño caminaba por la calle pisando las grietas del suelo o los chicles de la acera, lo que provocaba que tardase mucho tiempo en llegar a su destino; Cameron Diaz no toca nunca un picaporte para abrir una puerta; David Beckham, que fue uno de los primeros en atreverse a hablar de dicha condición, necesita ver todas las latas de Coca-Cola alineadas. Pero ¿qué distinguen estos comportamientos de un verdadero TOC?

La gente que es tratada en terapia lo hace porque sufre, porque tienen comportamientos, rituales y obsesiones que están limitando su vida

Como explica Muiño, “el diagnóstico en psicología depende del sufrimiento del paciente”. En realidad, añade, todos podemos adoptar en un momento u otro el comportamiento de alguien que sufre TOC, o de un anoréxico o de un alcohólico: “Cuando esto se convierte en consistente, te está causando sufrimiento y quieres cambiarlo, es cuando un psicólogo empieza a tratarte con un diagnóstico”. Utilizar una palabra como TOC para nombrar dicho comportamiento es una manera muy útil de enfrentarse a él, puesto que permite identificarlo. “La gente que trato sufre, porque tienen comportamientos, rituales y obsesiones que están limitando su vida”, recuerda. Desde luego, ninguno de ellos consideraría que su trastorno es una ventaja.

En el reportaje publicado en 'The Daily Mail' muchos comentaristas, de hecho, explicaban lo mal que se sentían al oír a estas celebridades hablar de su situación tan a la ligera. “Mi madre tenía un TOC grave y afectaba a todos los aspectos de su vida”, escribe uno. “Me vuelve loco que las chicas digan en el trabajo 'tengo un poco de TOC'. No, no lo tienes”. Otro paciente explicaba que el trastorno “había acabado con toda la felicidad” y que “esta gente puede tener algunos síntomas de TOC, pero deberían vivir en mi cabeza para experimentar el miedo de verdad”. Así que reflexionemos antes de utilizar a la ligera términos como TOC para describir lo que no son más que simples manías que no tienen nada de glamouroso.

Alma, Corazón, Vida

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