DEJA DE PROCrASTINAR

Tres hábitos a evitar si quieres conseguir que tus deseos se cumplan

Ser muy entusiasta y motivado no es malo, pero puede acabar siéndolo si queremos hacerlo todo y no llegamos. Entonces aparece el estrés y la ansiedad

Foto: Si no priorizamos, acabaremos volviéndonos locos. (iStock)
Si no priorizamos, acabaremos volviéndonos locos. (iStock)

Las personas exitosas suelen ser muy activas: están siempre ocupadas y logran atender todas sus (múltiples) obligaciones. Pero, contrariamente a lo que podamos pensar, no suelen vivir agobiadas, pues de lo contrario habrían acabado quemados antes de tiempo: algo muy habitual entre los jóvenes sobradamente preparados que acaban trabajando en una consultoría 12 horas del día, sin apenas ver la luz del sol.

Ser muy entusiasta y motivado no es malo, pero puede acabar siéndolo si queremos hacerlo todo y, sencillamente, no llegamos. Es entonces cuando aparecen los problemas, el estrés y, como guinda, la ansiedad.

Según explica la doctora Melanie Greenberg en su blog de Psychology Today, la gente ambiciosa suele incurrir en tres hábitos, aparentemente positivos, que acaban convirtiéndose en su peor pesadilla. Se trata de estrategias contraproducentes, pues no sirven para alcanzar nuestros verdaderos objetivos vitales, pero hacen que nos preocupemos por muchas cosas que no son realmente importantes.

1. Realizar muchas tareas de forma automática

Cuando estamos haciendo cosas nos sentimos productivos, pero a veces es importante pararse a pensar si aquello que realizamos es realmente importante. Trabajar duro no es lo mismo que trabajar bien. Todos tenemos el típico compañero de trabajo que llega el primero, se va el último y parece ocupadísimo, pero produce menos y peor que otras personas que llegan y se van a su hora.

Al priorizar las tareas automáticas lo más probable es que acabemos aplazando sine die las tareas más ambiguas

Todos tenemos millones de cosas que hacer en nuestro día, tanto en la vida laboral como en la personal. Priorizar lo realmente importante es fundamental para alcanzar nuestros objetivos y, además, vivir una vida tranquila y feliz. El empresario e influyente hombre de negocios estadounidense Warren Buffett lo tenía muy claro: “La diferencia entre la gente exitosa y la gente muy exitosa es que la gente muy exitosa dice que ‘no’ a prácticamente todo”.

Si pensamos todo el rato en hacer las cosas “que tenemos que hacer”, tendremos nuestro despacho ordenado, nuestra bandeja de entrada reluciente y nuestra ropa planchada, pero no habremos logrado hacer nada verdaderamente importante. Al priorizar las tareas automáticas lo más probable es que acabemos aplazando sine die las tareas más ambiguas, que requieren más tiempo.

Cómo acabar con este hábito

Hay muchas formas de organizar las tareas de forma eficaz, pero si en algo coinciden todos los expertos en organización empresarial es que debemos aprender a separar aquello que es verdaderamente importante, de lo que no lo es, dejando espacio en nuestro día a día, además, para proyectos a largo plazo que requieren mucho tiempo y su consecución nunca es inmediata. Si haces las cosas más difíciles primero y dejas el final de la jornada para las cosas más mundanas, aprovecharás mucho mejor el tiempo y estarás más relajado.

2. Ser perfeccionista

El perfeccionismo mal entendido (y solemos entenderlo mal) es la antesala de numerosos problemas psicológicos que van de la anorexia al trastorno obsesivo-compulsivo. Todos tenemos la tendencia de criticarnos a nosotros mismos para mejorar, y esto no tiene por qué ser malo, pero si nos machacamos demasiado acabaremos actuando de forma impulsiva, sin tener en cuenta las múltiples opciones con las que contamos en todo momento. Esto nos llevará a hacer las cosas aún peor, pero además, a estar enfadados.

Las personas muy perfeccionistas son también las que más tienden a la procrastinación, pues no se atreven a hacer muchas cosas por temor a hacerlas mal. La única forma de evitar ser imperfecto es no hacer nada.

Cómo acabar con este hábito

El antídoto frente al perfeccionismo es la autocompasión o, dicho en cristiano, “poner los píes en el suelo”. Ser realista no significa poner excusas para no hacer una cosa u otra, significa saber dónde está nuestro límite y relativizar la importancia de cada tarea. Somos humanos y no podemos hacerlo todo bien. Hay muchas razones por las que las cosas no salen como queremos: quizás los objetivos no eran realistas, quizás no contábamos con la experiencia necesaria o quizás no lo hiciste en el momento adecuado. Lo importante es aprender de los errores para mejorar, no castigarnos pensando lo paquetes que somos.

3. Querer hacer demasiadas cosas

Según Greenberg, este es un problema que afecta especialmente a las mujeres, a las que se les exige cumplir con determinadas tareas domésticas, además de las laborales. Pero muchos hombres tampoco se libran. Las horas del día son limitadas y es imposible que cuidemos a nuestros hijos, trabajemos, limpiemos la casa y, encima, estemos apuntados al gimnasio y a una escuela de baile. Y no es precisamente esto último lo que tenemos que abandonar.

Cuando dices ‘sí’ a otras personas, asegúrate de que no estás diciéndote ‘no’ a ti mismo

Todos necesitamos tener espacios para nosotros mismos. Si nos pasamos el día realizando tareas para cuidar a otros a las que vamos casi obligados acabaremos exhaustos, estresados y enfadados. Las investigaciones muestran que ser un miembro activo en la sociedad tiene un importante impacto en la salud y la felicidad, pero tenemos que ser realistas respecto a nuestros horarios y expectativas.

Cómo acabar con este hábito

Desde luego, si vivimos en pareja, tenemos que asegurarnos de que las tareas se están repartiendo correctamente, pero además, tenemos que aprender a renunciar a ciertas actividades si es necesario.

Greenberg es clara al respecto: “Cuando dices ‘sí’ a otras personas, asegúrate de que no estás diciéndote ‘no’ a ti mismo”. Cuando aceptamos un compromiso estamos atados a él, así que es mejor no responsabilizarse de nada para lo que no nos veamos capaces. La clave, como en los tres hábitos de los que hablamos, es aprender a priorizar. De todo lo que haces, ¿qué es lo que más te llena y más te ayuda a alcanzar tus objetivos vitales?

Alma, Corazón, Vida
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