LA INTELIGENTE DENUNCIA DEL ACOSO DE STOYA

Una estrella porno cuenta qué hacen los hombres cuando la ven por la calle

Cada vez más mujeres se lanzan a explicar los casos de acoso cotidiano que sufren. Una de las respuestas más agudas (y divertidas) ha venido de parte de la actriz porno de origen serbio Stoya

Foto: Stoya, una de las actrices eróticas más populares del momento, en Exxxotica Expo2012. (Corbis/John Ricard)
Stoya, una de las actrices eróticas más populares del momento, en Exxxotica Expo2012. (Corbis/John Ricard)

Pasan los años, la ciencia evoluciona, la sociedad se desarrolla, la economía crece, y aun así, el viejo y desagradable piropo masculino sigue oyéndose continuamente en las calles de todo el mundo. Por ejemplo, ese “¡guapa!” parco y nauseabundo, o el “¿por qué estás tan seria?” que intenta forzar una respuesta por parte de la viandante, cuando no alguna fórmula supuestamente ingeniosa como “que no me entere que ese culito pasa hambre” (¿alguien sigue diciendo esto?).

De vez en cuando descubrimos alguno de esos experimentos sociales en forma de vídeo viral que nos recuerdan que, efectivamente, las mujeres llegan a ser objeto de decenas de comentarios no solicitados en un simple paseo por una gran ciudad. “Esto sólo sorprenderá a los hombres”, señalaba el vídeo realizado por Hollaback que mostraba a una joven paseando por Nueva York. Pero ¿qué ocurre cuando la víctima es una estrella porno? Pues que lo que pasa en las calles puede llegar a ser mucho más denigrante que lo que sucede en el mundillo del cine pornográfico.

Los fans del porno, que me han visto con una polla en la boca y que pueden comprar una réplica de mi vagina, me tratan con más respeto que por la calle

Una de las denuncias mejor articuladas fue publicada por la célebre actriz porno de origen serbio Stoya en su página web, y reproducida por otros medios como 'Jezebel'. En él, la joven de 29 años explicaba cómo no había convención pornográfica en la que no hubiese al menos tres hombres que intentasen propasarse con ella. Uno de ellos consiguió introducir sus dedos en su vagina, por encima de sus pantys; otro acarició su trasero mientras estaban haciéndose una foto; el último la agarró del brazo, lo que hizo que recibiese una respuesta en forma de patada en los testículos.

“Lo que acabo de escribir no es nada, NADA, comparado con ser una chica o una mujer caminando en público a plena luz del sol”, explica la actriz. “Incluso con el pelo sucio recogido en una coleta o un moño, sin maquillaje, y con ropas amplias. Con los cascos puestos, sentada en una cafetería o en el metro con la nariz metida en un libro, o hablando por el teléfono”. Stoya recuerda que las mujeres aguantan continuamente casos de acoso, y que el hecho de ser una actriz porno no la hace necesariamente más proclive a ello… Ni mucho menos justifica que alguien se propase con ella, como pueden comprobar los infelices que se atrevan.

 

Stoya publicó su artículo en 2012, después de que un montón de mujeres publicasen, a través de la red, sus propias experiencias de acoso cotidiano, algo que ocurre cada pocos meses bajo 'hashtags' como #NotJustHello. La actriz explica que ha sido perseguida por la calle, que han tirado del cable de sus auriculares para quitárselos y que les hiciese caso, que la han agarrado de muy distintas partes de su cuerpo o de su aro de hula hula, además de arrinconarla en “vagones del metro casi vacíos”. Esta les sonará por haberlo sufrido, perpetrado o presenciado: “Paraban sus coches en la mitad del paso de cebra para mirarme y gritar cosas por la ventanilla”.

Uno podría pensar, dadas las cualidades del trabajo de la joven contratada por Digital Playground, que se encuentra más preparada para afrontar esa clase de abuso. Pues no: ella misma recuerda que los comentarios lascivos empezaron antes de cumplir los 18. La siguiente frase es impagable: “Déjame recordarte que en una habitación llena de fans de la pornografía, que de hecho me han visto con una polla en mi boca y que pueden comprar una réplica de mi vagina, soy tratada con mucho más respeto que cuando camino por la calle”. Una aseveración que no solo saca los colores del hombre común, sino que desmitifica la imagen del supuesto pornógrafo sádico.

Los hombres deberían empezar a decir, por ejemplo, 'oye, eso de ponerle el pene en la cara a una desconocida borracha no está nada bien'

Lo peculiar del testimonio de Stoya es que, al parecer, son los anónimos transeúntes y conductores los que se comportan como muchos creen que lo hacen los aficionados al porno: “Dicen que tengo un bonito culo, buenas tetas, un vestido bonito. Dicen que soy su futura esposa, o que estaría guapa con su polla en mi boca”. Son sólo los primeros elementos de una larga lista que va de preguntar por qué su novio la deja caminar sola por la calle a intentar fotografiar su escote. Y, cuando no reciben la respuesta esperada, sacan a relucir “el canto de puta-zorra-perra-guarra”. “Dejadme deciros que todas las mujeres que conozco tienen al menos una historia verdaderamente terrorífica de acoso callejero y una gran cantidad de otros relatos insultantes o molestos”, concluye.

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