GUÍA PARA VIVIR EN EL SIGLO XXI

Así es tu vida (por desgracia), explicada en 10 certeros gráficos

Charles Hutton, un arquitecto londinense de 31 años con barba y cuenta de Instagram (es decir, un hipster), ha resumido mejor que nadie los usos y costumbres de los urbanitas contemporáneos

Foto: La crisis de los 30, en un gráfico. (@instachaaz)
La crisis de los 30, en un gráfico. (@instachaaz)

El efecto humorístico puede conseguirse de muy distintas maneras. A todos nos gusta ver a alguien resbalarse con una piel de plátano y pegarse el hostión de su vida, pero sobre todo, y como bien saben los monologuistas que han asolado España en los últimos años, nos gusta sentirnos reconocidos en los chistes de los demás.

De ahí que cada vez sea más frecuente que los humoristas más exitosos sean aquellos capaces de identificar un aspecto de nuestras vidas diarias sobre el que hemos reflexionado íntimamente pero que nunca se nos habría ocurrido comentar en público y convertirlo en material cómico. De la Moderna de Pueblo a Miguel Noguera (salvando la distancia), muchos humoristas españoles han convertido ello en la clave de su estilo.

Según nos hacemos mayores, la línea que identifica el “salir de fiesta“ con “¡suena genial“ decrece y nos empieza a gustar “levantarnos pronto para ir al súper“

Pero pocos hay que acierten tan a menudo como Charles Hutton, un arquitecto londinense de 31 años que en su cuenta de Instagram (@instachaaz) ha publicado unas cuantas decenas de gráficos dibujados en post-it que resumen la vida cotidiana de un urbanita, del trabajo al ocio pasando por las relaciones personales y amorosas. Se trata de un recurso humorístico habitual en redes como Twitter o Instagram y basado en la parodia de los cada vez más utilizados gráficos, pero que pocos han explotado como Hutton.

Un buen ejemplo es la imagen que abre este artículo y que refleja bien cómo cambian las prioridades del adulto a medida que pasa el tiempo. Es decir, según nos hacemos mayores, la línea que identifica el “salir de fiesta” con “¡suena genial” empieza a decrecer mientras que la que une “levantarse pronto y descansado para ir al mercado” y “debes estar de coña” comienza a decrecer poco a poco, especialmente una vez se superan los 30 años. ¿Qué treintañero no se sentiría identificado con ello?

Los viernes, explicados por Einstein

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Llega la una del mediodía y la hora de salida se ve muy cerca, ¿verdad? ¡Hurra! Sin embargo, a medida que pasa la tarde, y como bien muestra este esquema, la hora de salida y esa cerveza o copa de vino que nos espera en el bar empieza a parecer cada vez más lejana… Hasta que a las cinco de la tarde parece que aún falta una eternidad para terminar la semana. Efectivamente, Einstein tenía razón: el tiempo es relativo, sobre todo si queremos irnos a casa ya.

Beber entre semana

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La vida cambia mucho, sobre todo de lunes a viernes, como resume este gráfico que refleja bien los dos grandes ciclos de la semana laboral. El primero, de lunes a miércoles, cuando a cada minuto que pasa nos parece cada vez mejor la idea de salir a tomar una copa. El segundo comienza el jueves por la mañana, después de que el miércoles noche hayamos cumplido nuestro sueño de salir a tomar algo y nos veamos obligados a arrastrarnos los dos días de semana que quedan. No te preocupes: para el fin de semana nos volverá a empezar a parecer una gran idea. El eterno retorno nietzscheano.

Pedir en un restaurante

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La existencia es un duro cúmulo de elecciones que determinan nuestro futuro a cada paso que damos, sobre todo si vivimos en una sociedad de consumo o si vamos a comer a un restaurante en el que hay más de dos platos del día. Este gráfico muestra cómo, a medida que pasa el tiempo y el camarero se acerca a nuestra mesa, nuestras certezas sobre lo que queremos empiezan a desvanecerse, hasta que terminamos por no tener ni idea y, probablemente seleccionando lo peor de la carta.

Orientándote en la gran ciudad

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El proceso habitual es conocido: nos perdemos o buscamos un lugar al que no hemos acudido nunca, preguntamos a un paisano, nos da unas instrucciones detalladas relativamente sencillas, las comprendemos perfectamente, las memorizamos, arrancamos prestos a llegar a nuestro destino… y después de girar por primera vez nos olvidamos del resto de indicaciones. Ahí está la memoria a corto plazo jugándonos malas pasadas, como muestran estos dos mapas. La duda conduce al pánico, el pánico a la incertidumbre, la incertidumbre al… “¿dónde diablos se encuentra esa torre de agua?”

En el museo

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El principio de incertidumbre de Heisenberg aplicado a las ciencias sociales sugiere que el mero acto de observar modifica lo observado. Este es un buen ejemplo. Si vamos al museo y no hay nadie, es altamente probable que busquemos el cuadro de un desnudo, nos hagamos un 'selfie' y lo subamos a Instagram con el hashtag #SoCultured. Si de repente entra alguien en la sala, probablemente nos daremos la vuelta para mirar un cuadro fijamente durante cinco minutos mientras nos frotamos la barbilla y murmuramos “maravilloso”… Desde luego, la belleza se encuentra en el ojo del que la mira.

Encontrar a un amigo en un concierto

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Aunque también sirve para cualquier otra aglomeración de gente como las fiestas del pueblo, un partido de fútbol o una manifestación antitaurina. Optimistas, pensamos que nuestro amigo de repente medirá dos metros y será el único con un brazo alzado. La realidad es muy diferente, y tristemente nuestro amigo estará agitando sin emoción su bracito entre una masa indiferenciada de gente.

“Soy DJ”

"Dude, this B side is too obscure for Spotify... but it'll be on YouTube for sure"

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¿Se han dado cuenta de que todos nos hemos convertido en DJ? Cuando uno dice que “pincha”, la gente tiende a imaginarte con los auriculares Beats puestos haciendo 'scratch' con dos platos de vinilo. La realidad, como bien recoge el dibujo de Hutton, es que probablemente lo único que hayamos hecho sea buscar los éxitos de nuestra infancia en un vídeo de mala calidad de YouTube.

Cómo molar en una fiesta

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¡Uh! ¡Fiesta! ¡Qué horror! Seamos sinceros: si no conoces a mucha gente en ella, lo más probable es que se convierta en un compromiso terrorífico. Así que si no nos vemos “hablando en un grupo de gente”, o no hay nadie con quien podamos alternar, o ni siquiera haya ningún conocido al que aferrarnos, sólo nos queda una opción: “Que le den, limítate a fingir que estás mirando algo interesante en tu teléfono”.

El día después

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Si el dinero es relativo, también lo es el dinero que tenemos en nuestra cartera, ese que parece abundar a medida que pasa la noche (y el alcohol recorre nuestras venas) y que de repente, a la mañana siguiente, parece haberse desvanecido como por arte de magia. Hay otra variable que entra en juego: los remordimientos de después de la fiesta. Ale, ya estás listo para empezar otra nueva semana de postureo, excesos, ansiedad y arrepentimiento, los Cuatro Jinetes del Apocalipsis de la modernez.  

Alma, Corazón, Vida

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