DEL ‘COOLTURETA’ A LA MARILIENDRE

Una moderna de pueblo detalla cómo son los modernillos de ciudad o 'hipsters'

“Al final somos los que más iguales vamos y los que tenemos comportamientos más parecidos”. La autora de Moderna de Pueblo reflexiona sobre lo 'hipster'

Foto: Raquel Córcoles es la creadora de Moderna de Pueblo, un cómic por y para 'hipsters' y todo un ejercicio de antropología urbana. (Efe/Marta Pérez)
Raquel Córcoles es la creadora de Moderna de Pueblo, un cómic por y para 'hipsters' y todo un ejercicio de antropología urbana. (Efe/Marta Pérez)

“Debemos parecer a los demás muy ridículos, porque al final somos los que más iguales vamos y los que mantenemos unos comportamientos más parecidos. Aunque queremos lucir nuestra gran personalidad, desde fuera parece que somos los que menos tenemos”. Con esas palabras describe a El Confidencial Raquel Córcoles –más conocida como Moderna de Pueblo– la idiosincrasia del moderno. En su último trabajo, Cooltureta (Lumen), la dibujante ilustra, de mano del guionista Carlos Carrera, los avatares y peripecias del cultureta, ese joven aficionado al cine –underground–, la música –indie– y la literatura –que no podrías conseguir en ninguna biblioteca–.

Se trata de la misma persona a la que palabras como mainstream o hipster le parecen muy sobadas, al contrario que al 99% de la población española. Inspirado en él, pero también dirigido a él, el tebeo resume en una serie de perfiles los estereotipos más habituales sobre la fauna que se agolpa en el gastrobar de turno cada fin de semana. Señores y señoras, si su hijo afirma que Apichatpong Weerasethakul tiene resonancias del noir francés o que Loux the Vintage Guru es el último grito en Namibia, no es que esté interesándose por la antropología. Simplemente, se ha hecho moderno.

El cooltureta

Protagonista absoluto de la obra, el cooltureta diseña poco a poco su personalidad: en la adolescencia elige una camiseta de The Who antes que una de AC/DC, y poco a poco, sustituye a John Kennedy Toole por Fernando Pessoa y a Robbie Williams por Magnetic Fields. Un buen día, se muda a su nuevo hogar, donde se ve obligado a rechazar esa rémora que son sus antiguos amigos que sólo quieren jugar a la consola y beber cerveza. “Se trata de una persona que no sabemos bien por qué pero a los 14 años decide que quiere ser muy culto, y a partir de ahí empieza una aventura para conseguirlo. Es una juventud muy sacrificada, porque hay que leer muchísimo, ver todos los clásicos, ver las películas que tocan… Hasta por fin tener una opinión interesante de las cosas y poder hacer una crítica más o menos personal. No te permite cometer ni una falta de ortografía en Facebook”.

El barrio

Malasaña, Chueca o Lavapiés. El triángulo de las Bermudas de la modernidad madrileña, el lugar de toda España –si exceptuamos el barrio de Gràcia barcelonés– donde más camisas de cuadros se concentran por metro cuadrado, y de donde ya no sale el cooltureta más que para ir al Sonar o al Primavera Sound. Pero no siempre fue así: todos tenemos un pasado y los coolturetas vivieron en el campo, en el extrarradio o en la ciudad dormitorio de turno. “Cuando llegas ya tienes muy idealizado el barrio. La primera época que pasas vas mirando los balcones, la gente, todo te parece impresionante. Cuando llevas un año ya puedes ir de listillo e invitar a amigos al barrio y hacer como que tú estás acostumbrado a los balcones decorados con maniquíes, las pancartas reivindicativas... Ese ambiente te rodea y te hace pensar que vas a vivir una vida de película”.

De ahí que la modernez se agolpe en apenas unos metros cuadrados: “Sabes que hay gente que tiene idealizada la misma vida que tú y que tiene tus mismos gustos, y quieres conocerla. Al final sabes que si vas a la Filmo a ver una de Kiarostami no vas a ser el único. En realidad queremos estar en comunidad”.

La mariliendre

La empollona de la clase, que un buen día se da cuenta que todo aquello que en un pasado le había convertido en el objeto de burlas por parte de sus compañeros es lo mismo que ahora le sirve para brillar en los garitos de moda. “Sigue siendo bastante auténtica, a pesar de haberse reconvertido en moderna. Es una chica que quizá por el hecho de ser nerd se ha ido juntando con un montón de amigos gais que conoció en la universidad, lo que le ha llevado a moverse por otros entornos, ligar menos…” De ahí que caiga rendida por la verborrea del cooltureta y se convierta en su compañera inseparable; como la propia Córcoles reconoce, se trata del personaje con el que más se identifica.

El cultureta borracho

Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, especialmente los culturetas, que con unas copas de más sacan a relucir lo que les gusta: la pachanga comienza a atronar, es el momento de perrear (perdón, de hacer twerking) o de rememorar las viejas series de la infancia. “Es el punto más humano: yo soy igual que todos y me cabreo porque el otro se está ligando a mi chica, y también me gusta socializar y pasármelo a bien. Es verdad que les cuesta un poco. Salen de la película y te sueltan un rollo de todo lo malo durante media hora y luego cuando les preguntas si les ha gustado, dicen ‘sí’. Esa rigidez que tienen por ser tan cautos y no equivocarse se pierde cuando se dan al alcohol”.

El amigo torturado

Si al cultureta le gusta alardear todo lo que sabe y de todo lo que ha vivido porque es parte esencial de su personalidad, el amigo torturado labra su carisma ocultando su trágico pasado. ¿Fue una relación tormentosa lo que lo ha dejado así? ¿Un trauma infantil? ¿Quizá es que no tiene nada que decir? Lo que está claro es que resulta irremediablemente atractivo, tanto para ellos como para ellas. “Es esa clase de persona que quiere vivir su vida como si fuese un drama, dando muchísima importancia a los momentos malos como si hubiese sido lo que creó esa personalidad tan auto destructiva. Todos tenemos un amigo muy profundo que cree que todo en la vida tiene un por qué. Es como en la música un Nacho Vegas o en la literatura un Ray Loriga, alguien muy maldito a los ojos de una persona normal, muy introvertido, pero ¿quién quiere estar así de jodido toda la vida?” Al menos, así de jodido hasta que llega a casa, se quita las gafas de sol, se pone el chándal y, en la soledad de su salón de casa, sintoniza el fútbol.

El cultureta apareándose

El 99% de la población que desconoce lo que es un hipster probablemente piense que un ser humano que porta gafas de sol con montura de madera jamás generará ningún tipo de atracción en el sexo contrario. ¡Pero no es verdad! Existen otras muchachas con corte de pelo a lo garçon a las que, en un momento dado, pueden llegar a parecerle bien las camisas con motivos de palmeras o una digresión sobre la obsolescencia programada. “Si para ti esos valores son importantes, te van a servir para ligar con alguien para quien también lo sean. Quizá no en una discoteca con una chica que dirá ‘qué rollo me está soltando este tío’, pero sí para impresionar a gente que es como tú”.

La chica de la bici

Tan misteriosa como el amigo torturado y tan cultivada como la mariliendre… O al menos, eso parece. ¿La cualidad definitiva para convertirse en la chica de la bici? “Ser muy guapa, lo que te ha dado mucha seguridad para que todo el mundo te haga caso. Tú dices ‘me encanta Tarantino’ y el chico pone la imaginación: ‘es tan cinéfila, es tan culta’… Con lo estilosa que es no hace falta nada más, ya ponemos los demás el resto. Es la chica que juega a poner en las redes todo lo que lee. No tiene por qué coincidir contigo o ser lo que buscas, pero es de la que todos nos enamoramos”.

El cultureta de palo

Ser un cultureta no sólo es muy cansado, sino también caro. Especialmente, si uno se dedica a las artes plásticas o al videoarte. “Me lo planteo muchas veces cuando veo artistas que te cuentan su obra, la explican genial, han trabajado muchos años en eso… pero no sabes de qué viven. Luego hay gente que tan sólo pasa el rato y luego se inventa mil explicaciones sobre su obra”. Pero Córcoles distingue otro subgrupo: el del cultureta bohemio, que “ha dejado su trabajo, trabaja de camarero porque quiere vivir su vida en función de lo que le gusta, que es leer, y lleva otro estilo de vida sin necesidad de tener nada material”.

El cultureta redimido

Toda historia tiene su moraleja, y esta también: a veces, intentar ir de guay no es lo mejor para ser felices. Sin embargo, como recuerda Córcoles, “el culturetismo no se deja”. “Lo puedes dejar un poco, en plan ‘antes escuchaba más música’ o ‘antes leía más’. Pero hay un punto en el que puedes convivir con las dos facetas sin tener ningún problema. Un amigo mío dice ‘ni de broma piso el cine para ver Ocho apellidos vascos’. Nuestro protagonista diría ‘puedo ver perfectamente Nymphomaniac un día y otro Ocho apellidos vascos’. Es disfrutar de todas las posibilidades de la vida sin ningún prejuicio”.

Alma, Corazón, Vida
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