¿QUÉ PASA CUANDO NO PUEDES TUITEAR?

Esto es lo que ocurre cuando una veinteañera pasa una semana sin su 'smartphone'

La periodista Helena Horton tuvo que estar siete días alejada de su móvil por causas ajenas a su voluntad. Estos son los resultados de su experiencia

Foto: La periodista Helena Horton tuitea su artículo en 'The Telegraph'
La periodista Helena Horton tuitea su artículo en 'The Telegraph'

En un mundo en el que parece no existir la vida social más allá de la pantalla de un 'smartphone', imaginarse un día entero sin acceso a las más variopintas 'app' parece el más cruel de los castigos. Sin embargo, a pesar de la 'terrible' experiencia que esta 'soledad virtual' provocaría en muchos, Helena Horton quiso ponerse a prueba pasando nada menos que una semana lejos de su móvil. Esta veinteañera londinense ha querido contar cómo vivió siete días al margen de las nuevas tecnologías en un artículo publicado en 'The Telegraph', donde se confiesa “adicta al smartphone” y reconoce que se preocupó cuando se dio cuenta de que se había hecho más de 5.000 'selfies'.

La propia Helena –periodista de profesión– recuerda que no hacía caso a las 'regañinas' de sus familiares y amigos cuando, en conversaciones con ellos, la joven se distraía con el móvil o directamente no prestaba atención alguna a la charla. Según ella misma admite, su 'smartphone' era prácticamente una extensión de su brazo y lo usaba para todo: como despertador, cámara, mapa, espejo… Por eso se sintió tan “perdida” cuando se le rompió y se vio obligada a estar una semana alejada de él. 

 

Helena escribe que su primera jornada sin móvil fue bastante dura desde primera hora de la mañana, pues no pudo remolonear ni un poquito en la cama al tener que levantarse para apagar la alarma que había activado en su ordenador portátil. Apenada porque no podía hacerse un 'selfie' para compartir con sus amigos, Horton tampoco se alegró cuando se dio cuenta de que su viaje al trabajo no iba a ser demasiado entretenido: no podía reproducir su 'playlist' favorita y tuvo que contentarse con leer un libro. Además, casi se pasa de parada y no pudo tuitear tan 'importante' momento.

En la hora de la comida echaba mucho de menos su 'smartphone' al no poder entretenerse con nada entre bocado y bocado. “Me dio mucha rabia que todo el mundo en la cafetería estuviera con sus teléfonos”, reconoce. La 'mala suerte' parecía haber encontrado en la joven a su perfecta aliada y, de manera accidental, su mirada se cruzó con la de un antiguo compañero subiendo el rubor a sus mejillas –algo que no hubiera ocurrido si hubiera estado distraída chequeando su Instagram–.

Las horas pasaban y pronto comenzó una segunda jornada sin móvil. “Sin distracciones tecnológicas, los pasos de la gente suenan muy alto y constantemente establezco contacto visual sin querer con la gente”, escribe Helena, que añade: “Las escaleras mecánicas parecen ser interminables y los pasillos del Metro son como laberintos”. La joven, usuaria de transporte público, utilizó un tren para ir a ver a sus padres a las afueras de Londres y se sintió ansiosa por saber que no iba a poder avisar ni ser informada sobre si se producía algún retraso en la línea.

 

Su encuentro familiar fue sobre ruedas. “Dimos un paseo con nuestro perro en el campo y tuve que hablar con la gente en lugar de estar todo el rato actualizando la pantalla de Twitter”, recuerda. “Creo que mi nivel de atención está mejorando día a día”, notó durante tercera jornada en la que estuvo sin 'smartphone'. Sin embargo, no todo el mundo estaba tan contento con su experimento y al cuarto día sus amigos le pidieron que parara de hacerlo. “No he sabido de ti en años”, le dijo uno de sus allegados tan solo 96 horas después de haber dicho 'hasta luego' a su móvil.

 

Cosas tan habituales como hacer la lista de la compra recordaron a Helena que papeles y bolígrafos seguían siendo de utilidad en el siglo XXI. “Me gustaría saber si algo realmente sucede cuando no podemos documentarlo usando una app”, aseguró la joven después de haber hecho un riquísimo plato y no poder subir la foto a Instagram. Además, su vínculo con el mundo se hizo más estrecho, pues ya no podía utilizar la pantalla de su teléfono para hacerse la distraída y evitar conversar con la gente. 

Un día antes de terminar su 'martirio', la periodista reconoció sentirse como una “auténtica adulta que no necesitaba un pequeño aparato tecnológico para vivir”. La última jornada transcurrió sin ningún tipo de ansiedad por estar desconectada del mundo, aunque su vida social seguía mermada al no enterarse de los planes que se hacían a través de las redes sociales y de los cuales ella permanecía al margen. No todo había sido malo: “Mis niveles de atención y paciencia han crecido de manera notable”.

 

Conclusión: cuando Helena recuperó su móvil, se sintió aliviada. Al fin y al cabo, ella misma aseguró que echaba de menos Google Maps y hacerse 'selfies'. A pesar de todos los inconvenientes de su vida sin 'smartphone', la joven había aprendido a valorar la interacción cara a cara, vivir sin tanto estrés y mantener conversaciones con la gente. “La mitad de las charlas que hemos tenido no hubieran tenido lugar si hubieras tenido el teléfono”, le dijo su novio. “Intentaré alejarme del móvil hasta que sea realmente necesario”, concluye la veinteañera como resultado de su experiencia.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios