La dieta de la felicidad

"Este es el régimen con el que perdí 15 kilos, y no es en absoluto una dieta milagro"

Para la mayoría de nosotros comer es simplemente algo necesario y que nos gusta. Pero hay gente, mucha gente, que deposita en la comida buena cantidad de sus esperanzas para ser feliz

Foto: Está feliz. Normal, perder tanto peso sin apenas esfuerzo no es para menos. (iStock)
Está feliz. Normal, perder tanto peso sin apenas esfuerzo no es para menos. (iStock)

En un mundo en el que nos bombardean constantemente con la receta para ser feliz, como si fuera obligatorio serlo las 24 horas del día, en ¿Existe la felicidad? (Plaza Janés) Toño Fraguas desmonta con humor, ironía y la justa dosis de erudición los tópicos contemporáneos en torno al concepto de felicidad demostrando que el camino para alcanzarla, si es que existe, es en realidad personal e intransferible.

En este extracto del libro el autor recoge plantea los ingredientes necesarios para seguir la dieta de la felicidad y, en consecuencia, conseguir llevar una vida saludable llena de alegrías. O no.

La felicidad de comer

Yo he llorado de alegría comiendo. ¿Nunca habéis comido algo tan rico como para que se os salten las lágrimas? Yo, una vez. En Barcelona. Me zampé una dorada a la sal. Cuando le di el primer bocado me puse a llorar. No sé si fue la dorada, que estaba buenísima, o un poco de todo: la vista del mar desde la mesa, la compañía, el vinito blanco... Pero, claro, repetir esa experiencia a diario es muy difícil. Los tragones como yo somos afortunados porque, aunque no podamos repetir la experiencia de la dorada con facilidad, comer siempre nos supone un placer... y es el único placer que uno puede experimentar cinco veces al día: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena (y no, no os las deis de campeones sexuales, que no cuela).

Para la mayoría de nosotros comer es simplemente algo necesario y que nos gusta. Pero hay gente, mucha gente, que deposita en la comida buena cantidad de sus esperanzas para ser feliz: comer menos, comer más, comer sano, comer guarro, comer superalimentos, no comer según qué cosas... ¿Creéis que existe una dieta que puede traeros la felicidad? Pues hay quien dice que sí...

¿Qué sirvo en mi plato para ser feliz?

Habrá quien esté esperando ya un listado de alimentos mágicos y sus efectos. Pues, de momento, 'nasty de plasty'. Lo que está claro es que una buena alimentación mantiene nuestras defensas fuertes y en buen estado nuestra capacidad para memorizar o para concentrarnos. Nuestro estado de ánimo también se ve alterado por lo que comemos.

Hay alimentos que nos bajan la tensión, otros nos la suben, otros nos ponen nerviosos, otros hacen que nos queramos subir a un aparador (si hubierais probado un pimiento habanero, me entenderíais). También hablé, en el capítulo del running, de las endorfinas y de cómo el cacao y ciertas comidas picantes también las liberan. Y todo eso está muy bien. Pero hay gente enferma que dice que es feliz y gente sana que es infeliz. Y hay hipotensos felices. E incluso gente que nunca come cacao y que dice que es feliz. En la comida puede estar la clave para mejorar la autoestima (por ejemplo, perdiendo o ganando peso), pero no siempre mejorar la autoestima es bueno. Por ejemplo: esos pirados que toman todo el tiempo complementos proteínicos para hacer músculo seguro que tienen la autoestima genial cuando se miran las tabletas abdominales en el espejo, pero se están machacando el hígado. He conocido a mucha gente de esa que se apunta a la última dieta de moda. Gente que hace dietas como quien decide llevar ropa del color de la temporada: que si caldos purificadores, que si ayunos...

Los tragones como yo somos afortunados porque, aunque no podamos repetir la experiencia con facilidad, comer es un placer

Recuerdo que en algunos casos les fotocopiaba noticias que hablaban de los efectos perniciosos de la dieta que estaban haciendo y no querían ni oír hablar de ello. En concreto recuerdo un compañero de trabajo de unos cincuenta años y un poco gordito al que tuve que mirar a los ojos y articular muy lentamente: «La Asociación Española de Dietistas dice que la dieta Dukan es ineficaz y fraudulenta». Le dio igual. A la media hora seguía reclamando a una compañera que le pasara por email «la dieta esa». Es el tipo de persona, y son legión, que para indicar que algo es inocuo te dice que «es natural». Este argumento lo emplean miles de vendemotos de todo tipo de complementos alimenticios, dietas sustitutivas y demás vainas. «No se preocupe, nuestros productos son 100 % naturales.» VAMOS A VER: LA ESTRICNINA ES NATURAL Y MATA. (Sí, estoy gritando. El vecino ya se ha quejado.)

Miles de sustancias naturales son letales o perjudiciales. Si uno se hace una infusión de adelfa, que es una planta muy bonita, LA ESPICHA. El monóxido de carbono es natural y si uno lo aspira se muere. Hay infinidad de ejemplos de sustancias naturales que son muy perjudiciales. O sea, que ya basta de esparcir la idea de que algo natural es algo inocuo. En fin. Me voy a tranquilizar. Ommmmmmm. Ya está. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí!: pues aquí donde me veis, yo perdí 15 kilos en un año con una dieta puesta por un médico. No tenía que pesar los alimentos y era muy simple. Así que os presento:

Perder 15 kilos y ser feliz

Emoción, intriga, dolor de barriga… ¡LA DIETA CON LA QUE PERDÍ 15 KILOS!

– Desayuno: Pan con aceite, café con leche desnatada (yo añadía una cucharada de azúcar, soy un vividor, un truhán, un golfillo, lo sé).

– Almuerzo: Fruta (cuanta quisiera).

– Comida: Ensalada o verdura, carne o pescado (sin límite de cantidad).

– Merienda: Fruta (cuanta quisiera).

– Cena: Ensalada o verdura, carne o pescado (sin límite de cantidad).

– Antes de ir a la cama: Un yogur desnatado.

Un día a la semana podía volverme loco y comer de todo: salchichón, quesos, longaniza de Vic, panteras rosas, palmeras de chocolate, más queso y más longaniza de Vic... Tengo que decir que perdí 15 kilos y no dejé de tomar cerveza o vinito cuando se terciaba. Y aun así perdí todo ese peso (y eso que por entonces no hacía nada de ejercicio). Según fui adelgazando, me fueron dejando introducir más pasta y arroz en la dieta. Y esto fue todo. Pasé de 84 kilos a 69. No pongo esta dieta para que la copiéis, sino para que (antes de lanzaros a cometer una estupidez) hagáis algo tan simple como ir a un médico. Ojo, un médico-médico. Alguno se preguntará si he recuperado peso después. Pues sí, pero no los 15 kilos. Y ahora ya sé qué es lo que tengo que hacer si quiero bajar. También os diré que con 15 kilos menos, aunque mi autoestima estaba mejor, no era más feliz que ahora.

Alma, Corazón, Vida

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