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Qué es lo que ocurre en tu cuerpo cuando tocas algo (o a alguien)
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ASÍ FUNCIONAN NUESTRAS EXTREMIDADES

Qué es lo que ocurre en tu cuerpo cuando tocas algo (o a alguien)

Las personas que por accidentes o enfermedad han sufrido amputaciones pueden seguir sintiendo la presencia de los miembros que ya no tienen, o sensaciones de tacto, picor o incluso dolor en ellos

Foto: Como ocurre con todos los sentidos, las sensaciones del tacto se generan en nuestro cerebro. (iStock)
Como ocurre con todos los sentidos, las sensaciones del tacto se generan en nuestro cerebro. (iStock)

EnLa fábrica de las ilusiones. Conocernos más para ser mejores(Ariel),Ignacio Morgado, referente en nuestro país en el estudio del cerebro y los procesos mentales, se ha propuesto responder a preguntas comunes sobre su especialidad de una forma breve y clara, pero siempre con un ojo puesto en los últimos avances científicos.

En este extracto del libro, el psicobiólogo explica cómo funcionan nuestras extremidades y el sentido del tacto.

Cuando toco con mis manos un objeto cualquiera y siento su tacto, su temperatura y su forma, tengo la impresión de que esas sensaciones están ahí, en las manos, entre mis dedos que auscultan y aprecian ese objeto. Cierro los ojos y busco cosas a tientas encima de mi escritorio. Encuentro lápices, un cuaderno, un teléfono, una goma de borrar y otros objetos que enseguida reconozco por su tacto. Aunque no solemos darle importancia, por el tacto no sólo sentimos, sino que podemos saber qué es lo que sentimos, es decir, tenemos la fabulosa capacidad de reconocer objetos por el tacto sin la ayuda de otros sentidos. Nuestras impresiones acerca de las cosas que tocamos son tan fuertes que nos resulta imposible dudar de que son las propias manos las que tocan y reconocen esas cosas. No podemos creer que sin ellas, sin las manos, pudiéramos seguir sintiendo tacto, picor, escozor, temperatura, formas. Pero lo cierto es que sí, que aunque parezca imposible podríamos llegar a sentir una mano o una pierna que ya no tuviésemos, o sensaciones variadas en esos miembros inexistentes.

Se han llegado a constatar casos de individuos que nacen sin algún miembro de su cuerpo pero tienen la sensación de que pueden moverlo

Lo sabemos muy bien porque las personas que por accidentes o enfermedad han sufrido amputaciones pueden seguir sintiendo la presencia de los miembros que ya no tienen, o sensaciones de tacto, picor o incluso dolor en ellos. Sienten también que pueden moverlos voluntariamente, como lo hacen con un miembro normal que conserven. Se han llegado a constatar casos de individuos que nacen sin algún miembro de su cuerpo, como un dedo o una mano, y aun así tienen la sensación de que pueden mover ese miembro que nunca ha existido. A esas partes inexistentes del cuerpo que se siguen manifestando tras las amputaciones los clínicos las llaman «miembros fantasma». A quienes los padecen les pueden ocurrir también otras cosas muy raras, como tener sensaciones en el miembro perdido cuando se les toca otra parte del cuerpo distante del mismo. Así, cuando a algunos de esos pacientes con una pierna amputada se les toca la cara sienten el tacto no sólo en la cara, sino también en la pierna inexistente, en la pierna fantasma. Son sensaciones que pueden perdurar días o incluso meses o décadas tras la amputación, y pueden ocurrir incluso cuando los individuos son perfectamente conscientes de que su miembro ha sido amputado y de que sus sensaciones no son reales. Sorprendentemente también, otros pacientes han llegado a rechazar como propia una de sus piernas intactas, y alguno ha llegado a manifestar tener y sentir una tercera pierna.

Es el cerebro el que siente

Tales observaciones y otras de similar naturaleza nos muestran claramente que es el cerebro el que fabrica las impresiones ilusorias en los pacientes con miembros fantasma. Son además la prueba contundente de que, aunque no sabemos todavía cómo lo hace, es el cerebro el que crea la ilusión de que son las manos las que tocan, los ojos los que ven, los oídos los que oyen y la nariz la que huele. Hasta una mano trasplantada puede albergar la sensación de que es ella la que toca. Todas y cada una de nuestras sensaciones y percepciones son creaciones cerebrales que pueden tener ese importante componente ilusorio.

El diccionario de la RAE define una ilusión como un «concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos». Cierto, la imaginación puede servir para crear ilusiones, pero lo que siente un paciente con miembro fantasma no es algo imaginado, es la ilusión de que lo que siente es real. Su sensación, por ejemplo, de seguir teniendo la pierna que ya no tiene es muy parecida a la que tiene de la pierna que todavía conserva. Tampoco es cierto que esas ilusiones sean resultado de un engaño de los sentidos, sino el modo peculiar y muy práctico que posee el cerebro de entender el propio cuerpo para desenvolverse en el mundo.

Con la sensación de que el tacto está en las manos buscaremos con ellas los nuevos objetos a explorar, cosa que no haríamos si la sensación de tacto no estuviera referida a alguna parte del cuerpo. Igualmente, con la ilusión de que son los ojos los que ven o los oídos los que oyen, los dirigimos respectivamente hacia el objeto que queremos ver o hacia la fuente del sonido. El cerebro, por tanto, no crea esas y otras ilusiones caprichosamente, sino que lo hace como un medio de controlar y dirigir eficazmente el comportamiento. Es, por así decirlo, una fábrica de ilusiones prácticas, de ilusiones que nos ayudan a desenvolvernos con acierto y alcanzar objetivos en nuestro entorno.

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