SEGÚN LA MEDICINA INTEGRATIVA

Qué debes comer: las cinco cualidades de los buenos alimentos

Una alimentación sana y equilibrada constituye la mejor medida para conservar la salud. Tal vez se trate de la medicina preventiva más eficiente

Foto: Esto probablemente encaje con la idea de comida saludable que todos tenemos. (iStock)
Esto probablemente encaje con la idea de comida saludable que todos tenemos. (iStock)

A partir de la medicina naturista clásica y la medicina biológica surge la medicina integrativa, que tiene como objetivo analizar todo aquello que puede revertir en la salud y el bienestar de las personas. Partiendo de dicho enfoque, las doctoras Montserrat Noguera Fusellas y Padma Solanas Noguera, junto al periodista Carles H. Bárcena, han escrito La fuente de la salud. Una aproximación a la medicina integrativa (Paidós). En el fragmento que reproducimos a continuación se explica cuáles deben ser las cualidades que reúnan los alimentos que consumamos.

Somos lo que comemos. Quien desee hacer algo por su salud desde el nivel preventivo tiene que cuidar su alimentación. Una alimentación inadecuada sobrecarga el metabolismo y nos coloca en situación de riesgo. Por consiguiente, una alimentación sana y equilibrada constituye la mejor medida para conservar la salud. Tal vez se trate de la medicina preventiva más eficiente.

Una alimentación saludable tiene que reunir las siguientes cinco características:

  • Ha de ser completa, debiendo aportar todos los nutrientes (proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales y agua) que el organismo precisa para funcionar correctamente.
  • Ha de ser equilibrada, de tal manera que los distintos nutrientes deben repartirse guardando una proporción correcta entre sí y adaptada a las necesidades y condiciones de cada persona. Esta dieta debe incluir, en personas sanas, beber entre 1,5 y 2 litros de líquido al día.
  • Ha de ser suficiente, sin excesos y déficits, a fin de mantener un peso dentro de los parámetros de la normalidad y, en el caso de los niños, garantizar un crecimiento proporcional.
  • Ha de ser individualizada, es decir, adecuada al sexo, la edad y la constitución de la persona, así como a la actividad física que desarrolla y a su estado de salud.
  • Ha de ser variada, incluyendo alimentos de cada uno de los distintos grupo (frutas, verduras y hortalizas, legumbres, cereales, huevos, carnes y pescados), con el objeto de garantizar la ingesta de los nutrientes necesarios y evitar caer en la monotonía. Y es que alimentarse de forma saludable y equilibrada no ha de estar reñido con el placer de comer.

Igualmente, los buenos alimentos han de poseer cinco cualidades fundamentales. Dichos alimentos han de ser:

  • Naturales, es decir, no procesados por la industria, como desafortunadamente son la mayoría de productos que encontramos en los supermercados.
  • Biodiversos, a fin de no reducir las virtudes saludables de la alimentación y asegurar la presencia de todos los nutrientes básicos.
  • Biológicos, o lo que es lo mismo, sin aditivos, colorantes, pesticidas o conservantes y, en consecuencia, respetuosos también con el medio ambiente. En el caso de la carne, habrá de proceder de animales alimentados de hierba, no de piensos, y que no hayan sido medicados con antibióticos, ya que dichos medicamentos destruyen nuestra flora intestinal. Además, muchas veces, la carne y la leche contienen hormonas del crecimiento, que pueden llegar a ser cancerígenas.
  • Estacionales, esto es, de la época del año correspondiente, lo cual obedece a una lógica incontestable. Por ejemplo, en otoño es conveniente consumir setas, que son propias de dicha estación y cuyas propiedades beneficiosas sobre el sistema inmunitario son más necesarias que nunca ante la irrupción del invierno. O consumir frutas en verano, por su gran aporte en ague y antioxidantes, que nos protegen de la acción oxidante del sol y de la deshidratación.
  • De proximidad, o lo que es lo mismo, productos locales, no ajenos a nuestro hábitat inmediato, eso que hoy se denomina alimentos “de kilómetro cero”. Más allá de las modas, el kilómetro cero tiene dos razones de ser. En primer lugar, la zona donde vivimos nos provee de todo aquello que necesitamos en cada estación del año. Y, en segundo lugar, se palía el coste ambiental, la llamada huelle ecológica, que acarrea el transporte de alimentos desde otras zonas del planeta, al tiempo que se fomentan las economías locales.
Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios