Cuál es el papel del sufrimiento en nuestra vidas (y cómo aprender a afrontarlo). Noticias de Alma, Corazón, Vida
NO SIEMPRE PUEDE EVITARSE

Cuál es el papel del sufrimiento en nuestra vidas (y cómo aprender a afrontarlo)

Todo el mundo pasa por malos momentos alguna vez, y debemos sobrellevarlos si queremos ser felices y aprender de nuestros errores

Foto: Todos pasamos por momentos dolorosos en nuestras vidas. (iStock)
Todos pasamos por momentos dolorosos en nuestras vidas. (iStock)

Tal Ben-Shahar es profesor de Psicología Positiva en Harvard, la asignatura que cuenta, desde hace años, con más solicitudes de inscripción por parte de los estudiantes de la prestigiosa universidad. En su libro La búsqueda de la felicidad (Alienta), el psicólogo repasa las últimas novedades de su campo de estudio, ofreciendo un completo manual para alcanzar el bienestar.

En su opinión, la búsqueda de la perfección es el principal motivo de nuestra infelicidad. Como él dice: “O aprendemos a fallar o fallamos al aprender”. Y para lograr esto, debemos también prepararnos para superar el sufrimiento, un tema en el que Ben-Shahar se detiene en este extracto del libro.

«El sufrimiento profundo, indecible, bien puede ser llamado bautismo, regeneración, iniciación a una nueva condición».

George Eliot

Mi esperanza, cuando inicié el proceso de conversión al optimalismo, era erradicar el dolor, la tristeza, la ansiedad y el sufrimiento de mi vida. Mi objetivo, evidentemente, venía dictado por mi perfeccionismo. Deseaba ver la luz, encontrarme bien —descubrir un lugar en mi interior en el que siempre estuviera contento independientemente de lo que ocurriera fuera—. No lo encontré. Lo que sí descubrí, sin embargo, fue que el sufrimiento aportaba algunos beneficios y, en consecuencia, reconocí la importancia de aceptarlo.

Si bien la búsqueda del placer y la evasión del dolor forman parte de nuestra naturaleza, la cultura juega un papel fundamental en cómo nos enfrentamos al sufrimiento. Generalmente, en Occidente, rechazamos el sufrimiento. Lo vemos como una interrupción poco grata del viaje hacia la felicidad. Así que lo combatimos, lo reprimimos, lo medicamos o buscamos soluciones rápidas y fáciles para deshacernos de él. En algunas culturas, especialmente en la oriental, el sufrimiento se valora y se reconoce por el importante papel que juega en la vida de las personas, en el serpenteante camino hacia la gloria.

Uno de los beneficios más significativos del sufrimiento se encuentra en que genera un profundo respeto por la realidad

Si bien todavía tengo que convencerme de que se puede alcanzar un estado de gloria o nirvana, lo cierto es que se puede aprender mucho de la forma de ver la vida de los budistas, con su impermanencia e imperfecciones, sus defectos y sus desengaños.

El monje tibetano Khenchen Konchog Gyaltshen Rinpoche enumera cuatro beneficios del sufrimiento: sabiduría, resistencia, compasión y un profundo respeto de la realidad.

La sabiduría emerge de la experiencia del sufrimiento. Cuando las cosas van bien, raramente nos detenemos a cuestionarnos sobre nuestras vidas y nuestras dificultades. Una situación difícil, sin embargo, suele obligarnos a salir de nuestro estado inconsciente, haciéndonos reflexionar sobre nuestras experiencias. Para poder ver en profundidad, para poder desarrollar lo que el rey Salomón llamaba un corazón sabio, tenemos que ser capaces de capear el temporal.

Nietzsche, un hombre muy sabio, concluyó que lo que no nos mata, nos hace más fuertes. El sufrimiento puede hacernos más resistentes, más capaces de superar las dificultades. Del mismo modo que un músculo, para fortalecerse, tiene que sufrir, nuestras emociones, para vigorizarse, también deben soportar cierto grado de sufrimiento. Helen Keller, que tuvo una vida con muchos sufrimientos y también muchas alegrías, dijo: «El carácter no puede desarrollarse cuando hay tranquilidad y todo es fácil. Sólo pasando por la experiencia de la prueba y por el sufrimiento se puede fortalecer el alma, clarificar la visión, inspirar la ambición y alcanzar el éxito».

Aprendiendo a aceptar las limitaciones

Todo el mundo pasa por malos momentos alguna vez, y darnos permiso para sentir esta emoción universal nos conecta con una red de compasión de la que pasamos a formar parte. El diccionario define compasión como «un profundo conocimiento del sufrimiento de otra persona acompañado del deseo de aliviarlo», pero sólo podremos obtener un profundo conocimiento del sufrimiento de los demás si hemos sufrido nosotros mismos. Un conocimiento teórico del sufrimiento tiene tan poco sentido como una descripción teórica del color azul para una persona ciega.

Para conocer, hay que experimentar. Como dice el pastor Fritz Williams: «El sufrimiento y la felicidad nos enseñan, si les dejamos, a dar el paso a la empatía, que nos transporta al alma y al corazón de otra persona. En estos momentos transparentes, descubrimos las alegrías y las penas de la otra persona y nos preocupamos por sus problemas como si fueran nuestros problemas».

Uno de los beneficios más significativos del sufrimiento se encuentra en que genera un profundo respeto por la realidad. Si bien una experiencia feliz nos conecta con el ámbito de posibilidades infinitas, una experiencia dolorosa nos recuerda nuestras limitaciones. Cuando, a pesar de todos nuestros esfuerzos, las cosas no van como esperábamos, hemos de tener la humildad de aceptar las limitaciones que algunas veces no advertimos cuando estamos volando muy alto. Me parece más que simbólico el hecho de que cuando estamos en éxtasis, miramos hacia arriba, hacia el cielo, hacía el infinito, y que cuando estamos pasándolo muy mal, tendemos a mirar hacia abajo, hacia el suelo, hacia lo finito.

Rabbi Bunim de Pshischa afirma que todos deberíamos llevar dos papelitos en el bolsillo: uno de ellos con la frase del Talmud «El mundo fue creado por causa de mí», y el otro con las palabras del Génesis «No soy más que polvo y ceniza». Una buena salud mental está comprendida entre ambos mensajes, entre la humildad y la arrogancia. Del mismo modo que la síntesis entre la humildad y la arrogancia favorece la salud mental, la combinación de éxtasis y agonía establece una relación saludable con la realidad.

El éxtasis me hace sentir invencible; me produce la sensación de que soy el dueño de mi destino, de que creo mi propia realidad. Sin embargo, la agonía me rinde vulnerable y pequeño; me hace creer que dependo de mis circunstancias y tengo poco control sobre mi realidad. El éxtasis sólo genera una arrogancia desprendida; el sufrimiento sólo engendra resignación. Las dificultades de la vida nos acercan al medio dorado de Aristóteles.

Huye del sufrimiento; pero si llega, acéptalo

Respetar profundamente la realidad implica aceptar las cosas tal como son —nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestra humanidad—. Si reconocemos que el sufrimiento es esencial en nuestra vida y que también aporta algunos beneficios, como el cultivo de la sabiduría y la compasión, lo admitiremos más fácilmente. Y si somos capaces de aceptar la pena y el dolor como sentimientos inevitables, sufriremos menos.

Nathaniel Branden define la autoestima —para la que es fundamental la aceptación de uno mismo— como el sistema inmune del conocimiento. Contar con un sistema inmune fuerte no significa no estar nunca enfermo, sino enfermar menos y en el caso de que así ocurriera, recuperarse más rápidamente. De forma parecida, es poco probable que el sufrimiento desaparezca completamente; sin embargo, a medida que el sistema inmune de nuestro conocimiento se va reforzando, sufrimos menos y cuando lo hacemos, la recuperación es más rápida.

En nuestras vidas, buscamos de forma natural el placer y tratamos de minimizar el dolor que soportamos

El hecho de que el sufrimiento tenga beneficios no significa que debamos buscarlo activamente —del mismo modo que no buscamos oportunidades de enfermar simplemente porque la enfermedad refuerce el sistema inmune—. En nuestras vidas, buscamos de forma natural el placer y tratamos de minimizar el dolor que soportamos. El mundo imperfecto e impermanente ofrece una gran cantidad de oportunidades, sin necesidad de buscarlas activamente, de fortalecer nuestro sistema inmune.

La primera de las cuatro nobles verdades de Buda es la verdad del sufrimiento, una verdad que se puede rechazar o aceptar como una parte inevitable de nuestra condición de humanos. Y cuando se aprende a aceptar, incluso a abrazar, las experiencias difíciles, el sufrimiento se con-vierte en una herramienta, en un instrumento para crecer.  

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios