EL HILO DENTAL Y EL CEPILLO

Una dentista explica por qué cuidas mal tus dientes y qué deberías hacer en su lugar

Pensamos que con cepillarnos durante medio minuto después de comer nuestros dientes están fuera del alcance de todas las enfermedades, pero hay otras cosas que deberíamos tener en cuenta

Foto: Aunque nos limpiemos los dientes todos los días, nuestros hábitos no son siempre los mejores. (iStock)
Aunque nos limpiemos los dientes todos los días, nuestros hábitos no son siempre los mejores. (iStock)

Cada año gastamos más dinero en el cuidado de nuestros dientes, y basta con recordar la última factura del dentista –no digamos ya su instrumental médico– para sentir cómo un escalofrío recorre nuestra espalda. Según los datos del estudio Pacientes del Sector Dental en España, cada español gastó el último año 376 euros en el dentista. Pero muchas de estas visitas podrían evitarse si simplemente tuviésemos un poco más de cuidado o si siguiésemos las indicaciones de los expertos… siempre y cuando confiemos en ellos y no consideremos que su objetivo es llenar la consulta cueste lo que cueste.

Con el objetivo de separar el grano de la paja, la doctora Uchenna Okoye, directora clínica del London Smiling Dental Group ha expuesto en Daily Mail algunas de las cosas que solemos hacer mal en nuestro cuidado diario de la dentadura al mismo tiempo que nos enseña a mejorar nuestros hábitos. No sólo nos ayudarán a ahorrar bastante dinero, sino que evitarán que nos veamos tumbados en una habitación blanca con un taladro dirigiéndose hacia nuestra boca.

Nada de arriba y abajo ni izquierda a derecha

Es muy habitual que se recomiende cepillar los dientes de arriba a abajo y no de izquierda a derecha como mucha gente hace, pero Okoye recuerda que hacerlo con fuerza puede dañar las encías. Ni una cosa ni la otra: lo mejor es cepillarnos de forma circular y suave, masajeando dientes y encías, como lo haría un cepillo eléctrico. Si alguna vez has sangrado mientras te cepillabas, es porque probablemente lo estás haciendo mal. La solución no pasa por utilizar un cepillo más suave, sino uno medio, pero con más cuidado.

¿Te cepillas por detrás de los dientes, al final de la lengua y en la parte de la corona que muerde?

Una buena estrategia es dividir la boca en cuatro zonas para asegurarnos de que se dedica a cada una de ellas el mismo tiempo, y no centrarnos en una parte demasiado tiempo e ignorar el resto. Estas cuatro zonas son la superficie exterior de los dientes, la interior, el espacio interdental y la gran olvidada, el final de la corona Apúntatelas bien, porque es probable que algunas de ellas queden sin pasar por el cepillo, especialmente las dos últimas. Para Okoye el tiempo recomendado oscila entre los dos y los cinco minutos, pero lo importante es que independientemente de lo que se tarde, los dientes queden limpios.

Cuidado con el chicle

¿Cuánto tiempo tardamos en tirar un chicle? ¿Minutos? ¿Horas? Si no queremos que este dañe nuestra dentadura, Okoye recomienda tirarlo cuando pasen 10 minutos o, alargando un poco más, cuando el sabor desaparezca. El problema con el chicle es que obliga a nuestros dientes a hacer algo para lo que no están preparados, puestos que estos están pensados para cortar alimentos duros, no para hundirse en una superficie blanda, por lo que al comer chicle corremos el riesgo de que choquen entre sí o se desgasten. Además, nuestro estómago empieza a producir ácido ya que piensa que pronto va a recibir alimento, lo que en casos extremos y a largo plazo puede generar úlceras entre las personas más sensibles.

Con la pasta de dientes y el cepillo no es suficiente.
Con la pasta de dientes y el cepillo no es suficiente.

Las fresas son un buen blanqueador

Extraño pero cierto, o al menos eso asegura Okoye. Una pasta formada por ocho fresas blandas mezcladas con media cucharada de bicarbonato de soda que restregaremos por nuestros dientes ayuda a limpiar la suciedad de la superficie, especialmente la causada por el tabaco y bebidas como el café o el te. La razón es que las fresas contienen ácido ascórbico. Una buena manera de evitar que la comida manche nuestros dientes es preguntarnos si lo que vamos a comer dejaría rastro en nuestra ropa: si es así, probablemente también lo hará en nuestra dentadura.

Cepíllate antes de desayunar

La lógica nos dice que el cepillo de dientes sirve para retirar la comida que se ha quedado acumulada en nuestra dentadura y, por lo tanto, no tiene sentido utilizarlo cuando no hay nada que limpiar. El motivo por el que deberíamos cepillarnos antes y no después del desayuno es porque este suele incluir comidas muy ácidas como los zumos, por lo que al limpiarnos lo único que conseguimos es extender el ácido y el azúcar por los dientes, lo que contribuye a eliminar el esmalte.

La lengua es como una esponja, propicia para que las bacterias se queden acumuladas en su superficie

Es preferible esperar al menos una hora por las mañanas y dejar el cepillado para el último momento cada noche, puesto que es cuando se produce menos saliva, que sirve para proteger los dientes. Al cepillarnos, nos aseguramos que esa bacteria que podría campar a sus anchas durante las horas nocturnas al no encontrar la habitual resistencia de la saliva sea eliminada. Y por supuesto nada de comer o beber algo que no sea agua después de cepillarnos.

La lengua también existe

¿Dientes? Ok. ¿Paladar? Quizá. ¿La lengua? ¿Cómo que la lengua? Okoye recuerda que es un órgano esponjoso propicio para que la suciedad se acumule ahí. Muchos cepillos tienen una superficie rugosa pensada específicamente para la lengua que debe limpiarse por completo, incluida la zona posterior, aunque nos cueste. De esa manera evitaremos en parte que nuestra boca huela mal, ya que este hedor puede deberse al sulfuro emitido por las bacterias que en ella se encuentran.

No te olvides del hilo dental

Ya explicamos en un artículo previo la vital importancia del hilo dental para eliminar la suciedad que se atasca entre los dientes. Okoye se suma a la reivindicación y explica que, como mínimo, el hilo dental debe utilizarse un día sí, un día no, aunque es preferible que la frecuencia sea diaria. “Puedes hacer el clásico lazo alrededor de dos dedos”, explica la dentista, “o puedes conseguir flossticks que ya estén preparados”. Al utilizar el hilo, se evita el peligroso crecimiento de la bacteria entre los dientes.

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