un anhelo de todos los humanos

Qué es la felicidad y cómo alcanzarla, según Juan Ramón Lucas y Sandra Ibarra

La búsqueda de la felicidad es innata desde que somos pequeños. Juan Ramón Lucas, Javier Fernández Aguado y Sandra Ibarra explican por qué ocurre esto y cómo encontrarla

Foto: Todos perseguimos la felicidad, pero no sabemos dónde encontrarla. (iStock)
Todos perseguimos la felicidad, pero no sabemos dónde encontrarla. (iStock)

¿Qué es la felicidad? Es una pregunta que todo el mundo se ha hecho una u otra vez, pero no es fácil responder. En Hablemos sobre la felicidad (LID Editorial), el periodista Juan Ramón Lucas conversa con Sandra Ibarra –activista contra el cáncer desde hace 20 años y presidenta de la fundación que lleva su nombre– y Javier Fernández Aguado –uno de los pensadores españoles contemporáneos más reconocidos y referente en el mundo del management–, sobre qué es la felicidad y cómo alcanzarla.

Este es un extracto del libro en el que el locutor se pregunta por qué buscamos la felicidad.

Jamás he conocido persona alguna que afirme que no quiere ser feliz. Muchas no lo reconocen, otras disfrazan la búsqueda de la Felicidad en generosidad hacia los demás e, incluso, las más lúcidas encuentran en la solidaridad, en esa acción generosa para con los suyos, la satisfacción profunda que les hace felices. Pero nadie que reivindicara la infelicidad.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos sostiene que el instinto de la Felicidad es genético, que todos nacemos con la capacidad de proteger y buscar nuestra satisfacción en la vida. Y pone como ejemplo a los niños: «si les dejamos tranquilos, de forma natural van a ser felices, porque está en sus genes».

En este sentido, Sandra Ibarra afirma que esa búsqueda es innata desde que somos pequeños. Los niños se sienten confortables con el abrazo de su padre o de su madre, con el alimento que les gusta... Cuando somos adultos, esas formas de ser feliz empiezan a complicarse un poquito, nos entra el «virus del adulto», empezamos a ver la vida con ese virus y perdemos de vista las cosas importantes».

Poniéndonos más filosóficos podríamos recordar que Feuerbach fundamentaba en ese instinto de la Felicidad nada menos que el cimiento de la moral. Probablemente la mejor novela de André Maurois sea El instinto de la felicidad, un instinto que es real, que está ahí porque, como sostiene Javier Fernández Aguado: “el ser humano, todos, cada uno de nosotros, necesitamos ser felices. No hay ninguna realidad, política, religiosa, sexual, intelectual o deportiva en la que estuviésemos todos de acuerdo, salvo el hecho que queremos ser felices”.

JR Lucas-  ¿En todas las culturas?

Javier- Todos queremos ser felices. Lo que sucede es que los caminos hacia la Felicidad son planteados de manera diferente en diversas culturas y diferentes épocas. El monje que abandona el mundo, se disciplina y ayuna, lo está haciendo porque quiere ser feliz, porque su destino es la Felicidad y eso es lo que a él le permite considerar que está siendo feliz. Lo mismo que el borracho considera que perder la noción de la realidad es lo que le genera Felicidad.

Sandra- Yo creo que buscamos la Felicidad porque es una necesidad, porque no podríamos vivir de otra manera.

Instinto, necesidad. La búsqueda de la Felicidad como rasgo común universal de la condición humana, una carrera en la que todos participamos, pero a menudo sin ser conscientes. No sólo sin tener claro el destino, sino negándonos el placer del viaje, el disfrute del paisaje. Escribió Mario Benedetti: «preferimos perderlo, dejarlo transcurrir sin siquiera hacer el razonable intento de asirlo. Preferimos perderlo todo, antes que admitir que se trata de la única posibilidad y que esa posibilidad es sólo un minuto y no una larga, imposible existencia».

Falta educación, no nos enseñan a ser felices ni nos dan pistas o caminos por los que poder llenar esa maleta del viaje hacia la felicidad

Sandra- A veces estamos buscando cosas que no son. Si eres capaz de buscar esos pequeños placeres que te satisfacen, conseguirás ser feliz. Pero no aprendemos, olvidamos la historia y que las preguntas siguen siendo las mismas. Es verdad que, como decía Benedetti, nos cambiaron las preguntas cuando creíamos tener las respuestas, pero siempre nos podemos hacer nuevas preguntas que nos ayuden a crecer.

Javier- Las grandes preguntas de la humanidad son siempre las mismas, lo que sucede es que, cuando son respondidas, pasan al olvido y pronto la siguiente generación se las vuelve a hacer. Aunque sea otra la respuesta o, como antes decía, se tomen otros caminos. La primera (¿quiénes somos?) es transformada por cuánto tienes o cuánto ganas; es la enfermedad del mercantilismo que es la que da lugar a las castas, que es lo que genera las clases sociales y la escisión. El error es pensar que existen realidades tangibles que son las que diferencian a una persona de otra. El de dónde venimos se ha sustituido por dónde has nacido, de modo que si uno nace en determinado pueblo o región es aceptado o rechazado. Es el nacionalismo, ese nacionalismo racista y excluyente que desprecia al que no ha nacido en su pueblo o es de otro color. Y en cuanto al dónde vamos, ha sido sustituido por la enfermedad del hedonismo, por... dónde vamos a cenar.

Sandra- Falta educación, no nos enseñan a ser felices ni nos dan pistas o caminos por los que poder llenar esa maleta del viaje hacia la Felicidad.

Javier- No creo que no se eduque para la Felicidad, lo que sucede es que hay momentos en la historia en los que la Felicidad se enmarca dentro de determinados objetivos. Ahora se educa para ser el más rico del cementerio. El objetivo es mercantilista. De modo que no es que no se eduque para la Felicidad, es que se ha perdido el norte de la Felicidad.

Revisitando a los clásicos

Tal vez haya que prestar más atención a la forma en que se moldea la personalidad de los niños desde la escuela y encontrar el camino para que el «virus del adulto» del que habla Sandra no afecte al instinto de Felicidad cuando nos sea inoculado.

Javier Fernández Aguado nos invita a mirar a los clásicos, a Aristóteles y su Ética a Nicómaco, las enseñanzas de un gran sabio a su hijo para que sea feliz: «Aristóteles le dice a Nicómaco que cada uno de nosotros somos dos en uno. Primero somos nuestra primera naturaleza, somos las realidades física, psicológica y psiquiátrica con las que nacemos y con las que nos moriremos. Hay gente que nace con capacidad y habilidad para hablar idiomas, para jugar bien al fútbol... es lo innato. Sobre esa primera naturaleza, vamos construyendo, mediante la formación, mediante la educación y mediante el entorno, una segunda naturaleza: el conjunto de hábitos que nos permiten ser como queremos ser y como nos dejan ser. Y ahí entra la educación. En la primera naturaleza llevamos un sello inscrito que dice "quiero ser feliz"; en la segunda, hay entornos que permiten dirigirse hacia la Felicidad de una manera más cómoda».

La vida está necesariamente abocada a callejones de frustración de los que algunos deben salir y otros se quedan encerrados

Habrá entonces que reflexionar sobre qué educación debería darse para construir esa segunda naturaleza de forma eficaz. En palabras de Javier Fernández Aguado, «deberíamos superar el mercantilismo, el nacionalismo racista y el hedonismo como enfermedades porque la Felicidad se logra por encima de esas patologías». Sandra afirma que dichas patologías «te llevan también a medir de forma equivocada el éxito o el fracaso. Más aún cuando la sociedad nos está mostrando unos iconos que hacen que se genere frustración porque ponen ante nosotros ejemplos que no son reales o metas inalcanzables».

Se identifica éxito con dinero, fama o posesiones. Y el fracaso se toma como una derrota. Continúa Sandra:

Sandra- Habría que educar en entender el fracaso, la adversidad, como parte de la vida. Que no te provoquen frustración. Los fracasos forman parte de la vida, la adversidad es la vida y los paréntesis también son la vida.

Javier- Hay un punto ahí muy interesante y es que en la educación habría que procurar desde muy pronto enseñar a gestionar de manera adecuada la frustración en varios sentidos. La vida está necesariamente abocada a callejones de frustración de los que algunos deben salir y otros se quedan encerrados; hay gente que experimenta el dolor o el fracaso en cualquiera de sus modalidades —Sandra lo ha tenido bien presente— y, a partir de ahí, ya genera una especie de tristeza vital, de angustia, pero hay otros que son capaces de repensarse, de reinventarse...

Sandra- Es que ante la adversidad se trata de eso, de hacer que nos sirva para poder ver lo que no vemos en condiciones normales; o que el dolor o la crisis nos lleven a preguntarnos ¿para qué me está sirviendo? Eso es gestionar de forma adecuada la frustración y la adversidad. Puedes ser capaz de reinventarte gracias a ella o quedarte en tu casa llorando lo desgraciado que eres por tenerla que vivir. Como decíamos antes, es una cuestión de actitud.

Javier- Hay muchas personas que viven llorando por la leche derramada en vez de considerar que todavía queda algo de leche que es la que hay que cuidar. De manera un poco brusca, el refranero dice que no se hacen tortillas sin romper huevos. 

Alma, Corazón, Vida

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