EL LARGO Y COSTOSO CAMINO A LA LONGEVIDAD

La dieta de la vida eterna y el desayuno de 700 calorías del científico Ray Kurzweil

Es director de ingeniería en Google, fundador de la Universidad de la Singularidad y todo un investigador de la alimentación, lo que le ha llevado a diseñar lo que considera el desayuno ideal

Foto: Ray Kurzweil en la Conferencia Fortune Brainstorm Tech de Pasadena (California).
Ray Kurzweil en la Conferencia Fortune Brainstorm Tech de Pasadena (California).

Solemos pensar que la longevidad, una vez el hombre occidental ha alcanzado un desarrollo médico y tecnológico sin parangón, depende exclusivamente de nuestros genes, los que deciden si pasaremos de los cien o nos plantaremos mucho antes. El inventor estadounidense y director de ingeniería de Google Raymond Kurzweil no está de acuerdo con la sabiduría popular que afirma que el 80% depende de los genes y el 20% de nuestro estilo de vida, ya que considera que la genética tan sólo influye en un 10%. El 90% restante está en nuestra mano.

Kurzweil, uno de esos magnates que, como el fundador de PayPal Peter Thiel, viven obsesionados con la vida eterna, lo tiene claro: pastillas y una buena dieta son la clave para vivir todo el tiempo posible. Él mismo explica en una entrevista publicada en Financial Times, en la que expone sus hábitos alimenticios mañaneros, que a pesar de tener 67 años su edad biológica no supera los cincuenta, y no ha avanzado mucho durante los últimos tiempos.

Antes tomaba 250 pastillas al día, ahora tan sólo 100

Hay que confiar, aunque sea un poco, en Kurzweil. Por disparatadas que puedan parecer algunas de sus ideas, se ha ganado un voto de confianza: inventó el sintetizador que lleva su nombre y que popularizó Stevie Wonder, el primer escáner para ordenador y la primera máquina lectora de documentos para ciegos. Además, impulsó la Universidad de la Singularidad, cuyo vicepresidente es David Roberts, a quien recientemente entrevistó ACyVErin Brodwin analiza en Business Insider la dieta que sigue día tras día el hombre que escribió La singularidad está cerca (Lola Books).

700 calorías cada mañana

El artículo publicado en Financial Times describe la comida que Kurzweil se sirve para acabar con el ayuno nocturno, a los que Brodwin añade las calorías que contienen: bayas (85 calorías por vaso), chocolate con espresso (170 calorías por onza), salmón ahumado y caballa (100 calorías en una ración de tres onzas), leche de soja de sabor de vainilla (100 calorías por vaso), estevia (un sustituto natural del azúcar que no aporta ninguna caloría), crema de avena (de 150 a 300 calorías por medio vaso, dependiendo de la preparación) y té verde (ninguna caloría). Su objetivo se encuentra en línea con otros regímenes de adelgazamiento: comidas saciantes que aportan pocas calorías. Kurzweil no es vegetariano, pero come muy poca carne, aunque grandes cantidades de pescado.

Además de todo ello, el científico afirma que la clave son los carbohidratos saludables, es decir, alimentos que provienen de los granos enteros y que probablemente contienen altas cantidades de proteína o fibra, que facilita el funcionamiento intestinal. Es el caso del pescado y la leche respecto a la proteína o de la avena en el caso de la fibra. Lo más llamativo quizá sea que, combinados, todos estos alimentos proporcionan una cantidad de azúcar que ronda los 30 gramos, muy cerca de la recomendación realizada por la Asociación del Corazón Americana que sitúa en 37,5 la cantidad máxima diaria. Ello a pesar de que Kurzweil reemplaza el café o la sacarina con la estevia, un sustituto del azúcar en teoría más sano pero cuyos auténticos beneficios aún no se han demostrado.

Así pues, el desayuno de Kurtweil parece bastante consistente, aunque falta lo más importante de su dieta: las pastillas. Si en el pasado afirmaba tomar al día unas 250 píldoras, en el artículo de Financial Times reconoce que la cifra ha descendido hasta 100, de las que 30 son consumidas por la mañana. No hay que llevarse las manos a la cabeza, o eso asegura el inventor: no son pastillas semejantes a las que tomaríamos cualquiera de nosotros o nuestros mayores, sino píldoras que pueden costar unos cuantos miles de dólares al día. Algunas protegen el corazón, otras la vista, otras el cerebro y algunas la salud cerebral.

Kurzweil empezó a preocuparse por su salud después de que su padre muriese a los 58 años de un ataque al corazón y de ser diagnosticado con diabetes de tipo 2. Fue en ese momento cuando pasó de ser paciente a investigador, y a intentar superar su disposición genética a través del consumo de decenas y decenas de píldoras… y un poco de crema antioxidante para la piel. Puede parecer que el autor de Trascendencia: Nueve pasos para vivir bien para siempre está utilizándose como conejillo de indias, pero hay una cosa que está clara: ninguno de nosotros somos lo suficientemente ricos como para intentar seguir el ritmo pastillero a Kurzweil. 

Alma, Corazón, Vida

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