Cuidado en Nochevieja: un estudio descubre qué puede ocurrirte si bebes demasiado
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ASÍ AFECTA EL ALCOHOL AL CEREBRO

Cuidado en Nochevieja: un estudio descubre qué puede ocurrirte si bebes demasiado

Fin de Año ya está aquí y con ella las comilonas en las que no puede faltar el marisco y un buen cochinillo, el atragantamiento de uvas y, sobre todo, un gran fiestón

Foto: Aunque nos sintamos eufóricos, debemos tener presente que poco a poco la tristeza y la irritabilidad nos invadirán. (iStock)
Aunque nos sintamos eufóricos, debemos tener presente que poco a poco la tristeza y la irritabilidad nos invadirán. (iStock)

La Nochevieja ya está aquí y con ella las reuniones familiares, los reencuentros con los amigos del pueblo, las comilonas en las que no puede faltar el marisco y un buen cochinillo, el habitual atragantamiento de uvas y, sobre todo, el gran fiestón del año. A partir de las Doce Campanadas, se entiende que tenemos barra libre –en muchos casos, literal– para arramblar con todas las bebidas que se nos pongan en nuestro camino hasta que despunte el alba, cuando nos retiraremos a casa a expiar en forma de malestar corporal y dolor de cabeza todos nuestros pecados.

No es de extrañar que esta sea una de las noches en las que se atiende a más personas por intoxicación etílica: no sólo nos sentimos libres para beber y beber y volver a beber, sino que es probable que enganchemos el vino de la comida con el anís de los postres con la sidra de la cena con el champán de las uvas hasta que, a las 00:01, nos damos cuenta de que no sabemos por dónde nos da el aire. Y la cosa sólo puede ir a peor.

Infravaloramos los riesgos que el consumo de alcohol excesivo puede tener en nuestra salud, pero también en nuestras relaciones personales y estabilidad emocional. Una nueva investigación publicada en el ejemplar de enero de la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Health ha realizado un análisis de lo que nos ocurre cuando perdemos el control o la conciencia, un comportamiento cada vez más habitual entre los jóvenes. Y no, no es nada divertido. No sólo por no ser capaces de recordar qué hicimos la noche anterior, sino porque estamos poniendo en peligro muchas otras cosas.

No quieras beber hasta perder el control

El principal responsable del estudio, el profesor de psiquiatría de la Universidad de California en San Diego Mark A. Schuckit, se lamenta de que “la gente no entiende lo peligroso que puede ser beber hasta desmayarse; de hecho, la gente mantiene un montón de creencias equivocadas sobre el alcohol”. Cuando pasamos ciertas líneas al beber en una noche de fiesta, estamos castigando severamente a nuestro cuerpo: el nivel de alcohol en sangre se dispara hasta niveles superiores a los de la intoxicación legal y eso afecta a órganos decisivos para nuestro funcionamiento como el cerebro.

En un primer momento, los efectos de la ingesta de alcohol parecen positivos: nos sentimos eufóricos, desinhibidos y más relajados. En definitiva, estamos listos para darlo todo. Sin embargo, es difícil mantener el equilibrio que nos impide caer en el otro lado de la balanza: hemos comprado papeletas para que tarde o temprano empecemos a sentirnos fatigados –lo que nos hará querer regresar al hogar antes de tiempo, probablemente haciendo la bomba de humo–, irritables, confundidos o incluso un poco tristes. Cuando nos levantemos la mañana siguiente con una de las peores resacas es nuestras vidas, es bastante probable que se impongan los sentimientos negativos sobre los positivos y nos arrepintamos. Demasiado tarde.

No sólo cambia nuestro humor, sino que como alerta Shutick, cuando estamos muy borrachos tendemos a ser “vulnerables a un rango de consecuencias peligrosas adicionales”. De manera no poco discutible, el psicólogo divide entre sexos dichos comportamientos perniciosos. En el caso de los hombres, señala que estos son más proclives a pelearse, a comportarse de manera inadecuada con otras personas, y a menudo son ellos los conductores que se sientan al volante en los accidentes con víctimas mortales. Al mismo tiempo, las mujeres pueden ser, según indica Shutick, más proclives a practicar sexo sin protección, “meterse en una situación en la que pueden ser violadas” (sic) o no ser capaces de protegerse ante tales agresiones.

El efecto del alcohol en nuestro cerebro

Todos estos cambios en el comportamiento emanan del daño que hacemos a nuestro cerebro cuando nos excedemos con el alcohol. En concreto, este afecta el córtex prefrontal, la zona del cerebro que nos ayuda a tomar decisiones y a entender las causas y consecuencias de nuestro comportamiento. Nuestro cerebro reacciona al consumo de alcohol ralentizando dichos razonamientos, lo que a nuestros ojos parece, simplemente, que nos hemos liberado de nuestras ataduras, cuando lo que ocurre en realidad es que hemos perdido el criterio.

No es la única región cerebral afectada por el consumo desmedido de bebidas espirituosas. El hipocampo, la zona en la cual se forman los nuevos recuerdos, también es víctima del mismo. Por ello nos cuesta tanto recordar lo que hicimos la noche anterior, especialmente durante las últimas horas del día (o de la noche). El resto del cuerpo también nota sus efectos, puesto que los niveles de azúcar en sangre descienden, lo que provoca que nos sintamos cansados. También afecta a la vasopresina, una hormona que sintetiza el hipotálamo y que mantiene el balance de los líquidos en el cuerpo. Cuando no funciona correctamente, el riñón elimina más líquido que lo que debe y el organismo busca agua en otros órganos, lo que causa la cefalea habitual de la resaca.

Los investigadores han centrado su investigación en los más jóvenes, puesto que son los que quedan inconscientes por el alcohol con mayor frecuencia y los que menos concienciados se encuentran: el estudio señala que hasta uno de cada dos británicos admiten haber perdido el conocimiento durante una borrachera. Por lo general, estas se dan entre los 15 y los 22 años, cuando los jóvenes aún tienen menos conocimiento sobre sus propios límites. “Tenemos que identificar algo que puedan reconocer en sí mismos y en sus amigos para que puedan modificar su comportamiento, porque los desmayos son peligosos, prevalantes y persistentes”, concluye Schuckit.

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