Los remedios más contundentes contra la resaca, según los más grandes bebedores
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Los remedios más contundentes contra la resaca, según los más grandes bebedores

Algunas de las más grandes figuras de la literatura eran también grandes bebedores. Sus remedios contra la resaca eran originales, pero no sabemos si efectivos

placeholder Foto: Ernest Hemingway charla en 1956 con un periodista. A juzgar por su expresión, estaba de resaca. (Bettmann/Corbis)
Ernest Hemingway charla en 1956 con un periodista. A juzgar por su expresión, estaba de resaca. (Bettmann/Corbis)

Todos sabemos queel abuso de alcohol es peligroso y pésimo para nuestra salud, pero una y otra vez caemos en la trampa.Salir y beber, parafraseando a una conocida banda extremeña, se convierte en “el rollo de siempre”: un hábito enormemente arraigado entre los españoles jóvenes, y no tan jóvenes, que tienefunestas consecuencias, no sólo para nuestro bienestar a largo plazo, sino para el del día inmediatamente siguiente.

Aunque existen algunas tácticas a seguir para no tener resacas monumentales, lo cierto es que lo único que nos puede librar de ellas es no beber. Y es algo que le cuesta a mucha gente, incluidos algunas de las más grandes figuras de la literatura (profesión, no nos engañemos, muy dada a la bebida).

Todo gran bebedor tiene su remedio para la resaca y, generalmente, además de no funcionar, empeora la cosa. La revista Flavorpill ha rebuscado en los archivospara encontrar cuáles eran las costumbres del día después que seguían personajes de la talla de Hemingay o Faulkner. Y la mayoría hacen que Sid Vicious parezca un aficionado.

1. Hunter S. Thompson

En 2011 la revista Playboy hizo pública la correspondencia que el autor de Miedo y asco en Las Vegas envió a los responsables de la revista cuando fue colaborador de ésta. El creador e icono del periodismo gonzo es famoso por sus excesos con las drogas, que también supo reflejar Terry Gilliam en la adaptación al cine de su más famoso texto. Y su remedio para la resaca está a la altura del mito.

En 1967 el redactor jefe de Playboy, John Grabee, recibió una nota a mano que, se cree, Thompson envió desde un hotel de Beverly Hills. Decía literalmente. “Mi remedio para la resaca es 12 nitritos de amilo (una caja), acompañados de tantas cervezas como sea neceario”.

El nitrito de amilo, más conocido como popper, es un compuesto químico que, al inhalarse, relaja los músculos que rodean los vasos sanguíneos, provocandola dilatación de estos, bajando la presión arterial y aumentando el ritmo cardiaco, lo que produce una sensación de calor y de euforia, que dura generalmente un par de minutos.

Lo que Thomspon no cuenta es que el popper crea a su vez una tremenda resaca. Quizás tenía también un remedio para ella, pero podemos asegurar que no sería saludable. Las drogas no llegaron a acabar con Thomspon, al menos no directamente, pues fue el mismo el que se quitó la vida en 2005, disparándose en la cabeza.

2. Zelda Fitzgerald

La esposa de Francis Scott Fitzgerald (cuyo nombre de soltera era Zelda Sayre) fue uno de los mayores iconos de los felices años 20, pero no entendía la felicidad sin una copa en la mano. Solía empezar a beber de buena mañana, mezclando vodka y limonada, y por la noche ocultaba siempre una petaca tras el liguero. Su remedio para la resaca: un baño nada más levantarse para empezar la jornada. Y después, vuelta a empezar con un vodka.

El alcoholismo empujó a Zelda a la depresión, y acabaron diagnosticándola con esquizofrenia. Murió con 47 años cuando se incendió el hospital psiquiátrico en el que estaba ingresada. El alcoholismo había acabado ya con la vida de su marido, que sufrió dos ataques cardiacos, el segundo de los cuáles le llevo a la tumba en 1940.

El realizador de videojuegos Shigeru Miyamoto bautizó una de sus más exitosas sagas en su honor, aunque a su personaje es difícil imaginárselo con una copa en la mano.

3. William Faulkner

El autor de El ruido y la furia, y premio Nobel de literatura, tuvo problemas con el alcohol durante gran parte de su vida. Cada vez que acababa un proyecto (y fue un escritor bastante prolífico) se agarraba una borrachera que duraba varios días.Una vez se tiró a dormir la mona junto a un radiador y casi se quema vivo.

Pero, pese a ser un bebedor de tomo y lomo, al menos Faulkner era más realista. Durante una conferencia en 1957,explicó cuál era su “truco” para pasar las resacas: “Creo que cualquiera –el pintor, el músico, el escritor…– trabaja en una especia de furia insana. Está poseído. Puede levantarse podrido, con resaca, con dolor, pero si se pone a trabajar, que es lo que mejor sabe hacer, no recuerda el dolor ni la resaca, está demasiado ocupado”.

Por desgracia, escribir no soluciona los problemas de salud derivados del consumo de alcohol. Faulkner murió en 1962, a los 65 años, de un infarto de miocardio.

4. Anthony Burgess

El autor inglés, conocido por su sátira distópica La naranja mecánica, era un gran bebedor, y solía combatir las borracheras con más alcohol, pero siempre elaborando un cóctel casero que, aseguraba, le quitaba enseguida el dolor de cabeza: el famoso Hangman´s Blood (“Sangre de ahorcado”). Lo raro es que no le llevara de nuevo a la cama.

Aunque se cree que el cóctel en cuestión fue una creación de Richard Huges, que hablaba de él en su novela de 1929 A High Wind in Jamaica, llegó a las páginas de The Guardian en 1960, de manos del propio Burgess: “En un vaso de pinta vierte medidas dobles en el siguiente orden: ginebra, whisky, ron, oporto, brandy. Añade una botella pequeña de stout [cerveza negra, tipo Guiness] y cubre la mezcla con champán. Sabe muy suave, induce una euforia algo metafísica y casi nunca deja resaca”.

5. Ernest Hemingway

Hemingway es considerado el principal rival estilístico de Faulkner, pero también podrían haber competido por ver quién aguantaba más bebiendo. El premio Nobel era un conocido borracho, amante de la fiesta y todo lo que oliera a juerga (por eso quizás le gustaba tanto España).

El escritor tenía sus propios remedios caseros para la resaca que incluían (¡sorpresa!) más alcohol. Cuenta la leyenda que uno de sus combinados favoritos era una mezcla de zumo de tomate y cerveza, pero es más creíble (porque hay textos sobre ellos) que matara las resacas a golpe de uno de sus licores favoritos: la absenta.

Hemingway bautizado a un cóctel para la resaca con el nombre de uno de sus relatos,Muerte en la tarde, que narraba su experiencia en las corridas de toros de España. No sabemos si quita la resaca, pero lo que es seguro es que te devuelve la borrachera. “Vierta una medida de absenta en una copa de champán. Añade champan helado hasta que adquiera la opalescencia propia de la leche. Bebe tres o cinco lentamente”.

Como muchos de sus colegas, Hemingway arrastró problemas de salud derivados del consumo de alcohol durante toda su vida: fuertes dolores de cabeza, alta presión arterial, problemas de peso y, finalmente, diabetes. En 1961 se quitó la vida.

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