Gamboinos y oñacinos: la guerra fratricida de las boinas contra las txapelas
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VASCOS CONTRA VASCOS

Gamboinos y oñacinos: la guerra fratricida de las boinas contra las txapelas

De aquel banquete en apariencia fraternal, tan frecuente entre la gente nacida bajo una txapela, germinó una sentencia que cambiaría el futuro

Necesitamos el arte para no morir de realidad.

–Anónimo

Deaquel banquete en apariencia fraternal e inocuo –como tantos habituales entre la gente nacida debajo de una txapela–,había germinado una sentencia que cambiaríael futuro. Un odio larvado en la memoria familiar y unas ganas de desquite que se podrían habernegociado con un poco de mano izquierda, desembocaron en una guerra abierta por parte dedosfacciones vascas en laque, lamentablemente, no había puerta de emergencia.

En un lugar del enigmático interior de la pequeña Gipuzkoa, rodeada de tupidos bosques, existe un pequeño pueblo que parece hecho de piezas de Lego . Oñate se llama.

Se discutía en torno a una gran mesa de hayasobre la perdida de rentas en beneficio de las nuevas y emergentesurbes costeras y el desaguisado que suponía para la tradicional cultura señorial de aquel tiempo, el roto que a los antiguos señoresde Bizcaia y Gipuzcoa les estaba suponiendo la lenta e inexorable erosión de esta alianza de pescadores, burgueses y artesanos que lentamente mermaban su poder.

Ya sea por un exceso de ingesta de txacoli o por un arrebato mal controlado, el caso es que ese día bajaron del monte algunos viejos señores con una importante escolta de “morroskos” con intención de no dejar títere con cabeza.

Las guerras de bandos o guerras de banderías, fueron una serie de enfrentamientos que se dieron en el territorio del actual País Vasco hacia finales de la baja Edad Media, transicion histórica que daría lugar a la aparición de los estados modernos. En estos enfrentamientos intervinierondiferentes linajes de la nobleza rural vasca ysolo remitieron cuando los Reyes Católicos hicieron valer su indiscutible poder para proteger los interesescomercialesde Castilla en el Cantábrico y de paso intervenir en la trifulca entre unos socioscuya fidelidad no se cuestionaba, pero si la potencialidadincendiaria y de desestabilización que podían ocasionar en la zona, de ir el tema a más.

Estacazos en Euskalherria

Aunque todo comenzó al trote y con sordina, al cabo de muy poco tiempo la cosa se había puesto bastante fea.

Al principio,el campesinado, que estabaun poco harto de que le hurgaran el bolsillo tan descaradamente con cargas fiscales cada vez más desproporcionadas, se había enfrentado a la nobleza, que estaba muy subida con los poderes otorgados por los reyes de la meseta en unos casos, y otros,por los adquiridos en el decurso del tiempo.Más tarde, dicha nobleza, un poco aburrida no se sabe si de apalear “casheros”, la emprendió contra el emergente poderdelas villas como aglutinadorasy espejo de progreso, y finalmente, la cosa se desmadró cuando esta nobleza en sus ansias de monopolizar la sartén, se lio entre ella misma .

Para entonces, los estacazos ya eran con madera de pino. Este último lance, es el que representa o determina la parte más conocida de estas luchas que asolaron en su momento este bello y enigmático lugar bañado por un lado,por un mar a veces inmisericorde y por otro, por unos valles de belleza mágica generosamente regadospor las lluvias benefactoras.

En este escenario, los diferentes linajes de la nobleza rural de los territorios que hoy configura el Pais Vasco o Euzkalherria,se aglutinaron en torno a las dosfamilias que pretendían detentar la hegemonía en esta preciosaalfombra verde en el norte de España.

Dos bandos bien definidos, los Gamboa y los Oñaz, crean en pocos años una sonada tangana difícil de detener una vez iniciada. Los lazos de sangre entre las familias enfrentadas, fueron la clave para entender como se pudo sumar tanta gente a aquel desgraciado encontronazo .Los parientes mayores eran las familias más poderosas obviamente, y a eso había que sumarle las diferentes formas de vasallaje que podían ir desde la obediencia al amo de turno a cambio del condumio y la protección , hasta implicar al comprometido por la mera palabra dada , algo muy frecuente en aquella zona y en aquel momento , costumbre todavía bastante extendida entre los vascosdel mar (arrantzales) y “casheros “ en el interior de Gipuzkoa y Bizkaia, en el ámbito sobre todo de las ferias y mercados locales e incluso en las relaciones interpersonales .

Tanto los agramonteses como los beamonteses tenían alianzas con los bandos de la parte occidental de lastierras vascas, básicamente, con aquellas que colindaban con la actual provincia de Gipuzkoa, partes estas, que habían pertenecido al reino de Navarra en su momento, hasta finales del siglo doce aproximadamente, y estos a su vez, habían tenido sus más y sus menos con los beamonteses en una anterior disputa doméstica en el Reino de Navarra, con lo cual, la agarrada venía de lejos. Los Oñacinos tenían como aliado al reino de Castilla y los Gamboinos, al Reino de Navarra. Fernando el Católico, que no era manco, miraba de soslayo a este pequeño gran reino pirenaico, y con su habitual destreza, dejaba que los vientos discurrieran a su favor. Finalmente Navarra caería como fruta madura en manos de este muñidor de lo que hoy es la casa común que habitamos; pero este es otro tema.

Además, se hace necesario recordar, que este enorme rey aragonés,sillería de la temprana España, vio muy claro que el negocio estaba en el auge de las ciudades y apostó fuerte por él.

Desde los albores del siglo XII los habitantes de Guipúzcoa se dividieron en dos grupos: Los oñacinos y los gamboinos. No está suficientemente aclarado y es uno de los temas más discutidos de la historia vasca,el que se refiere a la formación de estos dos grupos, llamados también parientes mayores, jaunchos, cuyas banderías ensangrentaron durante cerca de tres siglos las tierras vascas.

Las constantes guerras entre Castilla y Navarra por la posesión de las tierras de la Rioja, Bureba y Vascongadas alimentaron esta rivalidad hasta extremos insospechados ya que los oñacinos apoyaron a Castilla mientras los gamboinos apoyaron a Navarra. En definitiva, una melee digna de un partido de los All blacks.

Anarquía en Bilbao

En el trasfondo de estas luchas estaba la menguade las rentas y el estatus social que de a pocose inclinaban en beneficio de las pujantesy emergentes villas, o lo que es lo mismo, como dirimir entre ambos bandos la cuestión del pastel a repartir,habida cuenta de que este empezaba a tener vida propia y empezaba a escapar al control de los señores tradicionales. Una burguesía bulliciosa y con pulso propio comenzaba a reivindicarse en detrimento de los poderes tradicionales. Renovarse o morir, y esto fue lo que sucedió; que se lio parda.

La anarquía política en la región ibain crescendo y las villas-ciudades como Bilbao y Bermeo comenzabana ser un contrapoder incómodo para los tradicionales terratenientes que veían mermar su secular y férreo control sobre el campesinado que inevitablemente se interesaba por la oferta urbana y sus novedades.

En medio de una suma de agravios difícil de cuantificar –si hubiera que buscar una causa primera que lo justificara–, los Gamboínos en un audaz asalto nocturno a la familia Oñaz en su feudoGuipúzcoano, le prendieron fuego a la casa solariega de estos, a los cuales no les dio tiempo ni a poner a buen recaudo el txacoli ni los ahumados. El pater familia y una docena de colegas,murieron en el incendio. Para colmo de males, las tierras de la familia Oñazfueron esquilmadas por los Gamboínos y sus aliados que dejaron a aquellos sin condumio ni morapio para capearel crudo invierno con dignidad.Como con las cosas de comer no se juega, los aliados de los Oñaz, aunque tarde, acabaron llegando en su defensa. Lo que a priori parecía una agarrada de andar por casa, se convirtió en una alambicada historia de venganzas familiares.

Un tiempo más tarde, una trifulca por los derechos portuarios del canal de Pasajes, cerca de San Sebastián–Donosti, se llevó más de un centenar de almas tras una riña tumultuaria. La cosa iba a peor y no tenía visos de mejorar .

Finalmente,las rivalidades entre los dos bandos crearon tanta inseguridad en “los mercados” que el trigo y una buena parte de la lana que se exportaba a los Paises Bajos e Inglaterra debieron de ser desviados por Asturias. Las villas- ciudades costeras se defendieron de la nobleza rural y su mutua inquina, mediante la creación de las Hermandades, embrión de lo que luego serían las posterioresJuntas Generales. Castilla, que estaba ojo avizor, se aliaría con las villas-ciudadesen la lucha contra la nobleza rural. Estaalianza para superar el caossocial acabó por derrotara los conflictivos “señores de la guerra “rurales, que a resultas de su estrepitosa derrota resultaron desterrados a la frontera con Granada a varear olivas durante una buena temporada.

Como rúbrica a estos tristes pugilatos, las pujantesactividades mercantiles de las villas, acabaron enterrando al mundo rural de los parientes mayores. Quizás, una resistencia al cambio no asumida por falta de clarividencia o realismo, dieron al traste con lo antiguo en beneficio de una apuesta de renovación. Un pueblo tan proverbialmente unido como lo es el pueblo vasco, estuvo durante un tiempo circulando en sentido contrario al de las agujas de la historia.

A modo de conclusión, las vascongadas con la perspicaz anuencia de Fernando el Católico –visionario donde los haya–, obtuvieron unos fueros ampliados que durante siglos las hicieron singularesy privilegiadas, primero en su excelente relación con Castilla, y más tarde, ante España.

La poderosa identidad deun pueblo cuyo trazado a travésde la historia aun hoy es indescifrable, acabaría fundiéndose a través de los buenos oficios del rey católico, en una relación equivalentey comprometida con sus pares peninsulares. Los fueros o privilegios exclusivos a estas provincias a los efectos de permitirles el autogobierno dentro del Reino de Castilla, aunque datan de una época anterior en su génesis y constitución (los fueros de los vizcaínos se redactaron en 1342)fueron en su tiempo, una enorme apuesta diplomática resultante de la habilidad de un rey de aptitudesexcepcionales.

Fernando el Católico posteriormente restablecería la paz definitivamente, concediendoa Bilbao las mismas prerrogativas otorgadas poco antes a Vitoria.Ya para 1483 acudiría a jurar los fueros bajo el árbol de Guernica, notable acto de compromiso y de altura diplomática que durante siglos sería la referenciade estilo a seguir por todos los reyes de España. Un juramento por parte de los reyes castellanos primero y españoles despuésen una ceremonia simple, quedaba sellado con un apretón de manos en el que los vascos juraban fidelidad, vasallaje y compromiso en la defensa de la nación al rey de turno, a cambio de permitirles gestionar con los derechos forales sus asuntosdomésticos sin mayores intromisiones.

Pero esta excelente relaciónde más de diez siglos, si nos atenemos a sus más remotos orígenes –la relación entre las casas señoriales y los castellanos venían de lejos–,se vendría abajo en los prolegómenos de la terrible Guerra Civilespañola. El País Vascohabía apostadoporla República. La represión posterior del dictador contra el pueblo vasco y la calificación de provincias traidoras, dejaría tocado del ala un cordial vinculo milenario.Un gran error en una relación que hasta entonces había sido modélica e impecable.

España, suma y sigue.

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