NUESTROS GRANDES TALENTOS MORALES

Decir que no: principios y valores en época de crisis, tarjetas 'black' y corrupción

Llevamos varias semanas con una noticia atravesada en la garganta: el expolio masivo hecho con la corrupción generalizada. ¿Por qué ha ocurrido esto?

Foto: Los casos de corrupción pueden conducirnos al relativismo moral, pero debemos mantenernos lejos de la tentación. (iStock)
Los casos de corrupción pueden conducirnos al relativismo moral, pero debemos mantenernos lejos de la tentación. (iStock)

Llevamos varias semanas con una noticia atravesada en la garganta: el expolio hecho con las “tarjetas black” de Caja Madrid. Poco a poco vamos conociendo en lo que ha consistido este abuso hecho -para más inri- con la única finalidad de regalarse al cuerpo comidas, viajes y agasajos varios a costa de los demás… Y lo que iremos conociendo… Y lo que no…

Lo tenemos muy presente porque amén de nuestros medios de comunicación, los españoles –creativos y sarcásticos– agudizamos nuestro ingenio para twittear, whatssapear y facebookear chistes mordaces que nos remueven las entrañas, el intelecto y el sentir. La agudeza en la crítica: he ahí uno de nuestros grandes talentos. Pero, ¿qué otros talentos tenemos?.

Las circunstancias económicas actuales no son favorables para desarrollar nuestros talentos con tranquilidad y muchas veces nos llegamos a desesperar y a replantear todo al ver que los pasos que damos no son para avanzar sino para resistir y vencer la inercia que parece empeñada en hacernos caer. Es cierto. Seguimos en crisis y somos conscientes porque la sentimos: monetaria, política, laboral, profesional, sentimental e incluso emocionalmente, pero también hay –y lo sabemos– una clave para salir de todas ellas: que la crisis no llegue a ser personal, que no afecte al ser, al “yo” más profundo, ese lugar en el que todos guardamos los principios y valores que nos dan trascendencia individual y social y que se nos revelan en estos momentos enormemente necesarios.

  • Principios. No podemos escribir buenos finales si no tenemos buenos principios. Principios que nos sustenten, que sean nuestros pilares representativos sobre los que construir y engrandecernos en todas las facetas de la vida.
  • Valores. Que situamos en un contexto y que graduamos en una escala en la que clasificamos a propios y ajenos, con la dualidad entre el bien y el mal –casi siempre– de telón de fondo.

Está claro: ambos conceptos son diferentes porque mientras los principios son normas que nacen de nosotros mismos por el aprendizaje individual y grupal que realizamos al interactuar con los demás, los valores son códigos morales que suelen obedecer a la pertenencia de una sociedad y condicionan el desarrollo que ésta tenga. Los dos están muy arraigados en nosotros y en la sociedad española. Una sociedad que se duele y que ironiza –la ironía es una tristeza que no puede llorar y ríe (me permito añadir un grado más al “sonríe” que dijo el gran Jacinto Benavente)– y que representa como nadie nuestro impulso crítico a base de carcajadas nerviosas y dolidas. Nuestra sociedad sabe y siente y eso es más plausible desde que todos somos notorios emisores sin fronteras a través de las redes sociales.

Entonces, ¿Qué nos pasa? ¿Cómo pueden sucederse tamañas tropelías? ¿Es que el “si no lo hago yo, lo harán otros” se conjuga en la primera persona de nuestros verbos? ¿Es realmente el nuestro un país de charanga y pandereta o es que vivimos anestesiados?

Debemos desechar estas creencias limitantes sobre nosotros mismos, que son generalizaciones sistematizadas a raíz de hechos controvertidos que sucedieron en nuestra sociedad

No, no lo creo. Y no creo que lo sintamos ninguno en el fondo. Por ello debemos desechar estas creencias limitantes sobre nosotros mismos, que son generalizaciones sistematizadas a raíz de hechos controvertidos que sucedieron en nuestra sociedad –como en todas– y que debieron grabarse en nuestra mente como excepciones y no como reglas. Nuevamente, nuestro espíritu irónico hace de ello una realidad que anuncia con muecas inquietas. Dejemos de hacerlo. Venimos de esos hechos, pero también de otros muchos hechos valientes y ejemplares. Es urgente cambiar estas creencias limitantes por otras potenciadoras para la supervivencia individual y colectiva y para nosotros mismos, por la sencilla razón de que son nuestras creencias las que construyen nuestra realidad, nunca viceversa; o dicho en román paladino: porque somos aquello en lo que creemos.

Proactivos en la condena social

Todos entendemos términos como el compromiso, el coraje o la integridad y no podemos renunciar ni a éstos ni al resto de nuestros principios y valores fraguados en casa, en la familia y con amigos desde una convicción íntima porque sin ellos no nos levantaríamos ante las injusticias, no lucharíamos cada día por un mundo mejor, no trataríamos de activar –pequeños y potentes agentes de cambio– nuestro ánimo y no rechazaríamos de pleno el relativismo que lleva a contemporizar con actitudes y acciones absolutamente condenadas por nuestro fuero interno. Pero con entender no es suficiente, debemos creerlos y comprenderlos desde la actuación, es obvio: comprender es hacer. Sólo hacer las cosas lleva inherente haber realizado la comprensión previa del concepto dado que solamente las acciones convierten el conocimiento en aprendizaje y finalmente, en sabiduría. Así que tenemos que seguir siendo proactivos en la denuncia y condena social de estos delitos a voz en grito y en obra, porque –siempre la vida va un paso por delante de las normas– podemos y debemos influir directamente en los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) que nos representan. Debemos asumir que el cultivo de nuestros mejores principios y valores depende de nosotros única y exclusivamente y que el ejercicio de esta libertad conlleva para todos una responsabilidad no sólo hacia los que ya conocemos y queremos, sino hacia los que están por venir.

Dicen que el parásito más resistente que se puede desarrollar en el ser humano es una idea, que va haciéndose más y más grande en él hasta que le va horadando, transformando y despertando a la acción. Nadie mejor que el maestro Benedetti para hablarnos hoy. Dejemos que su famoso poema “Decir que no” recale en nuestros principios y valores y leámoslo comprendiéndolo, descubriendo la acción en sus palabras, instándonos a no abrir la mano de ninguna manera ante cualquier “tarjeta black” situación que podamos llegar a vivir para permitirnos cerrarla y dar un puñetazo en la mesa que muestre al mundo en verdad, quienes somos.

Decir que no

“Ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

ver que el dinero forma un cerco
alrededor de tu esperanza
sentir que otros
los peores
entran a saco por tu sueño

ya lo sabemos
es difícil
decir que no
decir no quiero

no obstante
cómo desalienta
verte bajar tu esperanza
saberte lejos de ti mismo

oírte
primero despacito
decir que sí
decir sí quiero
comunicarlo luego al mundo
con un orgullo enajenado

y ver que un día
pobre diablo
ya para siempre pordiosero
poquito a poco
abres la mano

y nunca más
puedes cerrarla”.

*Laura Arranz Lago es gerente de Medialia, Abogada y Mediadora familiar, civil y mercantil, Coach experta en Programación Neurolinguística y Profesora en distintas Escuelas de Negocios.

Alma, Corazón, Vida
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