Trabajo: ¿Tienes la regla? Las actitudes machistas que sufren las mujeres en el trabajo. Noticias de Alma, Corazón, Vida
EL PROYECTO DEL SEXISMO COTIDIANO VUELVE

“¿Tienes la regla?” Las actitudes machistas que sufren las mujeres en el trabajo

A pesar de ciertos adelantos en la igualdad de género, la discriminación tiene raíces más profundas y provoca actitudes consolidadas y casi invisibles

Foto: El acoso sexual es mucho más frecuente de lo que nos gustaría pensar. (Corbis)
El acoso sexual es mucho más frecuente de lo que nos gustaría pensar. (Corbis)

La paridad de género o la desaparición de la brecha salarial entre hombres y mujeres son dos iniciativas que contribuyen a la reivindicación del sexo femenino en el entorno laboral, pero la discriminación tiene raíces más profundas y también hace referencia a actitudes consolidadas pero invisibles para muchos. Algunas de ellas son plenamente conscientes, mientras que, en otros casos, el que incurre en ellas ni siquiera se da cuenta de las implicaciones de su comportamiento. Tanto es así, que algunas mujeres atentan contra la igualdad de su propio género sin saberlo.

¿Cuáles son los comportamientos machistas más habituales? El proyecto Machismos Cotidianos (o Everyday Sexism), del que ya hemos hablado aquí en alguna ocasión y que cada vez cuenta con más adeptos, es una buena fuente de anécdotas, como las que han sido recogidas en el periódico británico The Guardian. Como recuerda su impulsora Laura Bates en una entrevista, si no decimos “ha sido una pequeña discriminación racista, no pasa nada”, tampoco deberíamos hacer lo mismo cuando la víctima sea una mujer.

  • Que te confundan con la secretaria

Durante muchos años, la mujer no podía aspirar a un puesto que no fuese administrativo o de apoyo. Por ello, como señala una participante, suelen confundir a una mujer que toma notas con una secretaria. Incluso en el caso de que el resto de compañeros sepan que, efectivamente, no lo es, ciertos lugares comunes como que las mujeres son más organizadas provocan que se espere que sean ellas las que hagan el trabajo sucio: “Soy la directora del departamento de captación de fondos de mi compañía de caridad, pero cada vez que acudo a una reunión con un hombre, le saludan y se dirigen a él primero”.

  • Que te confundan con la camarera

Una variante de la situación anterior en la que una mujer cuenta cómo, debido a que era la única en una reunión de altos cargos, se le preguntó si podía servir un café con dos terrones de azúcar (a pesar de llevar un informe entre sus manos).

  • Que te digan “buena chica”

Aunque las fórmulas lingüísticas no se parecen demasiado entre el inglés y el castellano, la condescendencia implícita en ciertas formas de referirse a las mujeres es común. Una de las participantes explica cómo, harta de que su superior la llamase “buena chica” cuando expresaba una opinión interesante, decidió devolvérsela y llamarle “buen chico”. Su jefe se dio cuenta de ello y, aunque comprendió su actitud, le recordó que no lo había hecho con mala intención.

  • Si te quejas, es que tienes la regla

Una respuesta habitual y fomentada por el chascarrillo humorístico es achacar todos los cambios de humor, quejas y arrebatos de furia a la menstruación. Algo no sólo enormemente sexista, sino que también implica que no se aborde el fondo del problema, puesto que no se trata más que de un arrebato repentino. “¿Estás en ese momento del mes?” fue la respuesta que la compañera de una de las autoras recibió después de leer la cartilla a un compañero que no había cumplido los plazos previstos en la entrega de documentos.

  • “¿No se puede poner un hombre?”

Tradicionalmente, el sexo masculino ha ocupado los puestos de responsabilidad, lo que provoca que muchos esperen que sea un hombre quien pueda marcar la diferencia ante una petición. De ahí que muchas ven cómo sus clientes solicitan que se ponga pronto alguien de otro sexo puesto que, parece ser, ayudará antes a resolver el problema.

En un mundo de hombres, la mujer aún es víctima de la discriminación sexual. (Corbis)
En un mundo de hombres, la mujer aún es víctima de la discriminación sexual. (Corbis)
  • Tener una idea, que te la rechacen, y que un hombre la repita entre los aplausos de los compañeros

No nos engañemos: nuestra predisposición a aceptar o rechazar una idea no depende tanto de la brillantez de la misma como de dónde venga. No hace falta ser una mujer para sentir cómo tus propias ideas suenan mejor en la boca de un superior o del niño bonito de la oficina, pero en el caso de las mujeres, es aún peor. Esto implica otra variante: hacer oídos sordos a lo que esta dice y repetirlo, acto seguido, como si se te hubiese ocurrido a ti. Probablemente encontrarás la aprobación de otros hombres.

  • Que te pregunten sobre tus perspectivas maternales

Muchos hombres, cuando miran a una mujer, no ven a una mujer, sino a una esposa, una novia… y, sobre todo, una madre. De igual forma que para los hombres su paternidad es casi irrelevante en términos laborales –o, incluso beneficiosa, en cuanto que es una forma de retener al trabajador–, para las mujeres puede ser decisiva a la hora de aspirar a un trabajo. Como explica una mujer en la página, dicha pregunta suele ser antecedida por un “sé que no debería preguntar esto, pero…”

  • Ser considerada un riesgo maternal

El corolario del anterior punto. Es imposible cuantificar la cantidad de mujeres que son rechazadas en una entrevista de trabajo por encontrarse en edad de tener hijos, puesto que la razón aducida siempre será otra, pero hay casos en los que esta objeción es expresada de forma manifiesta: “Me entrevistaron para una pequeña empresa cuando tenía poco más de 20 años”, explica una mujer en la página. “El dueño de la firma me dijo que no me iban a contratar porque probablemente me quedaría embarazada y pediría la baja, y que si contaba lo que había dicho lo negaría todo”.

  • Que te acusen de pensar como un bebé

En España el concepto de baby brain no se encuentra demasiado extendido, pero en el extranjero está más o menos aceptado que las mujeres experimentan cambios cognitivos después de ser madres, producto del período de crianza y la necesidad de comprender al bebé. Una de las mujeres del estudio explica cómo su jefe la relegó de su puesto de responsabilidad tras volver de la baja maternal puesto que consideraba que ya no tenía las mismas capacidades mentales que antes.

  • Ser acosada

Hasta ahora hemos recopilado actitudes sexistas relativamente sutiles, pero debemos recordar que el acoso laboral es más frecuente (y menos visible) de lo que nos gustaría pensar. Intentos de flirteo que terminan con el despido una semana después de un rechazo o sugerencias sexuales que derivan en un trato despótico contra la mujer son historias que se repiten entre las colaboradoras de Everyday Sexism Project. 

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