Soluciones alternativas

10 curiosos trucos cotidianos que te harán la vida más sencilla

En ocasiones el devenir nos pone a prueba con cosas que jamás se nos ocurrirían, en este artículo damos una serie de consejos para salir victorioso de ellos

Foto: Hay otras formas para abrir la cerveza que hacerlo con los dientes. (Corbis)
Hay otras formas para abrir la cerveza que hacerlo con los dientes. (Corbis)

Ridículos, hilarantes, estrambóticos, graciosos… pero útiles. Muchas veces las grandes soluciones para los pequeños problemas son tan estúpidas que jamás se nos ocurrirían, hasta que un… personaje con mucha imaginación consigue un truco para ellas.

En este artículo os mostramos una serie de trucos que (si no nos da vergüenza hacerlos), no nos cambiarán la vida, pero sí nos hará llevar algunos aspectos más llevaderos.

1. En un aparcamiento no encuentro mi coche

La forma más sencilla para saber en qué lugar está aparcado será dar al mando para abrir la puerta, si no se abre porque está más lejos prueba a colocar el mando en tu barbilla o cabeza, la onda llegará más lejos. Los más previsores pueden hacer una foto a la plaza en la que se ha aparcado para no olvidarse.

2. Qué pereza descascarillar los huevos cocidos

Es una tarea que no implica ni gran talento ni una fuerza exacerbada, pero no nos engañemos. Da mucha pereza. Si dejas que se enfríe un poco, quitas la cáscara de las dos “semicircunferencias” más alejadas y soplas por la parte más ancha, conseguirás en menos de 10 segundos haberlo pelado.

3. Se me baja sola la cremallera del pantalón

Esos vaqueros tan bonitos que te hacen unas piernas tan bonitas tienen un pequeño problema: la cremallera de la bragueta ha optado por tener vida propia y bajarse sola para dejarte en evidencia.

Solución: átala en corto. Coge una arandela de un llavero, engánchala al tirador, sube la bragueta y engánchala al botón del pantalón. Muy sencillo y a la vez efectivo. Pero si no te ha quedado claro puedes ver los pasos en Taringa.

4. Tengo unos botellines bien fríos de cerveza pero no un abridor

Da igual que sean quintos, cuartos o tercios. Para abrir una cerveza tan solo hay que pensar en la física y en la ley de la palanca. Cualquier objeto alargado y no demasiado grueso debería valernos para abrirla, pero si no lo tenemos no hay de qué preocuparse: los más burros lo hacen con los dientes, pero para los más delicados con una hoja de papel les valdrá, solo es necesario hacer muchos dobleces.

Si ya eres un experto en abrirlas puedes probar con nuevos retos, como utilizar un frisbee con tal propósito.

5. Me gustan las alitas de pollo pero me ensucio mucho al comerlas

Vemos la carne y vamos como locos a comerla, pero si fuésemos un poco más pausados y quitásemos los huesos primero, disfrutaríamos el doble y aprovecharíamos bastante más la carne. Aquí la demostración.

6. Me da mucha pereza doblar la ropa y además soy bastante torpe

En tres pasos y menos de 5 segundos puedes doblar una camiseta. Este vídeo lo demuestra.

7. Tengo la habilidad de cargarme el plátano siempre que lo pelo

La naturaleza es sabia y nosotros, a veces, bastante poco espabilados. Si nos viese un mono pelando un plátano se quedaría asustado de lo complicado que lo hacemos. Solo basta con mirar al “culo” del plátano para entender cómo debemos abrirlo.

8. Mi cubo de la fregona no entra en mi fregadero

Coge un recogedor grande pero que entre en el fregadero y deja que este haga su trabajo.

9. Soy un desastre y no controlo el tiempo de cocción de la pasta

Que no se enfaden los puristas de la comida italiana, está claro que para que la pasta quede de forma óptima han de seguirse unos pasos. Pero para los desastres, saber si la pasta está ya en un buen punto de cocción y no quemarte el paladar en el intento no es tan complicado, tan solo basta con lanzar un espagueti a un azulejo y ver si se queda pegado.

Obviamente, este truco solo es para desastres de la cocina. Y no te sientas mal por ello, hay más de los que piensas. Tienen hasta una página de Facebook.

10. No sé si el bebé de ese viejo conocido es niño o niña

Te encuentras a un viejo conocido por la calle y lleva en su carrito a su hijo recién nacido del que ni sabías su existencia. No puedes evitar decirle lo guapísimo que es, pero no sabes si es chico o chica, en realidad crees que es niña, pero no lleva pendientes ¿Qué puedes hacer?

La solución es poner la voz más ridícula y ñoña que puedas y preguntarle al bebé que cómo se llama, el padre enternecido te dirá su nombre y además pensará que eres adorable por tener tanto cariño a ese fruto de sus entrañas, sentimiento que se verá aumentado cuando le digas lo monísimo/a que es su Julio/a. 
Alma, Corazón, Vida
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