APRENDE A VER LAS COSAS CON PERSPECTIVA

Las tres divisiones que debes realizar para poner solución a tus problemas

Cuando te parezca que se te ha juntado todo, que todo parece irte mal, párate a pensar, no escatimes en el tiempo que le dediques. Organiza tu vida

Foto: Saber organizar nuestra vida, y verla con perspectiva, es fundamental para nuestro bienestar. (iStock)
Saber organizar nuestra vida, y verla con perspectiva, es fundamental para nuestro bienestar. (iStock)
¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de que todo le sale mal, de que se le ha juntado todo? En el mejor de los casos, llamamos a estos periodos "malas rachas” y nos conformamos con pensar que terminarán arreglándose si dejamos que pase el tiempo suficiente. También hay quien prefiere tirar de superstición y echarle la culpa a una mala alineación de astros, a la luna que no está en su mejor fase o a algún tuerto que nos miró sin que nos diéramos cuenta. 

En otras ocasiones sencillamente nos quedamos estancados, sintiéndonos francamente mal y permitiendo que esta oleada de negatividad y desesperanza contamine nuestro tiempo, nuestra actividad y nuestras relaciones. Tenemos la sensación de que todo va mal y no somos capaces de entender cómo hemos llegado hasta ahí y mucho menos, qué hacer para poner fin a esa situación tan desagradable. Sobra decir que en ocasiones esta sensación es real. Es posible que, realmente, la mayor parte de lo que nos ocurre y nos importa no nos vaya del todo bien, pero generalmente se trata de un problema perceptivo, es decir, no estamos mirando a nuestro mundo de la manera adecuada. 

Una generalización excesiva puede hacernos sentir especialmente mal basándonos en una percepción errónea de nuestra situación

Se trata de un problema de economía cognitiva, nuestro cerebro tiene la sana costumbre de no despilfarrar recursos, y trata siempre de conseguir el mismo resultado haciendo las menos operaciones posibles. Pasa en muchos otros ámbitos, y en la mayor parte de los casos es bastante útil. Por ejemplo, ocurre con los colores. Existe un número grande de longitudes de onda, por ejemplo, nuestro cerebro a todas las que caen entre 570–590 nanómetros las llama “amarillo” y se ahorra el esfuerzo de tener que percibir, procesar y categorizar cada una de esas longitudes. En ocasiones estos “recortes" de nuestro cerebro afectan a áreas o ámbitos de nuestra vida en los que no son útiles. A veces adoptan la forma de prejuicios y nos llevan a rechazar globalmente a personas solo por sus ideas o su lugar de residencia. En otros casos nos llevan a tachar de horrible a nuestra situación personal basándose solo en uno o dos problemas con los que no contábamos. Esta generalización excesiva puede hacernos sentir especialmente mal basándonos en una percepción errónea de nuestra situación.

Si el problema es de exceso de ahorro, la solución será incrementar el gasto, pero incrementarlo bien. Se trata de pararse a pensar con más detalle sobre nuestra situación, de analizar en profundidad lo que nos está pasando para quedarnos con un destilado más fiable y útil. La clave será dividir en tres fases ese “todo” para quedarnos con trocitos más pequeños que hagan nuestros problemas más realistas y abordables.

Primera división

El primer paso es separar los problemas por áreas (trabajo, familia, salud, relaciones, etc.). Pregúntate en qué medida las cosas en cada área ocurren de una manera satisfactoria para ti. No tengas miedo en ponerles nota del 0 al 10, así evitarás pensar de manera polarizada y tendrás un análisis de tu situación más preciso. Trata de ser lo más específico que puedas, tómate tu tiempo, y si hace falta, hazlo por escrito. Es muy probable que en el proceso descubras que no todo va mal, que son dos o tres cosas las que no están saliendo como esperabas y el resto está razonablemente bien. No te asustes ni te culpes por ello, estamos diseñados para prestar más atención a lo malo, y por eso a veces, sin darnos cuenta, nos olvidamos de lo que va bien en nuestras vidas. Como resultado de esta división, debes quedarte con una imagen realista de tu situación, con una descripción clara de dónde están los problemas y con cierto alivio al darte cuenta de que no todo está saliendo mal. 

Segunda división

Separa los problemas de las preocupaciones, y ¿cuál es la diferencia? Muy sencillo, un problema por definición es algo de lo que puedes ocuparte, es decir, tienes cierto control o influencia sobre ello y por lo tanto si pones en marcha alguna acción obtendrás algún resultado. Las preocupaciones son todo lo contrario, generalmente consisten en intentos absurdos de actuar sobre cosas que no controlamos en absoluto. Muchas veces se trata de acontecimientos que han ocurrido en el pasado (por ejemplo, haber fallado a alguien importante) o van a ocurrir dentro de demasiado tiempo (por ejemplo, el futuro profesional de nuestros hijos cuando tienen apenas 5 años). Otras veces se trata de situaciones que se pueden controlar, pero ese control le corresponde a otra persona (por ejemplo, que suban los impuestos).

Como resultado de esta división deberás tener una lista concreta de los problemas a los que te enfrentas, solamente aquellos sobre los que tienes cierto control y son lo suficientemente importantes

En cualquier caso, lo que caracteriza a una preocupación es la inutilidad, es decir, aunque invirtieras cinco horas más al día a preocuparte la situación no se modificaría. Como resultado de esta división deberás tener una lista concreta de los problemas a los que te enfrentas, solamente aquellos sobre los que tienes cierto control y son lo suficientemente importantes, y ¿con el resto? Mi consejo es que guardes tu lista de las preocupaciones en un cajón, y quizá más adelante, cuando hayas puesto orden en los problemas importantes, podrás revisarla para decidir si mueves alguna de las preocupaciones a la lista de los problemas o si tiras la lista completa a la basura.

Tercera división

Divide los problemas en problemas más pequeños, tanto como necesites para tener la sensación de que pueden abordarse. Esta es la clave: tener la sensación de que puedes hacer algo, de que con un esfuerzo asumible puedes obtener algún resultado. Esta es la clave de la esperanza tal y como la entendemos en psicología, y es uno de los principales rasgos que definen a las personas felices y enérgicas. Casi siempre que algo nos parece difícil, hay un primer paso mucho más pequeño que podemos dar y que nos acercará a nuestro objetivo. Imaginemos una mudanza. A la mayoría solo oír esa palabra nos da escalofríos y nos entran ganas de salir corriendo. Una mudanza es algo enorme, inabarcable, que podría desmotivar a cualquiera, pero meter libros en una caja de cartón no, ¿verdad? Si descomponemos la mudanza en 10-15 pasos de ese tamaño, solo tenemos que prestar atención y comprometernos con cada uno de ellos al tiempo, solo con uno, y cuando hayamos terminado, ¡a por el siguiente! El resultado de esta división debería ser una lista de “mini” problemas tan pequeños que si aún nos resulta difícil darles solución es que quizá nos hemos equivocado en las divisiones anteriores. 

Así que cuando te parezca que se te ha juntado todo, que todo parece irte mal, párate a pensar, no escatimes en el tiempo que le dediques. En este caso se tratará de una inversión muy rentable, y ya sabemos todos lo que pasa cuando se recorta en donde no se debe… así que ¡suerte con las divisiones!

*Daniel Peña Molino es doctor en psicología, consultor de Recursos Humanos y coach ejecutivo.

Alma, Corazón, Vida
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