Spicer ataca la irracionalidad de las empresas

Por qué seguimos utilizando algo tan estúpido como el Power Point

Las actitudes y prácticas incoherentes o carentes de explicación lógica se están extendiendo en un tipo concreto de empresas. Y el Power Point es el rey

Foto: Existe la convicción generalizada de que tienes que manejar Power Point si de verdad eres profesional. (Corbis)
Existe la convicción generalizada de que tienes que manejar Power Point si de verdad eres profesional. (Corbis)

Andre Spicer, profesor de comportamiento organizacional en la Cass Business School (City University of London), y Mats Alvesson, profesor de la School of Economics and Management (Lund University, Suecia), son los autores del artículo A Stupidity-Based Theory of Organisations, donde investigan acerca de cómo las prácticas poco inteligentes, cuando no directamente irracionales, están cada vez más presentes en empresas cuyo núcleo debería ser el conocimiento.

Spicer dice haber estudiado numerosas compañías especializadas en la prestación de servicios profesionales y haber entrevistado a muchísimos ingenieros, consultores, contables, científicos o profesores, a quienes explicaron sus teorías acerca de cómo esas actitudes y prácticas incoherentes o carentes de explicación lógica se estaban extendiendo en esta clase de firmas. La mayoría de ellos, asegura Spicer a El Confidencial “coincidieron en que la estupidez funcional está muy extendida, y es aplicada por personas que, por lo demás, suelen ser inteligentes”.

A casi nadie le gusta, pero todos lo utilizan porque en otro caso no parecerán lo suficientemente profesionalesEl problema de fondo, afirma Spicer, es que las organizaciones profesionales están cada vez más interesadas en hacer marca de sí mismas, lo que hace que prioricen algunas actitudes y formas de hacer que no son las más adecuadas para realizar bien sus tareas. Además, buscan empleados “genéricos” que se adecúen a una imagen y a un modo de actuar determinados, lo cual suele ir en contra de las necesidades reales de la profesión.

Un buen ejemplo de esta estupidez funcional, señala Spicer, es el uso del Power Point, que “todo el mundo sabe que es un mal modo de transmitir la información. Pero todos lo utilizan, porque existe la convicción generalizada de que tienes que manejarlo si de verdad eres profesional.  Se ha llegado hasta el punto de preparar un montón de diapositivas para realizar una presentación en Power Point para reuniones de dos personas”. En definitiva, a casi nadie le gusta, nadie cree que sea una buena idea, pero todos lo utilizan porque en otro caso no parecerán lo suficientemente profesionales. A eso es a lo que Spicer y Alvesson llaman estupidez funcional.

Alma, Corazón, Vida
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