“LA DESIGUALDAD TIENE QUE VER CON EL CI”

Los gazapos de los políticos: ¿Los ricos "tienen dinero porque son más listos"?

Con la resaca del informe Pisa todavía golpeándonos, volvemos a comprobar cómo a ciertos políticos, sin importar el color, les costaría aprobar dicho examen

Foto: El diputado socialista Pedro Saura es el último político que ha protagonizado un sonado error de ortografía. (rtve)
El diputado socialista Pedro Saura es el último político que ha protagonizado un sonado error de ortografía. (rtve)

Los gazapos verbales de los políticos, sus escritos con errores ortográficos y gramaticales o, directamente, su falta de cultura general son cuestiones a las que ya nos tienen acostumbrados, pero que no dejan de sorprender. Con la resaca del informe Pisa todavía golpeándonos, con unos resultados que vuelven a sacar los colores a ciudadanos y autoridades competentes, volvemos a comprobar cómo a ciertos políticos, sin importar color ni nacionalidad, les costaría aprobar los exámenes de la enseñanza básica obligatoria.

El primero en dar la nota de color ha sido el diputado socialista en el Congreso Pedro Saura, quien expresó el deseo en su cuenta personal de Twitter de que haber si después de 18 años se enteran en el Gobierno de Murcia: no es ni el cemento ni las grandes obras es la educación!!” (sic). El político sí fue docto a la hora de afanarse en borrar el tuit en cuestión y excusarse: “El teclado del teléfono y las prisas, no estoy demasiado puesto en estas técnicas, me han jugado una mala pasada”. Pues eso, una excusa, pues como le contestaba una seguidora: “No sé qué teléfono tendrá usted pero en el mío si empiezo a escribir con ‘a’ de ningún modo me sale ‘haber’”.

La que no pudo achacarle ni al teclado del teléfono ni a las prisas sus garrafales errores ortográficos es la concejal de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid Milagros Hernández, que para más inri es responsable de cultura de la formación. El pasado mes de septiembre envió una misiva al director del Teatro EspañolNatalio Grueso, que encabezaba con el título: “Ha donde va el Teatro Español”. Sí, con ‘h’ y sin tilde en el adverbio interrogativo.

Por si fuese poco, la responsable de cultura de IU en la capital confunde en dos ocasiones el pronombre interrogativo indirecto “por qué” con la conjunción causal “porque” (“Pero porque ahora y no el 429 o el 431”); (“porque no el año pasado que era el 450 aniversario de Lope”). Las palabras mal tildadas completan su entremés teatral. Por algo será que, según el informe PISA de adultos publicado en octubre, las competencias de nuestros mayores son aún peores que las de los niños.

La supuesta relación entre el CI y la distribución de la riqueza

Si los políticos españoles han dado muestras de que los resultados del informe Pisa no son tan malos como podrían llegar a serlo, los representantes públicos de otras latitudes parecen habernos superado. Este es el caso del polémico alcalde conservador de Londres, Boris Johnson. En una entrevista radiofónica, pocas horas después de hacerse público el último informe Pisa, el locutor Nick Ferrari le pidió al tory que le respondiese a una serie de preguntas típicas de los test de inteligencia que miden el cociente intelectual.

Pregunta 1: Un hombre construye una casa rectangular y sus cuatro paredes están orientadas hacia el sur. Un oso se acerca a la construcción. ¿De qué color es el oso?

Respuesta del alcalde londinense: “Probablemente marrón”. La respuesta correcta sería blanco porque se supone que la casa debería estar en el polo norte para poder tener sus cuatro paredes orientadas al sur.

Pregunta 2: ¿Cuántas manzanas tendría si usted coge dos de un total de tres?

Respuesta: "Un montón de manzanas", dice Johnson entre risas para luego cambiar su respuesta con un tono más serio: “Una manzana”. Lógicamente, la respuesta correcta es dos manzanas.

Pregunta 3: Si me voy a la cama a las ocho de la tarde y programo el despertador para que suene a las nueve de la mañana, ¿cuántas horas de sueño tendré? En esta pregunta, el alcalde optó por tirar la toalla y se negó a dar una respuesta… La mejor decisión que podría haber tomado.

Bien es cierto que, al menos la primera pregunta tenía su trampa, pero la entrevista puso en evidencia a un político que una semana antes había asegurado que las personas ricas y exitosas lo eran por su alto CI, mientras que las más pobres también lo eran por su reducida inteligencia. Las capacidades intelectuales determinan la riqueza, según Johnson, y esta es la pescadilla que se muerde la cola. “Para hablar sobre desigualdad hay que tener en cuenta las pruebas de coeficiente intelectual: el 16% de la población tiene un coeficiente intelectual por debajo de los 85 puntos, mientras que sólo un 2% supera los 130”.

Boris Johnson, el polémico alcalde de Londres que justificó la desigualdad por las diferencias de CI.
Boris Johnson, el polémico alcalde de Londres que justificó la desigualdad por las diferencias de CI.

La inteligencia no es innata…

Para explicar esta asociación entre el CI y la movilidad social, el alcalde londinense utiliza la metáfora de la taza de cereales: “Cuando existen estas diferencias es más difícil que algunos cereales lleguen a la superficie; así, la brecha de ingresos entre los mejores cereales y los que están en el fondo de la taza es cada vez más amplia”. Una afirmación que generó un enconado debate en la sociedad británica y que rechazó públicamente Nick Clegg, viceprimer ministro británico.

Para hablar sobre desigualdad hay que tener en cuenta las pruebas de coeficiente intelectual y el 16% de la población tiene un CI por debajo de los 85 puntosEl propio hecho de utilizar el CI como sinónimo de inteligencia ya denota un cierto sesgo de lo que significa este último término, que va mucho más allá del cociente. Un test de este tipo sólo mide, a lo sumo, las competencias lingüísticas, visuales y lógico-matemáticas. Por tanto, se olvida de otras tanto o más importantes como la inteligencia emocional, creativa, relacional, corporal (o psicomotriz), musical, artística, memorística o el tiempo de reacción. Por otra parte, no son pocos los estudios sociológicos que echan por tierra la tesis que explica la desigualdad según los resultados de los test de inteligencia.

Desde que el psicólogo de la Universidad de Columbia Walter Mischel realizó el famoso marshmallow test, la mayoría de neurocientíficos y psicólogos relacionan la inteligencia con la capacidad de autocontrol, lo que conduce a otras habilidades más relacionadas con el éxito como la metacognición, la lógica y la anticipación. “No podemos controlar nuestro mundo, pero sí que podemos controlar cómo pensamos y cómo comportarnos en él", explicaba el propio Mischel.

…Y la pobreza tampoco

Lo más importante de estas teorías es que la inteligencia no es innata, sino que se aprende y se puede ejercitar y desarrollar. Una vez más, la ciencia contradice la afirmación de que la pobreza es endémica a una parte de la sociedad. Concretamente, a ese 16% de la población tiene un coeficiente intelectual por debajo de los 85 puntos, como aseguraba el alcalde de Londres.

La educación universal y la igualdad de oportunidades han demostrado el potencial para romper el estigma de la pobreza y abrir la puerta del ascensor social a toda la población. Otra cosa bien distinta es que las personas en riesgo de exclusión por falta de recursos o procedencia social ni siquiera puedan acercarse al trampolín del éxito.

Estos son sólo algunos de los factores que determinan la desigualdad, cuyas causas son mucho más complejas, además de políticas. Sin embargo, algunos de estos representantes prefieren simplificar, como es el caso de Johnson. Dime de qué presumes, y te diré de qué careces…

Alma, Corazón, Vida
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