Nuestros genitales y el placer
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EL EROTICÓN

Nuestros genitales y el placer

Dedicaré este artículo a hablar de genitales, porque aunque sepamos que no se trata de lo único interesante en cuanto a sexo se refiere, tienen su

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Nuestros genitales y el placer

Dedicaré este artículo a hablar de genitales, porque aunque sepamos que no se trata de lo único interesante en cuanto a sexo se refiere, tienen su importancia. Todo el cuerpo la tiene. En realidad, cuando se habla y cuenta sobre sexo, es el tema más manido, pero merece la pena hacer un análisis algo diferente.

Dado que nuestros modelos culturales de referencia en lo que a sexualidad se refiere, han sido primordialmente reproductivos, los genitales siempre han sido los mayores protagonistas. Los genitales y lo que se hace con ellos en la intimidad (o en público, en función del grado de atrevimiento).

Es por esto por lo que nos encontramos en una cultura erótica coitocéntrica. Y por supuesto que el coito es una manera más de disfrutar entre un hombre y una mujer que se gustan, pero no la única ni necesariamente la mejor para todos. Y hablar de coitos, es hablar de genitales.

¿Nos gustan nuestros genitales?

No sé si han tenido ocasión de hablar con otras personas o con la propia pareja de la opinión que tienen sobre los genitales (en general, o los suyos en particular). Pero resulta curioso que, hombres y mujeres se relacionan de manera distinta con ellos, poseen ideas y opiniones diferentes, y casi diría que actitudes bien dispares.

Es mucho más probable encontrar en los hombres actitudes de aprecio hacia sus genitales, una actitud más cordial y “amistosa” hacia ellos. El caso de las mujeres (en general, por supuesto no es el caso de todas), suele ser diferente. La mujer suele llevarse peor con sus genitales. Cuando los describen usan palabras como feos, raros… La mujer se relaciona de una manera distinta con ellos, más distante, menos cordial.

Este hecho no es casual. Los genitales femeninos, muy frecuentemente se socializan como sucios, feos, malolientes, raros, algo que causa dolor (la regla es sucia, los primeros coitos duelen mucho…) algo que no hay que mostrar, algo que hay que esconder para protegerse de riesgos… Muy frecuentemente las mujeres poseen mayor dificultad en integrar, conocer y aceptar sus genitales como algo hermoso. Y de manera relativamente frecuente también, las mujeres suelen tener más problemas para obtener placer de sus genitales.

La masturbación, algo que el hombre suele descubrir de una manera más fácil (y más temprana), es una ocasión estupenda para aprender algo positivo sobre sus propios genitales. Es una experiencia que permite conocerlos, acariciarlos que permite asociarlos a sensaciones placenteras, a erotizarlos al fin y al cabo. Y no hay mejor manera de empezar a apreciar el cuerpo, cuando se le asocia con el placer.

Por supuesto, la masturbación es también una opción estupenda para la mujer, pero por circunstancias, su aprendizaje y descubrimiento resulta más complicado que para el hombre. La vulva se encuentra escondida, menos visible. Y por tanto se necesita de una actitud curiosa para poder mirarlos y descubrirlos, forjarse una imagen de ellos, descubrir cómo son y qué esconden, sus sensibilidades y posibilidades.

Y dado que la sexualidad casi siempre ha sido sinónimo de genitales, si para la mujer ha resultado durante mucho tiempo vergonzoso socialmente vivir su sexualidad libremente y comportarse como tal, la consecuencia es sin duda que acabe ignorando sus genitales. Y por tanto, que encuentre menos ocasiones para aprender a disfrutarlos y conocerlos. El aprendizaje de la masturbación y de los placeres asociados a ella, suele resultar más complicado para ella.

¿Qué pasa entonces con el placer?

En realidad, para disfrutar de la estimulación y las caricias, es preciso encontrarse en actitud de abandono, prestarle atención al placer, a nada más (y nada menos).

La actitud que una persona tiene hacia sí misma, hacia su cuerpo influye mucho en el placer que obtiene cuando este es estimulado, acariciado, chupado, mordido, contemplado… El placer que se obtiene con los genitales guarda relación con el grado en que se ha aprendido a conocerlos y verlos como algo hermoso, que merece la pena. Y puesto que para las mujeres ha sido y sigue siendo más complicado aprender a sentirse cómoda con ellos, también lo es aprender a gozar con ellos.

La importancia de la masturbación en pareja

Además, la masturbación parece considerarse como una actividad erótica “menor”. Resulta apropiada para cuando no se tiene pareja, para cuando se es adolescente, pero no tanto cuando se puede “aprovechar” el deseo para cosas más adecuadas (esto es, coito, con una pareja).

En realidad, el aprendizaje de la masturbación resulta muy aprovechable también para disfrutar en pareja. No todas las relaciones placenteras han de incluir el orgasmo. Puede haber mucho placer, mucha satisfacción sin que el orgasmo se produzca. Pero obviamente el orgasmo es en muchos casos deseable, y el mejor aprendizaje del orgasmo viene de la mano del aprendizaje de la masturbación. Es por esto por lo que cuando una persona (hombre o mujer) ha aprendido a conseguir orgasmos a solas, resulta más fácil obtenerlos cuando se desean, en pareja.

Además de ser un juego erótico también para disfrutar en pareja, confiere autonomía y permite aprender a responsabilizarse también del placer de uno mismo. Porque cada uno/a de nosotros/as, puede contribuir también y mucho al placer que obtiene en las relaciones eróticas.

*Ana Belén Carmona es psicólogo y sexólogo.

Asociación www.lasexologia.com.

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