vilna, riga y tallín, sus capitales

Circuito por los países bálticos: Estonia, Letonia y Lituania, en coche de alquiler

Este trío de naciones se convierte en el destino perfecto para disfrutar de Europa de una forma diferente. Naturaleza y cultura le están esperando

Foto: La Casa de las Cabezas Negras es uno de los edificios más famosos de Riga, en Letonia.
La Casa de las Cabezas Negras es uno de los edificios más famosos de Riga, en Letonia.

Estonia, Letonia y Lituania parecen esconderse tras una puerta que, si se cruza, saca de la chistera lugares maravillosos. Discretos, en el noreste de Europa, esta terna de países se categoriza dentro de un nombre común —países bálticos— que los bautiza sin distinción de fronteras y que sirve como nexo de unión en su historia. No en vano, los tres hicieron su entrada a la vez en la Unión Europea en 2004 y ahora están apostando fuerte por conseguir hacerse un hueco entre las naciones europeas con mayor recepción de turistas.

Sus atractivos lo merecen. La mejor manera de conocerlos sin dejar ninguno en el tintero es a través de un circuito por los países bálticos en coche de alquiler, una alternativa de transporte que permite transitar por sus territorios sin las restricciones de un viaje programado. En general, los precios en estos países no son demasiado elevados y a la hora de llenar el estómago se pueden encontrar menús muy económicos, dos razones que ayudan a elegir el vehículo 'propio' como la opción más acertada entre los que no se quieren dejar ni una migaja de este pastel báltico tan suculento disfrutando del turismo en Lituania como primer bocado.

Vilna, la capital lituana, puede ser el punto de partida perfecto en una ruta que no dejará a nadie indiferente. La Torre de Gediminas, una atalaya de color rojizo que formaba parte de un castillo desaparecido hoy en día, es el símbolo más representativo del país e incluso aparecía en las monedas nacionales previas al euro —las llamadas litas—. A ella se accede a través de un funicular que ahorra el esfuerzo de subir a pie la colina homónima utilizando el tradicional camino empedrado.

Ángel de la República Independiente de Uzupis.
Ángel de la República Independiente de Uzupis.

La ruta por Vilna —también conocida como Vilnius aunque la Fundéu considere el término Vilna como el más adecuado para hacer referencia a la ciudad— no debe continuar sin hacer parada en la iglesia de Santa Ana, un templo representante del gótico tardío ubicado justo al lado del convento de los monjes bernardinos con vistas a la República Independiente de Uzupis. Este barrio, considerado en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, es famoso por la gran cantidad de artistas que han habitado sus casas y por haberse autodeclarado república independiente en 1997. El Ángel de Uzupis es uno de los monumentos más visitados de sus calles, aunque no es más que una escultura alada de un querubín tocando la trompeta —algunos echan de menos el huevo al que sustituyó este ángel en 2002—.

Colina de las Cruces, en Lituania.
Colina de las Cruces, en Lituania.

Dejando atrás esta ciudad de estilo barroco, la Colina de las Cruces no dejará de sorprenderle aunque no profese la religión católica. La cantidad de crucifijos —con o sin Cristo— que se acumulan en este lugar es tal que los expertos solo han podido realizar una estimación: cerca de 400.000 cruces son objeto de peregrinación a 12 kilómetros de la capital lituana. Varios papas han visitado este lugar, en el que se encuentran desde elaboradas estructuras de madera hasta tallas más humildes, pasando por fabricaciones tan artesanas que incluso han sido concebidas en las propias ramas de los árboles del recinto.

La imaginación desbordante de los feligreses que aglutinan sus cruces en esta colina quedará atrás al repasar la historia de Lituania junto al famosísimo castillo de Trakai. Considerado el orgullo medieval del país, viajar a Lituania no se entendería sin sus picudas torres circulares, que recordarán a los más nostálgicos a los juguetes de Exin, aunque habrá que remontarse más allá de los años sesenta —en realidad, el viaje en el tiempo le llevará hasta el siglo XIV— para fechar el inicio de la construcción de sus muros. Las vistas del castillo son maravillosas, pues antes de cruzar sus puertas el lago Galvé hará las delicias de los amantes de la fotografía con sus contrastes cromáticos y lumínicos.

Un paseo por Letonia

Y del castillo de Trakai... al palacio de Rundale. A mediados del siglo XVIII empezó a alzarse este magnífico edificio, que a día de hoy puede presumir de ser uno de los palacios barrocos más importantes de Letonia. El país le habrá dado la bienvenida saludándole desde los balcones de esta construcción, en la que algunos entrevén cierto parecido con el palacio de Schönbrunn vienés por sus características paredes amarillas. Al igual que el ejemplo de la capital austriaca, en Rundale también se puede disfrutar de unos amplios jardines en los que incluso tiene cabida un pequeño teatro diseñado a la usanza romana.

Palacio de Rundale, en Letonia. (CC)
Palacio de Rundale, en Letonia. (CC)

Riga, ciudad principal del Gobierno letón, está 'regida' por los gatos que habitan la Kaku Nams. Con este nombre se conoce la construcción que dispone una pareja de felinos en su tejado, esculturas de gran tradición para la nación. Según cuenta la leyenda, estos animales son fruto de la venganza de un hombre de negocios que no fue admitido en el gran gremio de los empresarios de la ciudad. Como acto de rebeldía e indignación, compró el edificio situado enfrente del que ocupaban los miembros del gremio y ordenó fabricar dos gatos negros que se situarían sobre las tejas dando la espalda a sus 'enemigos'. Aunque en la actualidad esta revancha pueda parecer de lo más inocente, antiguamente fue considerada como una auténtica afrenta al colocar los traseros de dos felinos apuntando hacia tan selecto colectivo.

El gato más famoso de los tejados de Riga. (CC)
El gato más famoso de los tejados de Riga. (CC)

Los gatos forman parte de los monumentos que se ubican en el casco antiguo de Riga, quizás el más llamativo de las tres capitales bálticas. La plaza del Ayuntamiento, la iglesia luterana de San Pedro, el homenaje a los músicos de Bremen o la escultura que simboliza la independencia de Letonia —construida en 1935, con tres estrellas amarillas en las manos de la Libertad— son algunas de las localizaciones de visita obligatoria en este viaje 'a su aire' por Estonia, Letonia y Lituania.

Si echa en falta ciertas dosis de naturaleza en su viaje, espere a conocer el Parque Nacional de Gauja. Este maravilloso espacio verde es conocido como la 'Suiza letona', pero no por sus montañas —casi inexistentes—, sino por sus espectaculares y frondosos bosques. En su extensión —de más de 910 kilómetros cuadrados— se puede visitar el castillo de Turaida, en la región de Sigulda. Al ser contemplado a vista de pájaro tras subir los múltiples escalones de su torre más elevada, los ladrillos rojizos se antojan como una joya carmesí en pleno vergel esmeralda. En el interior, varias salas decoradas con impronta medieval le facilitan el regreso imaginario a siglos pasados.

Tallín, la capital de Estonia

Tallín solo ocupa una superficie de 160 kilómetros cuadrados, pero esta pequeña extensión es más que suficiente para acoger desde castillos hasta parques naturales, pasando por templos religiosos como la impresionante Catedral Alexander Nevski y sus numerosos miradores, que permiten contemplar la belleza de la parte antigua de la ciudad. Tómese su tiempo para conocerlos todos. Si necesita inspiración, es buena idea comenzar dando una vuelta sin rumbo por el centro antiguo. A su encuentro saldrá la torre Pikk Hermann, símbolo nacional estonio que forma parte del castillo de Toompea. Nada menos que 215 escalones separan su parte más alta del suelo, 'azotea' donde se sitúa la bandera de Estonia que baila todos los días al ritmo de una canción popular mientras se arría cuando cae la noche.

Castillo de Toompea, en Tallín. (iStock)
Castillo de Toompea, en Tallín. (iStock)

Y si en Letonia conoció Gauja, en Estonia no puede faltar el Parque Nacional de Lahemaa, el primer entorno verde considerado como parque estatal de la Unión Soviética. Tan solo 70 kilómetros separan este enclave de aire puro de la ciudad de Tallín, por lo que puede programar su visita en el orden que mejor convenga a sus gustos y preferencias. Recuerde que en este viaje a través de los países bálticos es usted el que rige el programa del día: Estonia, Letonia y Lituania estarán encantados de cumplir sus expectativas.

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