LA CRISIS EMPUJA A LAS FAMILIAS ESPAÑOLAS A INICIATIVAS COMO LOS BANCOS DE ALIMENTOS

El comedor de la gente sin 'tupper'

Viernes, dos de la tarde. Como cada día, alrededor de veinte personas acuden a uno de los comedores sociales financiado por la Fundacion Alberto y Elena Cortina.
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El comedor de la gente sin 'tupper'
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    Viernes, dos de la tarde. Como cada día, alrededor de veinte personas acuden a uno de los comedores sociales financiado por la Fundacion Alberto y Elena Cortina. Allí, en el distrito madrileño de Barajas, coinciden niños y mayores que juntos, alrededor de un plato de comida, imaginan el día en que en España vuelva a haber trabajo.

    “El paro está acabando con todo. Después de tres años sin trabajo no me quedan ayudas. Estoy cansado de buscar y no encontrar”. Antonio es español, tiene 53 años y una vida de trabajo a sus espaldas. Habla tranquilo mientras se toma su gazpacho, no esconde la cabeza, no tiene de qué avergonzarse, pero sí mide sus palabras. “No puedo decir todo lo que pienso. Por ellas”. Ellas son sus compañeras de mesa, que no sus hijas: tres hermanas de nueve, once y catorce años que no pierden la sonrisa pese a formar parte de ese 26% de población infantil que ya ha superado los niveles de pobreza. La cifra, que salió a la luz con el informe La infancia en España 2012-2013 de Unicef España, está casi cinco puntos por encima de la media nacional en 2011.

    Los niños poco saben de la crisis. Solo que es mala porque su madre ya no les puede "comprar nada". El comedor, en cambio, sí les gusta. “Pero si no se enteran mis amigos de que vengo”, se apresura a decir la más pequeña.

    Padres sin trabajo, niños sin tupper

    Este curso los niños han vuelto al colegio con la mochila y el tupper. Pero la crudeza de la crisis hace que cada vez sean más los hogares que tienen a todos sus miembros en paro y que se han quedado sin ayudas. “Y la situación va a empeorar. Servicios sociales ya nos ha avisado de que no va a haber becas de comedor, así que en las próximas semanas es muy probable que el número de niños se multiplique”, explica Dulce, la trabajadora social que dirige este proyecto del Padre Ángel. Este no es el primer trabajo de Dulce, que lleva ayudando a los que más lo necesitan desde hace casi treinta años. "En la castiza plaza de Vara del Rey tenemos otro comedor que este año dará comidas y cenas. Allí acude más gente porque es una zona con mayor inmigración. Aquí, en Barajas, hay más españoles y el modelo familiar que tenemos está sirviendo de colchón para muchas familias".

     

    Llega el segundo: pescado con ensalada. Mientras llena los platos Dulce recuerda una frase de Mario Moreno, ‘Cantinflas’: No quiero que se terminen los ricos, lo que quiero es que se terminen los pobres. La frase provoca una media sonrisa en la cara de Eduardo, que aunque nacido en Canarias lleva más de una década en Madrid. “Para quienes tenemos más de cincuenta años pensar en encontrar un trabajo ahora mismo es una utopía. Yo me acerco cada día al aeropuerto, intento conseguir una moneda llevando maletas, pero no es suficiente ni para comer”. Silencio. Se le llenan los ojos de lágrimas.

    A su lado se sienta Elisa, una nigeriana que lleva catorce años viviendo en Madrid. En paro, como su marido, aparece en el comedor con su hijo Isaac, de nueve años, nacido y criado en la capital. Hoy han llegado con la hora justa para comer porque antes se han reunido con la trabajadora social. “Muchos de mis compatriotas están volviendo a nuestro país, pero nosotros no podemos porque mi hijo es alérgico a los frutos secos y en Nigeria el aire está cargado de polvo de cacahuete. Necesito saber si hay comedores por Bilbao o Galicia, a lo mejor nos vamos allí”. Les han dicho que en el norte “las cosas van mejor”.

    “La crisis ha llenado los comedores de familias españolas”

    En la tercera mesa está Isaac, el niño alérgico a los frutos secos, que no se sienta con su madre porque prefiere estar al lado de Felipe. Uno blanco, otro negro, uno de nueve años y otro rondando los cuarenta, los dos españoles. Hablan de fútbol y se ríen. Con ellos compartimos el postre, toca melocotón.

     

    La crisis ha llenado los comedores de familias españolas, de niños. Antes había inmigrantes y sobre todo mendigos españoles”, nos cuenta. Felipe es pobre, pero no tonto. Habla con propiedad y escucha. Aunque no ha tenido suerte en la vida, no deja de intentarlo. “Estoy dando un curso de ofimática y haciéndome un nuevo currículum. Si tuviera coche sería más fácil, pero no estoy triste. Yo no voy a ser como Cristiano Ronaldo”. Repasamos la tristeza del astro portugués y nos despedimos.

    El lunes volverán y allí estará Dulce, con las bandejas llenas de comida y, además, con el reparto del banco de alimentos para el fin de semana. Se marchan, pero no de vacío: en los comedores sociales también hay tupper. Las tres hermanas sonrientes y dicharacheras se llevan en él la comida para su madre. “Mamá ha encontrado un trabajo como limpiadora, pero todavía no tenemos suficiente dinero”. Por eso el lunes volverán solas a comer.

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