"vivo en la noche que no acaba nunca"

El suicidio asistido de un joven tetrapléjico en el extranjero conmociona a Italia

El caso de Fabiano Antoniani, un DJ de 40 años ciego y en silla de ruedas, ha reabierto el debate sobre la eutanasia en el país. El hombre le pidió al Gobierno, sin éxito, que legalizase esta práctica

Foto: Fabio Antoniani, en una captura de pantalla del video en el que pide al presidente italiano que se debata la eutanasia
Fabio Antoniani, en una captura de pantalla del video en el que pide al presidente italiano que se debata la eutanasia
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El calvario de Fabiano Antoniani ha terminado este lunes en una clínica suiza. Este joven tetrapléjico y ciego, que le había exigido sin éxito a Italia el derecho a morir, acudió al país vecino tras el enésimo retraso en la discusión de la ley que se debate en el Parlamento sobre la eutanasia. Una discusión que le concernía personalmente. El caso de Antoniani, de 40 años, un popular DJ milanés hasta que sufrió un accidente de tráfico en 2014, ha enconado las posiciones sobre una cuestión que la sociedad italiana se plantea desde hace más de una década, y que se enfrenta a la aguerrida oposición de la Iglesia y de los sectores más conservadores de la nación.

“Dj Fabio ha muerto hoy a las 11.40 de la mañana. Eligió irse respetando las reglas de un país que no es el suyo”, ha comunicado Marco Cappato, un activista pro-eutanasia quien, junto con la madre, los amigos y la novia de Antoniani, acompañó al joven a Suiza. “Incluso para morir con dignidad hay que emigrar”, ha sido el comentario del famoso escritor Roberto Saviano. De acuerdo con lo difundido por su entorno, el joven italiano ha puesto fin a su vida con sus propias manos —apretando un botón que le inyectó una substancia letal—, en la clínica Dignitas de la localidad suiza de Forch. Todo ello, tras ser sometido a exámenes médicos y psicológicos que probaron su determinación de llevar a cabo el acto.

El joven artista había pedido sin éxito al Parlamento italiano que debatiese una legislación para legalizar la eutanasia en Italia, así como regularizar el llamado testamento vital, un documento que permite expresar la voluntad de cada uno en caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal. En enero incluso le había enviado un mensaje en video al presidente italiano Sergio Mattarella. “Por favor, déjenme morir. Vivo en la noche que no acaba nunca”, decía en esa grabación.

Y eso que, cuentan los amigos, era un tipo lleno de alegría. Guapo, carismático y exitoso en la vida que había elegido, la de Dj en los bares y discotecas de la movida milanesa y europea. Hasta ese maldito día, hace dos años y medio, cuando, mientras intentaba recoger el móvil que se le había caído en el suelo del automóvil que conducía, se estrelló contra otro coche y fue expulsado del vehículo tras el choque. Siguieron así días y días —y luego, meses y años— de terapias, de hospital en hospital. Sin ningún resultado positivo. Una fatídica lesión de la médula espinal — tetraplejía, en lenguaje médico— le había dejado paralizado de por vida.

“Finalmente he logrado llegar a Suiza. He llegado hasta aquí solo, sin la ayuda del Estado”, dijo Antoniani, en el último audio que difundió este lunes temprano. “Me aliviarán de este infierno de dolor”, continuó, de acuerdo con lo divulgado por Marco Cappato, el tesorero de la Asociación Luca Coscioni (un político italiano enfermo de Esclerosis lateral amiotrófica y comprometido en varias luchas sociales y que murió en 2006).

Hasta 12 años de cárcel para los cómplices

Por haberle ayudado, “Cappato corre el riesgo de ser arrestado y condenado a una pena de hasta 12 años de cárcel”, ha explicado Filomena Gallo, la secretaria de la Asociación Luca Coscioni. Además de ello, Gallo destacó el coste que requiere morir en el extranjero, una cifra que puede alcanzar los 10.000 euros.

“Son muchos los italianos que nos piden informaciones sobre cómo hacerlo”, ha dicho Gallo. “En 2015, fueron 225. De estos, 117 decidieron irse a Suiza”. Y no todos al final optaron por morir. Algunos, después de los exámenes y el vía libre de los médicos, decidieron volverse a Italia. La cuestión es poder decidir”, ha continuado.

A pesar de que hace más de una década que la sociedad civil en Italia debate sobre el asunto, el tema de la eutanasia fue abordado por primera vez por el Parlamento italiano tan solo en 2013. En la actualidad hay seis propuestas de ley que deben ser debatidas (y que deberían ser resumidas en una única legislación). No obstante, no hay avance alguno sobre la cuestión desde hace más de un año.

De igual modo, existe también otra propuesta sobre el testamento vital que sigue varada en el Parlamento italiano, y cuyo debate fue retrasado nuevamente hace pocos días. Esto último, según han contado los allegados de Antonioni, fue lo que acabó por desanimarle completamente y aceleró su decisión de morir fuera de Italia.

La historia de Antonioni ha devuelto a la memoria casos parecidos que han provocado grandes debates en la sociedad italiana. Entre estos está el de Eluana Englaro, una joven que en 2009 llevaba 16 años postrada en estado vegetativo, cuando un tribunal de Apelación de la Audiencia Provincial de Milán finalmente autorizó a su padre Beppino a interrumpir la hidratación y alimentación forzada que la mantenía —en contra de su voluntad— con vida. Eluana, cuyo caso provocó una encarnizada polémica por parte de la Iglesia católica, murió finalmente al año siguiente, cuando ya llevaba 11 de batalla legal. "Ha sido un homicidio”, llegó a decir en ese momento el cardenal Saraiva Martins, entonces prefecto para la Congregación de la Causa de los Santos.

Otro caso fue el de Piergiorgio Welby. Este enfermo de distrofia muscular progresiva había pedido sin éxito que se le suspendiera la respiración asistida. Finalmente, Mario Riccio, un médico anestesista del hospital de la ciudad de Cremona, se apiadó de él en 2006 y le retiró el respirador. A Welby le fueron negados los funerales religiosos (algo que se desconoce si ocurrirá o no en el caso de Dj Fabo, aunque el tema no ha estado en la agenda de estos meses de los obispos italianos). Por su parte, Riccio, que nunca se arrepintió de su acto, fue acusado de homicidio y luego absuelto por un tribunal de Roma. "Accedí a su petición de morir", se justificó el doctor. Anteriormente, Riccio también había sido absuelto por el Colegio de Médicos de Italia.

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