LOS INTENTOS DE REGULACIÓN MUEREN EN EL CONGRESO ESTADOUNIDENSE

Obama: políticos contra banqueros

Es hora de poner firme a la banca, de establecer otras reglas de funcionamiento, de que abandonen las prácticas que estuvieron a punto de llevarnos a
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Obama: políticos contra banqueros

Es hora de poner firme a la banca, de establecer otras reglas de funcionamiento, de que abandonen las prácticas que estuvieron a punto de llevarnos a la catástrofe. O eso afirma Obama, que ha puesto en marcha un paquete de medidas, que van desde un nuevo impuesto hasta la prohibición de que los bancos comerciales puedan invertir en hedge funds o en fondos de capital riesgo, cuyo objetivo es disciplinar los comportamientos de las entidades financieras. Y era previsible que los gobernantes adoptasen esta clase de actitudes: si después de aquellas insistentes advertencias sobre catástrofes inminentes en el caso de que no se acudiera a su rescate,  los bancos no sólo vuelven de inmediato a sustanciosos números positivos sino que optan además por repartir generosos bonus a sus directivos, no podían esperar que políticos y opinión pública reaccionasen de modo muy diferente.

 

Y más aún si, como asegura Juan Hernández Vigueras, ex directivo de grandes empresas y autor de La Europa opaca de las finanzas (Icaria Ed.), existe la conciencia de que si los bancos están ganando dinero es porque lo hay. “Si observamos la evolución reciente del mercado vemos  el altísimo rendimiento que están obteniendo tanto los bonos corporativos como los bonos del estado a más de diez años. Y eso es porque hay mucho dinero. Lo que ocurre es que la crisis ha acentuado las desigualdades, provocando un aumento del número de personas con problemas económicos; pero quien tiene hoy dinero, lo tiene en abundancia”. Así, Hernández Vigueras entiende que los buenos resultados de los bancos estadounidenses pueden explicarse a partir de la confianza que trajo el cambio de gobierno. “Los inversores pensaron que con Obama habría más estabilidad, vieron más oportunidades para colocar su capital y ahora están recogiendo los réditos”.

 

Sin embargo, según Alfonso Cebrián, Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Económicas de la Universidad Camilo José Cela, estamos ante un escenario muy diferente, ya que los bancos no han ganado dinero real: sus buenos resultados han sido fruto de prácticas propias de la contabilidad creativa. “La única ganancia ha sido a nivel de balance. Han pasado todo su capital a pérdidas, con lo cual, todo lo que han ingresado desde entonces se ha convertido contablemente en beneficio. De este modo, los directivos han podido exhibir  buenos números y cobrar sus bonus, que es lo que les importaba”. Y si nos fijáramos en las cifras, no habría ningún motivo para negárselos. “Los bancos, desde esa perspectiva, van muy bien porque te entregan unos números estupendos. Pero no deja de ser contabilidad creativa, de la misma clase que utilizó Enron”. Según Cebrián,  “en EEUU todo pivota sobre el bonus del directivo”, lo que termina por favorecer este tipo de prácticas.

 

Pero son también estas actuaciones las que están provocando que la opinión pública vea de modo cada vez más hostil a las entidades financieras y que, por tanto los gobernantes se pongan duros. Al menos, en sus apariciones públicas. Porque las medidas que se anuncian con tanto estruendo, como puede ocurrir ahora con las de Obama, apenas tienen luego seguimiento.  Cuando la crisis estalló, los gobiernos occidentales rápidamente acudieron al suelo público para proclamar que aumentarían de inmediato la regulación, que iban a poner en marcha mecanismos para evitar situaciones similares en el futuro. Pero esa intención primera parece haberse diluido, e incluso muchas medidas de las que ahora se están barajando, como la del impuesto a los bancos o la de gravar más intensamente los bonus, no apuntan hacia un control global. Y aún más: ya apuesten por una u otra dirección, no parece que ninguna de tales medidas tenga visos de ponerse en marcha rápidamente. Como asegura Vigueras, “las reformas de Obama están todas empantanadas en el Congreso: desde el paquete de regulación y supervisión bancaria hasta la reforma del código fiscal sobre limitación de los bonus de las entidades que se habían visto favorecidas por el rescate pasando por el proyecto de ley contra los paraísos fiscales, están todas muy paradas”. Nos hallaríamos, pues, ante asuntos que se anuncian de forma muy estruendosa y que causan gran revuelo, pero que apenas causan cambios en la realidad.

 

 

El presidente de EEUU pulsa el mercado

 

En ese sentido, se podría entender que las medidas anunciadas esta semana por Obama seguirán el mismo camino: grandes titulares cuando el presidente da una rueda de prensa, ralentización en los trámites del Congreso y finalmente, y en el mejor de los casos, aprobación de leyes muy diluidas respecto de las intenciones iniciales. Sin embargo, según Rafael Luis Álvarez, profesor del departamento de finanzas y contabilidad de la Deusto Business School y experto en el sector banca de EEUU, no parece ese el caso del impuesto con el que Obama tasaría a las entidades financieras. Hasta ahora, estamos en una “fase de globo sonda”, donde Obama está pulsando cuál será la reacción del mercado, pero “se trata de un proyecto de ley con mucho apoyo popular, por lo que todo apunta a que saldrá  adelante, aun cuando aún no sepamos cuál va a ser su verdadero alcance”.  El impuesto constaría, según Álvarez, de siete puntos básicos “que incrementarían el coste de cualquier emisión bancaria en EEUU y que serían especialmente importantes en un entorno de tipos bajos como el actual”.  En ese sentido, tal impuesto “supondría una desventaja competitiva para la banca estadounidense pero también para los diferentes bancos internacionales que operan en ese país”. Entre ellos, claro está, los españoles.

 

En todo caso, Cebrián entiende que las medidas apuntadas por Obama no son más que el intento de dar “una interpretación política a una actuación empresarial. Demonizar a los bancos es muy rentable mediáticamente, pero no responde a la realidad”.  Lo que se podría discutir, según Cebrián, es “si los bancos deben tener el apoyo institucional que tienen, por qué ellos han de contar con ayuda estatal y por qué otros sectores no”. Pero el debate debería pararse ahí: las empresas, afirma, tienen todo el derecho a repartir bonus a quienes estimen conveniente o a funcionar en el mercado sin impuestos añadidos. “Del mismo modo que el sector del automóvil no puede decir que porque las cosas le van mal tiene derecho a no pagar impuestos, tampoco el Estado puede decir que como los resultados son positivos va a gravar más a las entidades financieras”.

 

Para Cebrián, pues, no hay que castigar a los bancos. Y menos todavía en el caso español, donde un impuesto de esas características sería muy poco conveniente. “El problema aquí no es que ganen dinero sino que lo deben. Por eso no se atreven a dar préstamos”. Pero ese excesivo endeudamiento, “mucho más elevado no sólo de lo que se podían permitir las entidades financieras, sino de lo que el país podía tolerar, no fue detenido a tiempo por el Banco de España, que lo sabía todo pero ni dijo ni hizo nada”. Para Cebrián sería absurdo, entonces, castigar a los bancos por una mala actuación del regulador.

 

Desde una perspectiva totalmente distinta, tampoco las propuestas de una mayor gravamen a los bonus o de un nuevo impuesto a los bancos aparecen como la solución, en tanto son medidas, asegura Hernández Vigueras, “que eluden el problema de fondo, que no es otro que la carencia de una regulación que coarte la especulación desenfrenada del mundo financiero, una especulación que no tiene ninguna relación con la realidad económica de los países y que afecta a todo el sistema”.  Y para detenerla no son necesarias nuevas normas fiscales sino mayor supervisión bancaria. En especial, según Hernández Vigueras, la surgida desde una UE que sea capaz de marcar líneas propias. “Habrá que ver si Europa sigue un camino propio o hace lo que diga Obama, porque el problema real es el de la organización de la UE. Todo lo demás es tirar balones fuera”. Se refiere Hernández Vigueras a que la UE debe replantearse desde los intereses del Eurogrupo, con una dirección clara y una capacidad de control mucho mayor. “No puede ser que el Banco Central Europeo Europa controle el precio del dinero pero no la solvencia de los bancos”.

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