LA CARA ACADÉMICA DEL 'procés'

Muere Muriel Casals, la mujer que pudo sustituir a Artur Mas

Muriel Casals, diputada autonómica por Junts pel Sí y, durante años, voz de Òmnium Cultural, murió de madrugada. El 30 de enero había sufrido el atropello de un ciclista
Foto: Artur Mas, Oriol Junqueras, Raül Romeva, Carme Forcadell y Muriel Casals, en un acto de Junts pel Sí el 11 de septiembre. (Reuters)
Artur Mas, Oriol Junqueras, Raül Romeva, Carme Forcadell y Muriel Casals, en un acto de Junts pel Sí el 11 de septiembre. (Reuters)

La diputada autonómica catalana Muriel Casals ha muerto esta madrugada, después de dos semanas luchando por su vida en el Hospital Clínic de Barcelona, según ha confirmado su partido, Junts pel Sí, en un comunicado emitido este domingo. "Lamentamos profundamente tener que informar del deceso de la compañera, amiga y diputada Muriel Casals Couturier", ha indicado la formación, que precisa además que la hasta ahora diputada falleció a la una y seis minutos de la madrugada. Casal fue declarada "clínicamente muerta" varias horas antes.

Casals, que fue atropellada el pasado 31 de enero por un ciclista, es francesa de nacimiento y catalana de corazón. De hecho, según sus propias teorías, es catalana por los cuatro costados, ya que Avignon, la ciudad donde nació, se encuentra en la Cataluña norte, uno de los territorios que forman parte de los Països Catalans. Sus padres eran un republicano católico exiliado y una maestra francesa, de ahí su segundo apellido: Cotourier. Nacida, pues, en territorio catalán del norte en 1945, estudió y se estableció en Cataluña, donde fue profesora del departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que, entre 2002 y 2005, fue vicerrectora de Relaciones Internacionales y Cooperación. Por algo había realizado estancias en las universidades de Edimburgo, Londres y Bangor.

En 2010, sustituyó a Jordi Porta como presidenta de Òmnium Cultural y protagonizó la gran reconversión de esta entidad, que pasó de ser una organización eminentemente cultural a ser una de las puntas de lanza del proselitismo independentista en las calles. Y que pasó de 21.000 a más de 54.000 afiliados en sólo cinco años (según el contador que incorpora en su página web). Cosas de la fiebre independentista.

Muriel Casals militó en Bandera Roja, o sea, en la Organización Comunista de España (OCE), para pasar luego al PSUC (la rama catalana del PCE) durante la Transición. Muchos de sus camaradas de BR terminaron en el PSOE, en CDC e incluso en el PP. Pero ella desembarcó luego en ICV. Precisamente la misma organización en la que militaba Raül Romeva, a quien acogió en Òmnium después de ser eurodiputado de ICV durante 10 años y que acabaría liderando la lista de Junts pel Sí (JxSí) del 27S. Como representante del PSUC fue miembro del consejo de la entonces Corporación Catalana de Radio y Televisión (CCRTV), el ente que controlaba la televisión y la radio públicas de Cataluña en los 80 del pasado siglo. Luego, su evolución ideológica la llevó a posicionamientos en la órbita de ERC. El histórico Paco Frutos la daba un ‘repaso’ hace tan sólo dos años en su blog, recordando el paso de Casals por el PSUC y su actual deriva, tachándola de persona “con pocas convicciones y principios y mucho oportunismo”.

Muriel aprendió a “domesticar el capitalismo” y se trasladó con armas y bagajes al espectro ideológico contrario al marxismo leninismo 'psuquero'

Pero de lo que no cabe duda es de que, con el tiempo, Muriel aprendió a “domesticar el capitalismo”, según sus palabras (al referirse a la superación de la crisis), y se trasladó con armas y bagajes al espectro ideológico contrario al marxismo leninismo 'psuquero', acercándose a su admirado Adam Smith.

Durante su etapa, Òmnium Cultural se convirtió en el largo brazo ‘civil’ de Convergència Democrática de Catalunya (CDC) y del Gobierno catalán. Casals, por ejemplo, fue la persona encargada de proponer públicamente, en 2012, no pagar impuestos a la Hacienda española en el caso de que Mariano Rajoy no accediese a negociar un pacto fiscal con Artur Mas en su reunión del 20 de septiembre. Era la primera propuesta rupturista, un globo sonda alentado desde la Generalitat para ver cómo era acogida la iniciativa por parte de los demás partidos políticos y de la ciudadanía.

Muriel lo tenía muy claro sobre su papel: “Nosotros impulsaremos medidas de fuerza desde la sociedad civil”. Reclamaba una nueva etapa postautonomista basada en “la independencia fiscal, cultural y en el derecho a decidir”. Y reconocía, en una insólita trampa dialéctica: “Actualmente, España tiene mucha más fuerza que durante la dictadura, porque ahora es un régimen democrático”. Luego, variaría su discurso, igual que todo el independentismo, para machacar insistentemente con la consigna de las carencias democráticas de España porque no permitía que el Gobierno catalán organizase un referéndum separatista (en realidad, la Constitución y el Estatuto dicen con claridad que esa competencia es del Gobierno español).

Muere Muriel Casals, la mujer que pudo sustituir a Artur Mas

En una entrevista de hace unos años, Casals reconocía que posiblemente Òmnium hiciese de “complemento” para suplir las carencias de la Administración. “El problema es que las necesidades que hay son muchas más que los recursos de los que dispone”, subrayaba.

Asalto leninista a Òmnium

Òmnium pasa por ser la entidad cívica más grande de Cataluña, con más de 54.000 socios y 24 sedes territoriales. Fue fundada por cinco familias de la burguesía catalana para preservar los valores de la lengua y la cultura catalanas. De hecho, Casals llegó a presidenta de Òmnium de manera poco elegante: le votaron 630 de los más de 21.000 socios. En una entrevista con el agudo Ramon Miravitllas, en ‘La Noche’, de COM Radio, Casals reconocía el 25 de marzo de 2010, recién elegida: “Lo digo riendo: hubo una especie de asalto leninista en Òmnium, que con la democracia se hacía aburrida, y hace ocho años tomamos la decisión de rescatarla del aburrimiento de esta cosa anquilosada y algo momificada, poniendo enfrente a una persona no tan joven, Jordi Porta, para tranquilizar”.

María Salvo, luchadora antifranquista y también militante del PSUC, 16 años encarcelada por sus ideas, le restaba méritos en el 2015: “Es incomprensible que pueda estar en la lista independentista de Artur Mas, porque se puede cambiar de gustos, pero de ideología es bastante difícil si estabas de acuerdo con lo que querías defender. ¿Porqué ponen exPSUC si ella ha traicionado a esa organización y ahora no tiene nada que ver con ella?”, decía. Y añadía que los independentistas “han provocado un ambiente de crispación para romper la tradición de convivencia que hemos tenido siempre en Cataluña”.

Casals condujo a sus huestes hasta la calle, al frente de todas las grandes manifestaciones. Se convirtió en el complemento eficaz, refinado, de la ANC

De lo que no hay duda es de que, con Muriel, Òmnium ha cambiado. Cincuenta años después, los valores con los que fue creada la entidad se han ensanchado. Casals, en el discurso del quincuagésimo aniversario, advertía: “Queremos formar parte de la sociedad civil que marca la agenda pública, que alisa los caminos del progreso y el bienestar y que se compromete a fondo en la construcción de una entidad compleja pero cohesionada […]. Las relaciones con España no funcionan, la crisis aprieta, la lengua ha de afrontar agresiones que creíamos superadas. En este contexto, los partidos y las instituciones reclaman ayuda e incluso liderazgos de la sociedad civil”. Fijaba entonces los tres ejes de su organización: independencia cultural, independencia fiscal (“Hemos de recaudar y administrar nuestros impuestos […]; es imposible avanzar económica y socialmente con un déficit fiscal que, si lo calculamos por persona y año, se acerca a los 3.000 euros”) e impulso radical del “derecho a decidir nuestro propio futuro”. Los objetivos de Òmnium Cultural, pues, ya habían sufrido una impresionante evolución.

Así fue cómo Muriel Casals condujo a sus huestes hasta la calle, al frente de todas las grandes manifestaciones independentistas de los últimos años. Se convirtió en el complemento eficaz, refinado, de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). En los círculos donde no penetraba una, intentaba penetrar la otra. Como al frente de Òmnium estaba una persona de perfil académico, había que poner al frente de la ANC una persona de perfil agitador. Fue así como los fundadores de la ANC se fijaron precisamente en Carme Forcadell, que había sido arrinconada por la cúpula de ERC y que pululaba por Òmnium intentando hacerse notar.

“Ya teníamos a una persona muy seria y con bajo perfil político en Òmnium, por lo que necesitábamos una persona más joven y dinámica, más cañera, en la ANC. Y, a ser posible, mujer. Alguien sacó a relucir el nombre de Forcadell y la pusimos ahí. Sería el complemento ideal de Casals”, explicaba a El Confidencial uno de los fundadores de la ANC, que había coincidido con Muriel en la publicación ‘Opinió Catalana’, un órgano ideológico independentista.

Casals, en la toma de posesión de Carles Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat. (EFE)
Casals, en la toma de posesión de Carles Puigdemont como nuevo presidente de la Generalitat. (EFE)

Derechos nacionales y sociales

Los ‘servicios prestados’ le permitieron ser incluida en el número 3 de la lista de Junts pel Sí (JxS) para las elecciones autonómicas del pasado 27 de septiembre, justamente tras Raül Romeva y Carme Forcadell. Luego, con la negativa de la CUP a investir a Artur Mas, su nombre llegó a ser puesto encima de la mesa para sustituirle, pero eso fue sólo un amago para desviar la atención. Muriel no daba el perfil que se buscaba para ‘president’. Además, no era del agrado de la CUP. De hecho, Casals había sido de las combativas antiCUP. En una entrevista al portal independentista Vilaweb el pasado 4 de enero, en la que reconocía que dejó la presidencia de Òmnium para concurrir a las elecciones, señalaba también: “No deberíamos haber sido tan ingenuos con la CUP”.

Porque su ídolo no es otro que Artur Mas. En la recta final de las negociaciones para la retirada del aún ‘president’, Casals se descolgaba en la citada entrevista con una reflexión de órdago: “Es muy importante tener al frente a un líder que represente a la clase media […] y [Artur Mas] representa la aspiración de las clases populares de convertirse en esta clase media culta, libre, despierta y feliz”.

Casals tenía pocos vicios confesos: ir al teatro, leer y pasear, además de participar en tertulias con los amigos. En otras palabras, el prototipo de una líder eminentemente política.

La dirigente independentista era suave en las formas y contundente en el fondo. Polémica. En una entrevista en TV3 de julio del 2011, hablando de la polémica creada porque algunos padres pedían la educación en castellano de sus hijos, llegó a decir que lo que hacían los padres que reclamaban tal derecho era “maltratar a sus hijos. Están abusando de ellos”. Ello va en la línea con lo que podría considerarse la gran aportación de Casals al soberanismo: hay que conquistar primero los “derechos nacionales” para llegar a tener “derechos sociales”.

Muere Muriel Casals, la mujer que pudo sustituir a Artur Mas

Desde Òmnium Cultural han comenzado ya los homenajes. A través del artículo "Querida Muriel", el presidente de ese colectivo, Jordi Cuixart, afirma que "la Muriel ha sido siempre una mujer fuerte, valiente, de pensamiento libre, vehemente incluso cuando hacía falta; una mujer que nos ha enseñado a hacer servir las palabras para explicarnos mejor". El expresident Artur Mas le ha dedicado unas palabras a Casals: "resumía todas las virtudes y ninguna de las miserias" del proceso soberanista catalán. Y también el actual presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha comprometido con "hacer realidad" el sueño de la hasta hoy diputada.

Cataluña

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