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Las víctimas de 'La Tigresa' claman por su libertad: "¿Qué clase de perdón ha pedido?"

La sangrienta etarra abandonará la cárcel el 13 de junio. Tres víctimas del atentado de la plaza de la República Dominicana, donde murieron 12 guardias civiles, relatan su "dolor"

Foto: Fotografía de archivo de la etarra Idoia López Riaño, 'La Tigresa'. (EFE)
Fotografía de archivo de la etarra Idoia López Riaño, 'La Tigresa'. (EFE)

“Perdona”, se disculpa Manuela Lancharro. Es la tercera vez que rompe a llorar. Han transcurrido más de 30 años del asesinato de su hermano, el guardia civil Antonio Lancharro, pero el paso del tiempo no impide que se derrumbe al recordar lo sucedido. La emoción es inmensa. “Creía que iba a ser más fuerte”, se excusa nuevamente (¡como si tuviera que disculparse por algo!). “Me he desahogado contigo”, bromea en un intento de restar dramatismo a sus palabras. Esboza una ligera sonrisa que se impone a las anteriores lágrimas.

["Era esclava de su cuerpo y su cabello": el etarra Soares Gamboa habla de la Tigresa]

Manuela es la hermana de uno de los 12 guardias civiles que fallecieron en la masacre que perpetró ETA en la plaza de la República Dominicana de Madrid al hacer estallar un coche bomba al paso de un convoy de vehículos de este cuerpo procedente de la Escuela de Tráfico y que también provocó 56 heridos de diversa consideración. Los efectos de la bomba siguen sacudiendo el cuerpo de Manuela, que no ha dejado de cargar con esta pesada carga. Ahora, una de las autoras del asesinato, la sangrienta Idoia López Riaño, alias ‘La Tigresa’, va a quedar liberada de toda carga con su excarcelación este mismo martes 13 de junio. Es la diferencia. La asesina sale de la cárcel y la víctima sigue encerrada en aquel 14 de julio de 1986.

Las cuentas son muy sencillas: 'La Tigresa' cometió 23 asesinatos y saldrá de prisión 23 años después. "No hay justicia", clama la hermana de una víctima

Todos los sueños que podía tener una adolescente de 17 años saltaron por los aires con la furgoneta-bomba que enterró a su hermano. “Me arruinó la vida. Nos arrebató todo”, asegura. Ahora, la explosión sacude el dolor más hondo de su corazón, el de la rabia y la indefensión. Las cuentas son muy sencillas. ‘La Tigresa’ cometió 23 asesinatos y saldrá de prisión 23 años después. Un año por asesinato para quien engrosó el sanguinario Comando Madrid junto a De Juana Chaos, Soares Gamboa o Antonio Troitiño o el activo 'talde' Ekaitz junto al histórico Urrusolo Sistiaga. Un año por asesinato a quien fue condenada a más de 2.000 años de cárcel. “El dolor es muy profundo. Duele que te digan que ya ha pasado mucho tiempo porque no se dan cuenta de que para mí es como si fuera ayer. Lo tengo grabado a fuego”, replica a quien le pide que deje de lado el odio.

"El dolor es muy profundo. Duele que te digan que ya ha pasado mucho tiempo porque no se dan cuenta de que para mí es como si fuera ayer"

Con la salida de la cárcel de ‘La Tigresa’, todos aquellos que participaron en el asesinato de su hermano van a estar en la calle (el Comando Madrid estaba conformado en ese momento por De Juana, Gamboa, Troitiño y López Riaño). “Es increíble”, clama una y otra vez. Burla, vergüenza, puñalada, perverso pisoteo a las víctimas… Su indignación es patente. Manuela jamás olvidará las “sonrisitas” de la etarra en televisión durante el juicio por el brutal atentado de la República Dominicana, el tercero más sangriento de ETA después de la Cafetería Rolando de Madrid (13 muertos) e Hipercor (21). Por ello, no se cree el arrepentimiento o el perdón a las víctimas, circunstancias que le han acortado la pena por buen comportamiento, y que ya le permitieron gozar de un permiso penitenciario de tres días en abril del pasado año. “Las muertes de este comando [Madrid] me duelen en lo más profundo del alma y aún más por no haber podido hacer nada por evitarlas”, señaló López Riaño en un escrito remitido al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional para lograr el permiso.

¿A quién ha pedido perdón? A mi familia no. ¿Qué clase de perdón ha pedido? ¿Dónde está esa carta? ¿A qué víctimas les ha llegado? Yo la quiero ver”. Su batería de preguntas no tiene fin. “¿Qué clase de perdón es este? ¿Dónde está el arrepentimiento si no colabora con la Justicia?”, clama. Manuela desconfía de todo. Hasta duda de que la etarra redactara de su puño y letra la “supuesta carta” para limitarse a estampar su firma. ‘La Tigresa’, expulsada de ETA en 2011 tras arrepentirse para acogerse a la Vía Nanclares, tan solo ha reconocido dos de los 23 asesinatos y los ha justificado por ser los fallecidos un traficante de drogas y un miembro del GAL. Además, su currículum asesino no paró con la caída del Comando Madrid, del que ahora reniega, ya que se mantuvo operativa siete años más hasta su detención en 1994 en Francia.

"Es más duro lo que está pasando ahora que lo que sufrí en su día", ejemplifica uno de los guardias civiles que sobrevivió al brutal atentado

Santiago Busquets era, a sus 19 años, uno de los guardias civiles que esquivó la muerte en el atentado de la República Dominicana. Muchos años después, en 2004 le dieron la baja psicológica. Hasta entonces, nunca había pensado que el no poder dormir y el miedo a los autobuses o a las aglomeraciones estuviera relacionado con el atentado. “No era consciente de que tenía estos efectos por estrés postraumático. Ni lo llegué a pensar”, admite pese a las ‘evidencias’. ¿El motivo? “No te queda más remedio que tirar para adelante y seguir viviendo. No puedes encerrarte en casa”, justifica.

Lo vivido aquel día fue “muy duro”. Tanto que nunca ha vuelto a Madrid por trabajo (solo para visitar a su madre). Manuela, por el contrario, “siempre que puede” acude al lugar del crimen. Reconoce que puede resultar un contrasentido, pero se siente “liberada” en ese lugar que abandera las fotografías del horror de ETA. “Es como si estuviera mi hermano”, afirma.

Monumento a las víctimas en la plaza de República Argentina (Madrid) (EFE)
Monumento a las víctimas en la plaza de República Argentina (Madrid) (EFE)

Manuela y Santiago mantienen el contacto. Familiares de algunas víctimas y guardias civiles que vivieron el horror en primera persona conservan la comunicación por teléfono o encuentros presenciales. De vez en cuando quedan para alguna cena o comida, como en fechas señaladas. Procuran dejar de lado el atentado (hay quien piensa que es “duro” hablar de ello, si bien hay quien defiende que “no viene mal” recordarlo), pero estos últimos días es inevitable hablar de ‘La Tigresa’. O más bien de la “no justicia” en España. “Todo el mundo está de uñas. Es más duro lo que está pasando ahora que lo que sufrí en su día”, ejemplifica Santiago. Ya vivió con “rabia” el permiso de tres días del año pasado o sus salidas regulares de la cárcel alavesa de Zaballa para poder sacarse el carné de conducir, y ahora le “hierve la sangre” al ser consciente de que en unos pocos días López Riaño recobrará la libertad para siempre. “Los verdugos tienen todo tipo de facilidades y a las víctimas nos ponen todo tipo de impedimentos”, denuncia quien, a día de hoy, es uno de los pocos guardias civiles que sigue sin una condecoración al mérito a pesar de la batalla judicial.

"La Vía Nanclares ha hecho más daño si cabe a las víctimas: solo ha supuesto premios para los terroristas"El 13 de junio está marcado en rojo en todos los calendarios. Santiago admite que estos días están siendo “raros” e “intranquilos”. Ni sabe qué hacer ni qué decir a sus conocidos. “Intentas saber lo menos posible para vivir lo más tranquilo”, señala. Por ello, va a intentar no ver ese día la televisión. No quiere encontrarse ante el plasma a ‘La Tigresa’ con una sonrisa de oreja a oreja, algo que no duda que sucederá. Manuela, por su parte, renegará de la “maldita” Vía Nanclares, que “ha hecho más daño si cabe a las víctimas”, porque “solo ha supuesto premios para los terroristas”. Y lo hará desde la soledad que en muchas ocasiones acompaña a las víctimas. Ella lo ha vivido en sus carnes, ya que tuvo que “tragar con el silencio”. No olvida que en los años posteriores al atentado hubo “gente muy cruel” y que la familia “no podía hablar con nadie de los problemas”. Incluso, tiene muy presente los reproches en la calle a su padre por dejar a su hijo ingresar en la Guardia Civil. “Le gente le decía que si ya sabía dónde se iba a meter por qué le dejaba ir adelante. ¿Cómo le vas a quitar el sueño de ser guardia civil a tu hijo?”, señala. En todo caso, se siente una “privilegiada”. Otros de los compañeros de su hermano “no tuvieron ni la posibilidad de un entierro decente”.

Soledad pasada y soledad presente. Cuando no desprecio. “Nos han tratado fatal a las víctimas”. Ángel fue otro de los jóvenes guardias civiles que iba en aquel autobús. Prefiere ocultarse en un nombre ficticio para “proteger” a sus hijos, quienes no saben nada de aquel 14 de julio de 1986 ni de las secuelas físicas y psicológicas que padece desde entonces. “Quiero que mi familia no sufra ni les miren raro por ser allegados de una víctima de ETA”, argumenta para justificar este silencio. “Mis hijos no saben nada porque quiero que tengan una vida normal. Te ves obligado a vivir en un mundo paralelo para protegerles”, enfatiza Ángel, quien tiene muy claro que “la condición de víctima es una rémora”.

Ángel les ha ocultado la verdad a sus hijos: "Quiero que tengan una vida normal. Te ves obligado a vivir en un mundo paralelo para protegerles", asegura

Se le revuelve el estómago al saber que ‘La Tigresa’ recobrará la libertad. Exhibe “tristeza” pero, al mismo tiempo y aunque pueda resultar “paradójico”, no puede criticar esta decisión porque “son las leyes que tenemos en España”. Son pocos, "sí". Se podía pedir que estuviese en la cárcel 40 años, "mejor". Pero “es la ley y no hay nada más que decir al respecto”. Ahora bien, pone de manifiesto que quiere "creer que su excarcelación no obedece a una hoja de ruta pactada en su momento, que ha cumplido su condena y que no hay ley por la que pueda permanecer más tiempo en prisión”. Manuela no comparte este ‘triunfo’ del Estado de Derecho. “En España no tenemos justicia”, protesta. “Las víctimas no dejamos de sufrir nunca. Vamos de varapalo en varapalo. ¿Superarlo? No se puede cuando están continuamente haciéndote caer cuando tratas de levantarte”, ahonda en su denuncia.

Como Santiago y Manuela, Ángel “ni olvida ni perdona”. Tampoco quiere el perdón de una “psicópata” que “siempre ha sido muy consciente de lo que hacía” por mucho que hace unos años asumiera la vía del arrepentimiento. “No me lo creo. Son palabras huecas”, expone. “¿Por qué la dejan salir si no ha cumplido las condenas que le fueron impuestas? ¿A quién ha pedido perdón? A mí no”, asevera, por su parte, Santiago, “harto” de “todos los beneficios que se aplican a los terroristas” y “al momento”. Y pone un ejemplo. “Les faltó tiempo para poner en la calle a los etarras tras la Doctrina Parot, que además no era de obligado cumplimiento”, censura.

Hubo quien tras el atentado dejó la Guardia Civil. Santiago, jubilado desde 2007, siempre quiso continuar en el cuerpo. Solo hubiera habido un motivo de divorcio. “Si me hubieran destinado al País Vasco me hubiera ido. Con todo el dolor de mi alma, pero lo tenía muy claro”, señala quien en su correo electrónico tiene incluido el número 86, el año del atentado de la plaza de la República Dominicana. “Es el año de mi segundo nacimiento”, se justifica.

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