lleva un 2017 muy dubitativo

La crisis de Djokovic: un cóctel de gurús, problemas físicos y falta de motivación

El jugador serbio, que no estará en Miami, ha pasado de comerse el mundo a no arrojar más que dudas en cada torneo. Su cambio de técnico y otra perspectiva, claves

Foto: Djokovic, en Indian Wells. (Reuters)
Djokovic, en Indian Wells. (Reuters)

La ATP se apresura a felicitar a Novak Djokovic por sus 300 victorias en torneos de Master 1.000. Lo acaba de conseguir en Indian Wells, después de imponerse a Del Potro. Es un premio menor, pues estos torneos tienen más importancia que prestigio y no deja de ser una de esas cifras que nadie tiene en cuenta, consecuencia de la modernidad, siempre llena de estadísticas sin contextos. A pesar de todo, es la mayor alegría de la que puede presumir el serbio este año.

Unos días después pierde contra Nick Kyrgios, y es la segunda vez consecutiva que el australiano le apea de un torneo. También se ha estrellado esta temporada con jugadores menores como Istomin y el final de la temporada anterior tampoco dejó resultados a la altura de lo esperado. Aunque es cierto que lo esperado era el cielo. Pocas veces un tenista tuvo las expectativas tan altas como Djokovic en 2016. El globo se desinfló por el camino, relegándole incluso al segundo puesto de la clasificación mundial en el final de temporada, algo que el universo tenístico había dado por imposible en mayo.

Las conversaciones sobre Djokovic han tornado en unos pocos meses de su consideración en la historia al más mundano "¿qué le pasa?". Y lo primero que se viene a la cabeza está en el físico. Ha declinado la opción de jugar en Miami, un torneo importante, por unas molestias en el codo. Antes se habló de otras en el hombro. Todas ellas cuestiones menores, de esas con las que los tenistas profesionales conviven en el día a día. No hay deportista que compita sin dolor, el profesionalismo es exactamente eso, llevar al límite el cuerpo, que se queja al verse forzado.

Más allá de los problemas articulares, Djokovic no está tan fino como en otras temporadas. Se le nota más pesado y con menos capacidad para recuperar bolas. El que conoce en profundidad la carrera del serbio sabe que no es la primera vez que ha estado fuera de forma. Después de su irrupción en el circuito necesitó un tiempo importante de adaptación en el que parecía no poder competir contra Federer y Nadal por una serie de alergias que le noqueaban y su dificultad para llegar fresco a los sets finales de los partidos. Cambió de dieta, dijeron, y se convirtió en el jugador que hoy presume de 12 Grand Slams.

El físico se consigue trabajando, no hay atajos posibles para estar en forma. Y durante estos últimos meses Djokovic ha cambiado sustancialmente sus rutinas. A finales del año pasado decidió terminar su relación profesional con Boris Becker, mítico tenista que le había servido para dispararse a unos niveles de tenis poco vistos en la historia. "Nole ha entrenado poco, y él lo sabe", aseveraba el alemán como uno de los motivos del fin de su relación. Eso, tomado en el momento como una alarma, pero también como una frase de despecho, marca la nota de lo que se ha visto posteriormente.

Djokovic, en Indian Wells (Reuters)
Djokovic, en Indian Wells (Reuters)

La pasión y el gurú

Djokovic sabe como muy pocos los sacrificios que requiere llegar a la cima. Porque lo ha hecho, cosa que prácticamente nadie puede decir. Ser el mejor obliga a entrenar cada día como el mejor, además de a tener una materia prima excelente, a ser competitivo al máximo, a tener un hambre desmesurada. No se conocen campeones que no cumplan estas normas, y ese puede ser uno de los problemas de Nole. Hace unas pocas semanas, en una entrevista con un medio serbio, abría su corazón. "El tenis ha dejado de ser mi máxima prioridad", explicaba. "La situación ha cambiado completamente, tengo un hijo, una mujer, una familia y me siento muy afortunado de ser padre", razonaba el tenista.

Quiso, eso sí, remarcar que no solo sigue siendo un tenista profesional, sino que es uno con muchas ganas. "Juego con la misma pasión y amor desde que cogí una raqueta por primera vez. El tenis me da fuerza y grandes emociones, seguiré jugando pensando en ser el número uno, quiero volver a serlo...solo que no es mi máxima prioridad", continuaba Nole.

Para solventar estos problemas, que tienen mucho que ver con la implicación en el juego, Djokovic ha tomado un camino algo heterodoxo. Lleva unos meses en contacto con Pepe Imaz, un entrenador que vive en la Costa del Sol y ayudó a su hermano Marko durante años. Es, en todo caso, un tipo peculiar. Su doctrina es la del camino fácil y tiene más que ver con un régimen emocional que con la faceta deportiva. No hay más que dar una pequeña vuelta por su web para saber que esto no es un entrenador, sino un gurú.

Su trabajo está hecho de conceptos como amor, paz y la verdadera felicidad. Que no es que no sean importantes, es que explican mal el comportamiento de la derecha o del revés. Imaz tiene en Marbella un curso de amistad y buen rollo que bien podría estar sacado de un libro de autoayuda, muchos analistas lo definirían sin dudar, como una manera tan buena como cualquier otra de vender humo.

Más curioso aún es que todo ese manguerazo de paz y amor ha resultado en todo lo contrario para Djokovic. El serbio es, por lo general, un jugador afable, muy expresivo y con una constante sonrisa decorándole la boca. Su rivalidad con Nadal ha hecho que en España se le tenga cierta tirria y se hayan magnificado algunos gestos de su carrera, pero lo cierto es que generalmente está considerado como alguien optimista y con buen carácter. Ahora, después de esos cursos acelerados de 'mindfulness', parece más mohíno que nunca.

Hace unas semanas estaba haciendo un Facebook Live en un entrenamiento. No recordó quitar la cámara y al final se pudo ver una pequeña disputa con su mujer, Jelena Ristic en la que le pedía que mejorase sus modales. También recientemente, en una rueda de prensa en Acapulco, se dio una de esas ocasiones extrañas en Djokovic, respondió una rueda de prensa con solo 12 palabras. Dos preguntas casi a golpe de monosílabo y final, algo que no cuadra con un jugador que suele explayarse en explicaciones técnicas después de cada encuentro. El torneo mexicano no tiene el nivel de importancia de otros, pero aún así es extraño en alguien como Nole.

¿Volverá?

Toca coger la bola de cristal, porque aquí nadie sabe nada. Del mismo modo que hace un año por estas fechas se daba por hecho que el coloso se iba a merendar todo lo que le pusiesen por delante, y al final ya se vio que no, ahora los pronósticos son de todo tipo. La mayoría, eso sí, favorables al serbio. Al fin y al cabo él conoce el camino que lleva a la gloria, por edad está en un buen momento para retomar el rumbo y ha demostrado que, jugando a tope, es el máximo favorito para cualquier torneo en el que esté presente.

Hablaba hace unas semanas de esto Boris Becker, que como exentrenador le conoce mejor que el resto. "Es un jugador muy experimentado, sabe lo que hay que hacer para ganar de nuevo y estoy seguro de que volverá. En Melbourne [donde perdió con Istomin] nos sorprendió a todos, pero no estoy preocupado, él sabe lo que tiene que hacer para estar de nuevo en lo más alto", reflexionaba. Le preguntaron también si tenía algún consejo y ahí el campeonísimo se paró en tablas: no. Prueba última de que el fin de aquel binomio triunfador no fue el más cálido posible.

No era tan optimista Niki Pilic, que pastoreó la carrera del serbio en sus inicios, en una academia de Múnich. "Djokovic hizo cima en el Monte Everest tras ganar Roland Garros, ha llegado a tener 16.950 puntos y es algo que no se repetirá, la pérdida de forma y de torneos ha hecho que su ventaja se desvanezca", contaba el mentor de Nole. "Su tenacidad ya no es la misma, hay que ver si puede volver. El trabajo duro de estos cinco o seis años ha pasado su peaje, el tenis era la prioridad cada mañana, cada tarde y cada noche. Todo lo que puedo decirle es que tiene que volver a eso", remataba.

"Cuando supere sus problemas mentales volverá a ser el mismo. El problema está en algo emocional que solo su equipo puede saber, pero es demasiado bueno como para no sobreponerse a eso", opina Agassi que es un gran conocedor de la trama psicológica del tenis. Él, también enorme, era también dado a idas y venidas.

Djokovic es historia del tenis, sus dos últimos años demostró estar a la altura de los más grandes, sus cifras son casi inalcanzables para cualquiera. La duda ahora es si él mismo puede llegar a volver a ser Djokovic. Y eso, sin duda, es más complicado de prever.

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