CUATRO PAÍSES PERO EL MISMO 'MODUS OPERANDI'

Mourinho en estado puro: el fin justifica los medios

El fin justifica los medios. Eso debió pensar Florentino Pérez en el momento en el que decidió contratar a José Mourinho como entrenador del Real Madrid.

Foto: Mourinho en estado puro: el fin justifica los medios
Mourinho en estado puro: el fin justifica los medios

El fin justifica los medios. Eso debió pensar Florentino Pérez en el momento en el que decidió contratar a José Mourinho como entrenador del Real Madrid. Opinión ratificada tras los dos primeros meses de convivencia entre técnico y presidente. Ambos se citaron el pasado viernes. El Confidencial adelantó que en breve se iba a producir un encuentro a nivel directivo con Mourinho para pedirle mesura, algo más de tranquilidad y, de paso, ratificar la confianza en el trabajo del portugués tras la semana más complicada desde su llegada a la entidad madridista. Ese encuentro tuvo lugar al mediodía del viernes y Mou salió más ancho que alto de la reunión. Carta blanca total a la hora de gestionar al primer equipo. Libertad total.

Esa libertad es sinónimo de éxito, de títulos. La tuvo en Oporto, Chelsea e Inter y logró hacer campeón de Europa a portugueses e italianos y de la Premier al equipo londinense. Sumen y verán como la fórmula acerca bastante el éxito al presidente que se atreve a poner en sus manos su equipo. En diez años, Mourinho ha ganado dos Champions, una Copa de la UEFA, seis Ligas, tres Copas, dos Copas de la Liga, dos Supercopas y una Comunity Shield. Pinto da Costa, Abramovich, Moratti y ahora Florentino le han hecho multimillonario, pero todos presumen de haber sonreído al lado del entrenador nacido en Setúbal hace 47 años.

Ese manual de estilo tiene una premisa básica: 'Yo soy el centro de atención de todo. Los focos siempre deben apuntar al entrenador y para ello vale todo'. La prueba del algodón ya la ha superado. En los anteriores equipos lo tuvo fácil. En el Oporto era poco menos que un recién llegado y no llamaba la atención hasta que empezó a ganar. La filosofía del Chelsea y del fútbol inglés le facilitó eso de ser el muerto en el entierro y el novio en la boda. Abramovich ni aparecía y todo recaía en el portugués. En el Inter no fue tan sencillo. Le costó más, pero terminó aplicando su filosofía a la perfección. Y el que lo dude mire la sala de trofeos y comprobarán como brilla la Champions que conquistó en el Bernabéu sabiéndose ya dueño del banquillo madridista. Lo curioso de su método es que es respetado por los jugadores. Los blinda y lo agradecen.

En su afán por controlar todo -lo que ha sucedido y lo que puede pasar- lanza mensajes directos en las ruedas de Prensa. El ataque al once que sacó el Sporting en el Camp Nou es, según dirigentes del club, para evitar que se repitan situaciones así en otros equipos o que para que por lo menos se lo piense el entrenador en cuestión. Al igual, tras el partido ante el Levante, dijo que pensaba que diez jugadores del equipo valencianista iban a terminar en el hospital. Ahí buscaba terminar con las excesivas perdidas de tiempo de los rivales, lo que ocurre es que la frase no fue nada afortunada por la grave lesión sufrida por Nacho González. En otras ocasiones busca descentrar al rival, tal y como hizo en la víspera del partido ante el Barcelona en las semifinales de la Champions y en la que acusó al equipo azulgrana de tener exceso de 'madriditis'. En ese partido, se dirigió a Mourinho y le recriminó que su equipo celebrara la expulsión de Motta al decirle que el partido todavía no había terminado. El tiempo le dio la razón.

En el Chelsea no necesitó pelearse con la Prensa

En Inglaterra no tuvo que pelearse con la Prensa ni nada por el estilo. Allí, los periodistas apenas se dejan ver desde hace muchos años, así que imponer su figura no le costó mucho trabajo. Poco importó la presencia de Terry o Lampard. En pocos meses se convirtió en el eje de las noticias no sólo del Chelsea, si no de toda la Premier. Provocó enfrentamientos con Wenger, Benítez y Ferguson. En las vísperas de los grandes partidos del campeonato, Mourinho aparecía con algún comentario que provocaba al contrario. Al técnico del Arsenal le llamó 'voyeur' por su afán de mirar todo lo que hacía el Chelsea y por no lograr nunca la Champions. Era feliz en Inglaterra. Controlaba todo, incluso a la Prensa a la que no dudó de atacar y mandar callar en público, tal y como hizo en en un choque ante el Liverpool.

En Italia le costó más imponer su modelo. La Prensa, tal y como sucede en España, estaba acostumbrada a estar más cerca de los equipos. No existía el aislamiento total de Inglaterra. En su primera temporada convivió con la Prensa, pero no se encontraba del todo cómodo en el Inter. La conquista del Scudetto no le servía ni a él ni a la afición. El juego ramplón y mediocre del equipo fue atacado por Prensa y aficionados. Tal fue así, que en la primavera de 2009, y tras recibir una llamada del Real Madrid, acudió al despacho de Moratti para aclarar su situación. De esa reunión salió con nuevo contrato y con la garantía de tener el mejor contrato del mundo y de gozar de libertad absoluta en el trabajo diario. La recompensa llegó un año más tarde levantando la Champions.

En la segunda campaña al frente del Inter la relación con la Prensa se deterioró por completo. El punto culminante llegó en Bérgamo, tras un partido ante el Atalanta. Ya en varias ocasiones había decidido no acudir a la sala de Prensa, generalmente ante empates o derrotas del Inter. Mandaba a su segundo y tan tranquilo. Ese día, el Inter empató a uno. Todo estaba tranquilo. Tal y como sucede en todos los partidos del club lombardo, un equipo de la televisión del club se coloca en la puerta del autobús para hacer entrevistas a los jugadores. Junto a ellos, y pactado con el departamento de Prensa del club, se colocaba un periodista cuya misión era hacer llegar al resto lo dicho por los hombres de Mourinho. Ese día el 'enviado especial' era Andrea Ramazzotti del Corrierre dello Sport. El técnico no entendió su presencia allí. Se bajó del autobús y agredió verbal y físicamente al periodista. La historia terminó con una multa al portugués. Desde ese día nada fue igual entre los periodistas y el entrenador del Inter. Sus apariciones fueros escasas y las entrevistas personales fueron seleccionadas al milímetro. Nunca apareció en programas televisivos deportivos, pero sí en algún 'late-night'. Y es que su carácter y su cierta chulería como él mismo ha reconocido, le han jugado más de una mala pasada.

Poco amigo de otros entrenadores

Tal y como sucedió en Inglaterra, mantuvo disputas dialécticas con entrenadores como Ranieri y Spaletti, pero fue el pulso que mantuvo con Balotelli el que originó más polémica. Con el joven delantero demostró que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones. Poco le importó que Balotelli fuera el niño mimado de Moratti, máximo accionista del Inter, a la hora de apartarle del equipo en el momento más decisivo de la pasada temporada. El italiano de origen ghanés mantuvo varios pulsos con Mou por su constante indisciplina, pero lo que no perdonó el entrenador fue que posara con la camiseta del Milan. No se lo perdonó y pese a que Moratti imploró por el perdón, Balotelli estuvo fuera durante tres semanas y lo peor llegó cuando en su regreso se enfrentó con la afición del Inter en la ida de las semifinales ante el Barcelona. Fin para el siciliano. Ahora la comparación del caso del delantero hoy jugador del Manchester City y el de Pedro León es evidente. El murciano no se ha equivocado tanto, ni de manera tan grave, pero es el primero que se ha saltado su código de conducta y lo está pagando. De momento con dos partidos en la grada. Mourinho sentenció, en su día a Balotelli, algo que también hizo con Ibrahimovic cuando en mayo de 2009 se enfrentó a la grada del Giuseppe Meazza. Un mes después fue traspasado al Barcelona.

Mourinho gusta de manejar los escenarios. No duda en aparecer en pleno partido. A partir de ese gesto celebrando de rodillas el empate de Lampard en un partido de Champions en el Camp Nou, las escenas se ha repetido con independencia del rival o el estadio. Todos los gestos tienen y buscan un fin. Ahora, cuando el juego del equipo no es con el que sueñan los aficionados, el pulso lo mantiene con la Prensa. Dos entrenamientos a puerta cerrada, sin ruedas de Prensa y las críticas centradas en el carácter del portugués y, mientras, nadie habla del mal juego del equipo. Es su objetivo y más teniendo en cuenta que ahora llegan diez días de vacaciones por el parón de los partidos de la selecciones. ¿O es que no recuerdan lo que dijo hace dos semanas tras la oferta llegada para dirigir a Portugal? Ya saben, el fin justifica los medios. La respuesta, en junio. De momento, en la zona noble del Santiago Bernabéu están tan contentos, al menos el presidente. Hace un año no pasaba lo mismo.

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