40º festival de teatro clásico de almagro

Romeo y Julieta se llaman Ramón y Hortensia y son indígenas

La compañía mexicana Los Colochos estrena en España 'Romeo y Julieta + Nacahue', una arriesgada, poética y emocionante versión del clásico de Shakespeare en español y cora

Foto: 'Romeo y Julieta   Nacahue' se estrena en Almagro (Martín Becerra)
'Romeo y Julieta Nacahue' se estrena en Almagro (Martín Becerra)

Él es cora. Ella, huichola. Él se llama Ramón y ella Hortensia. Un río separa sus pueblos, pero también sus culturas, sus creencias y sus lenguas. Les diferencia, o eso creen, y hace recelar aunque no lleguen a ser enemigos acérrimos. Ella huye de un marido que la maltrata por no quedarse embarazada. Él es un joven que no quiere plegarse a las convenciones de su pueblo y el matrimonio-que-le-toca. Y ese balcón convertido en río que les separa es el que les une. Romeo y Julieta se llaman Ramón y Hortensia, son indígenas y ni siquiera hablan la misma lengua.

Los Colochos de México han traído al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro una de las propuestas más arriesgadas y originales de su programación. 'Romeo y Julieta + Nacahue' es un poético y emocionante trabajo que evoca la tragedia de Shakespeare pero ahonda en conceptos como la incomunicación entre los pueblos, el mal entendimiento de lo diferente y el miedo a lo desconocido como semilla del odio. La mayor particularidad de la obra es que es en español y en cora, una lengua indígena de la zona de El Nayar, en la parte oriental de México, que hablan poco más de 13.300 personas.

Lo que en un principio podría ser una gran barrera, ya que no hay subtítulos a propósito para reforzar el sentimiento de incomunicación entre los dos protagonistas, es uno de los mayores aciertos de su director porque, como dice Hortensia, "no entender tus palabras me hace imaginarlas". Juan Carrillo consigue que el público pase de la extrañeza y el desconcierto ante esa lengua totalmente desconocida a la comprensión y la cercanía, que haya una identificación y una participación activa por parte del espectador que entra sin darse cuenta en una historia que resalta que no hay barrera entre pueblos, ideas o culturas que la voluntad y el corazón no pueda hacer caer.

Los Colochos ya pasaron por el festival manchego en 2014 con 'Mendoza', una versión de 'Macbeth' ambientada en la época revolucionaria y con el narcotráfico como trasfondo con la que ganaron el certamen Almagro Off. Esta vez han vuelto a España para estrenar su nueva obra antes que en su país natal que fiel a su estela comprometida tiene un mensaje muy claro: "Cuando el otro es el diferente se le teme y muchas veces el temor puede ser tan grande como el odio". Su director destacó la confianza del festival para estrenar su obra sin que se haya visto nada antes y por su apuesta por las nuevas voces internacionales. "Gracias por tomarnos en cuenta. Se lo pusimos muy complicado. Son unos chingones", aseguró. "Nos sorprende la entrega, el corazón y el amor por el teatro que tiene este festival".

'Romeo y Julieta   Nacahue', de Los Colochos
'Romeo y Julieta Nacahue', de Los Colochos

'Romeo y Julieta + Nacahue' es tan emocional como poética. Para conseguirlo se apoya, además de en la fricción idiomática, en una preciosa puesta en escena de Auda Caraza basada en un juego con cintas de colores que enfatizan la imagen tradicional mexicana y, a su vez, huyen de ese tipismo folclórico más manido. Tomando como referencia la artesanía huichol y los viajes de los chamanes cuando comían peyote para comunicarse con los dioses, los listones azules, naranjas, rojos, blancos o azules suben, bajan y se mueven para componer con una expresiva delicadeza abstracta las montañas en las que viven los huiloches, el pueblo del sol, el día y la aridez; la tierra de los cora, los guerreros de la luna, la noche y el agua, y el río que les separa.

Mientras Ramón (Mario Eduardo D'León) celebra la Semana Santa en su pueblo, Hortensia (Marianella Villa) se echa a las montañas con su familia en contra para huir del maltrato de su marido. "Otilio era una bestia por la noche. Odiaba tanto la noche como a él". Las barreras físicas y culturales de ambas etnias se derrumban cuando se encuentran en ese río que les separa y ciega. Como el balcón de la joven Capuleto, es el lugar donde la despedida es tan dulce que diré buenas noches hasta que amanezca. Los ecos de la obra de Shakespeare no solo están aquí, y aunque es una versión absolutamente libre, los asesinatos entre ambas familias o el infausto desenlace de los amantes evocan un clásico que en esta versión de Carrillo y Conchi León es tan compacto como el original.

Para trasladar la triste historia de los Montesco y los Capuleto a los pueblos indígenas mexicanos, Carrillo hizo una investigación sobre el terreno donde conoció a Ramón, Hortensia y su familia en la vida real. A partir de ahí surgió la dramaturgia y "empezamos a explorar cómo era la comunicación entre estas dos culturas", explica, con un mensaje tan claro como la importancia de escuchar al otro. "La estrategia de este trabajo deja de lado el 'entendimiento verbal' para horadar en el universo de las acciones, la poesía, la energía y las metáforas", agrega el director. De ahí la fuerza dramática y emocional que tiene que la obra combine indistintamente español y cora, lleve al escenario los ritos étnicos de ambos pueblos y aluda a historias como la creación de la vida para los huichol con la presencia destacada de Nacahue, la madre naturaleza, como metáfora de la unión por encima de las diferencias. Porque, como escribió El Bardo, el amor va en busca del amor.

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