SUS CANCIONES FUERON LAS PRIMERAS EN COMPARTIRSE

Chivi, el pornoautor que se convirtió en el primer viral de España

En 1998 apenas 300.000 españoles tenían acceso a internet: la mayoría de ellos, apueste por ello, tenían descargada alguna de las canciones del Chivi

Los fenómenos virales nacieron antes que las redes sociales. No llegaban tan lejos como ahora, ni tan rápido, pero lo compensábamos unos humanos que aún manejábamos el boca a oreja con cierta solvencia. En 1998 apenas 300.000 españoles tenían acceso a internet: la mayoría de ellos, apueste por ello, tenían descargada alguna de las canciones del Chivi. Y los que no las recibían a través de un CD.

Durante tres o cuatro años, y siempre de la mano del novedoso formato MP3, no quedó un adolescente que no hubiera escuchado 'Radikal' o 'El abuelo es gay', sus dos principales éxitos. Las letras del Chivi, a caballo entre la procacidad sexual y la escatología, no sonaban a nada parecido de la época; eran mucho más salvajes que Mamá Ladilla y, lo que es mejor, eran invisibles para cualquiera que no estuviese en internet. Chivi se alzó como un icono generacional que llegó a todos los institutos de España, pero no a sus padres, incapaces de encontrar su obra en las tiendas o en la prensa. Tan poca información había que muchos nunca supimos que el autor que tanto versionábamos entre clases era José Córdoba (Madrid, 1977), un cantautor con alma de pornógrafo, o viceversa, que simplemente hizo públicas las canciones con las que se divertía en la pandilla de amigotes.

Chivi, o José, atiende a este periódico en una cafetería de Lavapiés. Luce una camiseta de Espinete ("Te canto el na-na-ná por 50 céntimos"), es licenciado en Derecho y, a estas alturas, todavía sueña con una carrera como cantautor 'mainstream'. Quiere hablar de amor y de los problemas de la sociedad actual. El personaje del Chivi empieza a pillarle demasiado lejos: "Aquí no sé si puedo tocar 'Radikal', hay muchos niños y familias, luego la tocamos en la calle", dice rompiéndonos momentáneamente el corazón. Más tarde, ya en la calle, preferirá no cantarla.

Pregunta: Sus primeras canciones llegaron a todos los puntos de España. De hecho, muchos le sienten tan cercano que creen que es un vecino. ¿De dónde es?
Respuesta: De Madrid. He vivido siempre con mi madre en Avenida de América y ahora vivo con mi novia en Lavapiés.

P.: Exalumno del Calasancio, un colegio religioso muy conocido de la ciudad. Los peores siempre salen (salimos) de estas instituciones. ¿Qué tal alumno era?
R.: Ejemplar, siempre entre el notable y el sobresaliente. En COU incluso saqué matrícula de honor. Era delegado de clase…, el actual psicólogo del colegio sigue viniendo a mis conciertos, para que te hagas una idea.

P.: ¿Le hicieron creer?
R.: No, no, soy muy ateo. 

P.: De alumno brillante de los Escolapios a pornoautor ateo, sin transiciones.
R.: Yo soy formal, pero con mis amigos nos reíamos así, diciendo aberraciones. Por eso inventé al Chivi, que no soy yo, sino que me transformo en un personaje que canta con humor, para que la gente se olvide de sus preocupaciones.

P.: ¿Por qué Chivi?
R.: Pues por una perilla que tenía por entonces, como la que tienen los chivos (ríe).

P.: Dice que Chivi es un personaje. ¿Quién es el resto del tiempo?
R.: José Córdoba, un buen estudiante licenciado en Derecho que a los 14 años empezó a escribir sus propias canciones. Sobre amor, sobre los problemas de la sociedad, al estilo de los cantautores, que es lo que a mí me sale de dentro. Mis amigos me decían que estaban hartos de mis “canciones moñas”, así que hice una maqueta con el tono más subido y así nació el Chivi.

P.: ¿Dónde aprendió a tocar e interpretar?
R.: En casa, todo autodidacta. De hecho soy un músico nefasto, solo sé rascar la guitarra. Me sé los acordes mínimos para componer, pero necesito ayuda de compositores y arreglistas. Este año me he propuesto mejorar con la guitarra. Soy más letrista que otra cosa, aunque música y letra son mías en todas las canciones. 

P.: ¿Qué música escucha en casa?
R.: Mucha y variada, porque ante todo soy un melómano. Lo que más gusta es la ópera y la música clásica. De la clásica me gusta casi todo menos lo más contemporáneo, que es lo más estridente. Shostakóvich, por ejemplo, puede estar muy bien, pero es una música que yo no entiendo. Me gusta Mahler. En ópera mis preferidos son Strauss y Puccini.

El primer disco lo grabé y envié yo, por Correos, a todos los que lo compraron. Vendí más de milP.: O sea, que se emociona con Puccini pero escribe sobre lefa por pura presión social.
R.: Sí. Iba a las fiestas con mi guitarra y a la gente le gustaban mis canciones con barbaridades. Uno de mis amigos que estudiaba informática me convenció para grabar una de las canciones y subirla a internet. Estábamos en 1998, casi nadie sabía qué importaba eso de colgarlo en la red.

P.: Aterriza en internet y ¡booom! Revolucionó usted los institutos de todo el país. En el mío atravesó incluso las capas sociales: nos igualó a todos en la cochinada.
R.: Sí, es que empezó a crecer la bola por momentos. Veíamos que las canciones se descargaban mucho, así que seguimos grabando y colgando temas. A partir de ahí surgió una discográfica que me permitió grabar un disco con las mejores canciones de mis tres maquetas.

P.: De ahí nace 'De cantautor a pornoautor' (1999), su primer disco, que incluye su gran éxito 'Radikal'. A esas alturas no había un español menor de treinta que no tuviese la canción descargada, ¿vendió algo?
R.: Sí, vendí bastante: hicimos 1.000 copias del disco en CD y casete y las enviaba por toda España por correo. Ahí me di cuenta de que el boca a oreja se había extendido más allá de mi círculo de amigos y de Madrid.

En el 2000 hice mi primera gira. Fui a Barcelona a tocar y llenamos dos veces la sala Sidecar en noches consecutivas. ¡La cola daba la vuelta al edificio y ni siquiera teníamos un disco lanzado! El dueño me dijo que eso solo lo había visto cuando cantó a Manu Chao. Y después giré por toda España, con una respuesta increíble por parte de la gente.

P.: Sin invertir un euro en 'marketing' o publicidad. La distribución se la hizo la red.  
R.: Nada. No tenía ni quién me asesorase. Yo estaba acabando Derecho y no pensaba en otra cosa más que en convertirme en abogado. Sin la tecnología nunca habría podido darme a conocer. De hecho la discográfica solo accedió a promocionarme al ver que me había convertido en un fenómeno de internet.

P.: Exacto. Fue el primer gran fenómeno viral de la España conectada. ‘Radikal’ fue completamente rompedora con lo que había por entonces.
R.: No existió ningún tipo de censura, ni externa ni interna, porque eran canciones para interpretar con mis amigos. Usaba el lenguaje que todos empleábamos cuando teníamos esa edad. Le ponía música a las gilipolleces que se nos ocurrían.

Chivi, el pornoautor que se convirtió en el primer viral de España

P.: La mayor parte de la gente se descargó gratis ‘Radikal’, básicamente porque no existía industria digital de la música. A usted esto no parecía importarle en su momento (“estoy totalmente a favor de la piratería”), pero en 2007 largó contra las descargas

R.: Esas declaraciones no las hice yo, sino alguien que me llevaba y no sabía expresarse correctamente ante la prensa. Estoy de acuerdo con parte de lo que dijo, pero no quise meterme en eso. Hizo esas declaraciones para limpiar mi imagen después de las acusaciones de racismo, pero se equivocó, ahora veo que no tenía que haberlo hecho.

P.: ¿Le ha afectado personalmente la piratería?
R.: Personalmente no, supongo que como a todos. Cada vez se venden menos discos en todo el mundo y los artistas tienen que acostumbrarse a vivir de los conciertos.

P.: A finales de los noventa ya existían otros grupos similares al Chivi, como Juampa y la Raja o Mamá Ladilla, pero usted iba un poco más allá. ¿Sigue tomando los cereales con líquido amniótico?
R.: (Ríe). No, no, no. El Chivi funcionó porque era independiente, no estaba con ningún sello y podía hacer lo que quisiese pero, por otro lado, casi nadie subía su música a internet, de modo que podías captar la atención de la gente con más facilidad. Es que ahora puedes grabar algo maravilloso en tu casa y pasar desapercibido, porque no se hace viral.

P.: Es cierto, pero si consiguiese ahora algo tan rompedor como ‘Radikal’ o ‘El abuelo es gay’, y gracias al desarrollo de negocio que ha alcanzado internet, probablemente tendría media vida resuelta. Hablo solo de pasta, claro.
R.: Uf…, nunca se sabe. Es verdad que ahora hay mucha canción de humor, pero pocas letras son tan impactantes como las del primer Chivi. Y eso que hablo de cosas que existen, que están ahí, como la coprofagia o la zoofilia. No me las inventé yo, aunque a la gente le gustó que las tocase tan en profundidad por primera vez…, quizá ahora tendría la vida resuelta, pero nunca he hecho esto por dinero.

P.: Sus temas eran los únicos que no se podían escuchar en casa cuando había gente. ¿Cómo llevaba su madre su revelación como pornoautor? Componía siempre en su habitación...
R.: (Ríe) Le costaba, le costaba mucho entenderlo. Soy hijo único y he vivido con mi madre hasta hace poco, así que no se lo tomaba como si viniese de cualquier otra persona a la que habría tachado de pervertido inmediatamente.

P.: Le traslado un par de leyendas urbanas de la era preinternet. Dicen que a menudo se le veía en los muchos botellones del Parque del Oeste y que no le importaba cantarles a los borrachos que se le acercaban.
R.: Sí, eso es verdad. Era muy tímido, pero también bastante sociable. Me cuesta abrirme, pero con dos o tres copas me vuelvo socialísimo (ríe). Al principio sí iba mucho al Parque del Oeste, sobre todo antes de 2000, y mis amigos eran muy de acercarse a grupos de chicas: “Hey, que estamos aquí con el Chivi”. Y yo cantaba y cantaba, sobre todo si había alguna que estuviese buena (ríe).

P.: No me diga que con estas letras ligaba.
R.: (Ríe) Pues aunque no lo creas, porque uno tiene limitaciones en este aspecto, sí que ligaba. Piensa que a mis conciertos acudían mayoritariamente hombres, así que si iba alguna y se quedaba después a tomar algo, pues normalmente ligaba porque ya sabían a lo que iban. De todas formas muchas han debido quedarse alucinadas conmigo, porque en persona soy soso y ellas estaban buscando al Chivi. 

P.: Yo también le esperaba más lenguaraz.
R.: Con la música me he ido soltando, pero soy muy reservado. Al principio creían que era un fraude, no creían que fuera yo el Chivi.

P.: Otra leyenda urbana: usted dejó de ir al Parque del Oeste cuando se forró.
R.: Nunca he pensado en la música para ganar dinero. Si lo hubiese hecho, no habría escrito estas canciones. ¡El Chivi es lo más 'underground' que hay! No soy una persona avariciosa; el dinero es para disfrutarlo con los amigos.

P.: Pudo forrarse igualmente, no ha respondido a la pregunta.
R.: Quizá pude haber ganado más dinero con la explosión del Chivi, pero soy muy manirroto; lo que tengo me lo gasto. No me forré.

P.: ¿Ha vivido al menos de la música desde entonces?
R.: He tenido la suerte de tener una madre, con la que he vivido hasta hace poco, y en ese aspecto no he tenido muchas preocupaciones. He ido haciendo algo de dinero con la música y la he alternado, en épocas, con otros trabajos como la banca. He vivido bien, sin grandes lujos.

P.: ¿Es que no se puede vivir de la música en España?
R.: Uf…, se puede vivir como mileurista, y muchos meses ni eso. La inseguridad es enorme: puedes tener seis conciertos en un mes y luego pasarte medio año sin ellos. Lo normal es que te llamen los promotores de conciertos, pero en ocasiones tengo que llamarles yo. Ahora que estoy sin agente ni discográfica, se puede decir que malvivo de la música. Se vive de los conciertos.

P.: En Madrid han cerrado un montón de salas pequeñas desde que comenzó a tocar.
R.: Y se nota, la música independiente está mucho peor. No solo ha sucedido en Madrid, sino en toda España. La mayoría de las salas con aforos menores a 100 personas no han podido resistir la crisis.

*****

José nos confiesa, al terminar la entrevista, que desde que salió de la universidad ha ido saltando de un trabajo a otro. No le da la menor importancia a estos puestos: solo se detiene para mencionar los tres años que estuvo en CaixaGalicia, truncados por un informe de uno de los directores para el que tiene explicación: "No me hicieron un contrato fijo porque descubrieron que era el Chivi", asegura. En 2014 regresó a los escenarios y ahora está intentando, quizá por última vez, convertirse en el músico acústico que siempre quiso ser. 

*****

P.: En 2008 renunció al Chivi y se lanzó al ruedo con su nombre real, José Córdoba.
R.: Usé mi nombre para que nadie se esperase escuchar las canciones del Chivi, aunque la marca me habría ayudado mucho. Intento ser sincero con mi público porque Chivi y José Córdoba no son lo mismo. A José Córdoba le interesa el amor y la crítica social.

P.: Hablemos de amor. Me sorprende que se vea como un cantautor afanado en los desencuentros de pareja.
R.: Es mi salida natural desde los 14 años. Con Chivi me lo paso muy bien, sobre todo durante el proceso creativo: me imagino las reacciones de la gente cuando la escuchan por primera vez y me río. Pero sí, las canciones sobre crítica social y amor me gustan más (y me cuesta menos hacerlas). Componer para el Chivi es cada vez más difícil, lo que no deja de ser un reto divertido.

P.: “Solo porque me masturbo pensando en sacerdotes…”. Es la primera estrofa de ‘Radikal’. ¿Imaginaba las caras de la gente al oírla? No había nada parecido.
R.: (Ríe). Lo pasé genial escribiéndola y grabándola, todo en mi casa. En cuanto tuve dos o tres frases y se lo enseñé a mis amigos supe que iba a petar. 

P.: ¿El Chivi debe ser, por fuerza, un adolescente? Quizá otro debería heredar el traje, como sucede con Batman.
R.: No, el Chivi soy yo, que cada vez es más viejo. El problema es que me cuesta más encontrar temáticas novedosas para el Chivi. No quiero repetirme, porque para eso no grabo nada, pero también te digo que no me veo con 50 años componiendo las guarrerías del Chivi.

P.: ¿Vende más el Chivi que José Córdoba?
R.: Sí, claro. Chivi tiene una carrera larga y está muy curtido. A José Córdoba hay que descubrirlo, llegar a la gente, y eso es lo más complicado.

P.: Defina políticamente a José Córdoba.
R.: Soy una persona de izquierdas, pero sin extremos. Ante todo me preocupa que la gente, últimamente, no respete lo que se ha votado. Me preocupa que hemos tenido que pasar mucho hasta llegar a una democracia y ahora algunos quieran ir para atrás. No me gusta que la gente salga a protestar, porque creo que la mejor protesta se ejerce en las urnas.

P.: ¿Es esto un reproche a Podemos?
R.: Sí, pero no es que no me guste el partido entero, solo algunas propuestas. Cuando se organizó el 15-M estuve en Sol varios días. Creo que entonces había que salir a la calle a decir que esto no puede seguir así. Incluso se podría haber protestado más. Pero ahora la gente ha emitido su voto y hay que respetar la voluntad del pueblo.

P.: Nómbreme a dos o tres de sus referentes políticos.
R.: (Lo piensa mucho). Me gustó mucho la labor de Javier Solana en su momento, y también lo que hizo Felipe González durante sus mandatos, que le dio un lavado de cara al país en una época muy difícil. Y gente como Suárez, comprometidos con el consenso. Alcanzar acuerdos es una parte de su trabajo, que al final es mejorar la vida de la gente. En este aspecto nuestros políticos son bastante malos en su trabajo.

P.: Le veo cercano al socialismo. ¿Susana o Pedro?
R.: Ninguno de los dos. Tiene que haber una tercera vía. Ni uno obcecado con unas ideas que no encajaban en el partido, como Sánchez, ni Susana, que viene de la vieja guardia, que sigue viendo el PSOE como el socialismo andaluz, anclado en el pasado.

P.: ¿Cuál es el mayor problema de España?
R.: La justicia. Es un estamento que está podrido y lo extiende a los demás. El poder judicial está supeditado al Ejecutivo, y eso ha generado que los políticos crean que todo vale, que tengo al juez de mi parte. En España el que la hace no la paga. ¿Cuándo cojones van a tener una sentencia sobre el caso Urdangarin o Gürtel? Son asuntos que se van enfriando porque la justicia está podrida.

P.: ¿De los procesos secesionistas qué opina?
R.: Soy antiviolencia; matar por unos ideales me parece idiota. Hay que sentarse a hablar por lo menos, porque lo que está sucediendo en Cataluña pinta mal. Yo voy a cantar allí una vez al año, y lo que veo últimamente es preocupante. Hay muchísimas esteladas colgando de balcones en los que antes no había. 

P: Si usted fuese presidente, ¿llegaría a poner la independencia sobre la mesa?
R.: En última instancia sí, porque es mejor que un tira y afloja de años. Con Cataluña al menos hay diálogo, porque en el País Vasco se ha matado a gente inocente. Eso no puede volver a suceder, antes hay que dialogar, aunque sea con la independencia encima de la mesa. En el País Vasco se han perdido muchas vidas para estar aquí, en el mismo punto en el que estábamos. No puedes obligar a la gente a ser de un país a punta de pistola, porque solo generas odio y rechazo contra España. 

P:. Trump.
R.: Es la demostración de que una enorme fortuna puede lograr cualquier cosa, incluso la presidencia de Estados Unidos, aunque tampoco me preocupa más que George W. Bush, que de nivel intelectual debía andar ahí. En cualquier caso Trump es una mala noticia para las personas que tenemos unos valores basados en la igualdad entre razas, géneros…

Machismo, racismo y fascismo

P.: Me gusta que mencione la igualdad. Le han acusado de racista por una canción que ni siquiera es suya.
R.: Es lo único negativo de toda mi carrera. Al convertirme en un fenómeno en internet, muchas personas colgaron canciones a mi nombre porque sabían que se iban a escuchar. Me han adjudicado canciones de Juampa, de los Mojinos Escocíos, la de Oliver y Benji… y luego está ‘Negros de mierda’, que se hizo tremendamente popular en España, me la adjudicaron y e incluso una persona me acusó ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

En realidad es la canción de un argentino que no se refiere a los negros de piel, sino a los aficionados de su equipo rival, de Boca Juniors creo. Me han acusado de ser facha, racista, machista…, de todo.

P.: He revisado su repertorio esta semana y tengo dos conclusiones: sus canciones siguen siendo muy pegadizas pero, por otro lado, esas letras no aguantan los estándares del machismo actuales. Son mucho más provocadoras que ningún exabrupto de Trump. Exceptuando lo de agarrar de los genitales como método de seducción, vale.
R.: Siempre digo que mis letras surgen desde la visión de un tío. Si fuera una tía obviamente serían distintas. En cualquier caso no lo hago aposta, sino que la canción nace de forma instintiva y sí, puede quedar machista, pero esa no es la intención. Yo no soy machista. Es más, en estos momentos soy el ama de casa, el que va a la compra, hace la comida, friega los platos… Me he criado entre mujeres y siempre he vivido en el respeto a los demás, mucho más si son mujeres. 

P.: Ha llegado incluso a parodiar la paliza de un hombre a su mujer.
R.: Pero siempre sin malicia, tratando de hacer broma y quitarle hierro al asunto. Si he sido machista en alguna ocasión ha sido sin darme cuenta, no por fastidiar a las de Femen (ríe).

P.: ¿Le han llegado a afectar profesionalmente estas críticas?
R.: Sí, me han anulado conciertos por ello. Me llamaba un promotor: “Oye, que no vengas que me están diciendo que eres un machista y un facha”. Me lo intento tomar con humor, pero me molesta porque no soy ninguna de esas cosas.

P.: Tiene un disco hecho, solo falta que llegue una discográfica para publicarlo. Aproveche este espacio para ofertarse.
R.: Son 12 canciones de José Córdoba y el título provisional es ‘Polos opuestos’. Lo he grabado con José Antonio Romero, el productor de Sabina, Estopa, Rosana…, y con los músicos del equipo de Borrero, que son referentes musicales. El disco está para entrar en fábrica y tiene desde 'country' hasta una habanera, todas compuestas por mí. Hasta aquí me lo han financiado unos empresarios. Ahora necesito una empresa que se dedique a la música, que edite, distribuya y promocione el disco.

P.: Mucha suerte, José. ¿Regresará el Chivi algún día?
R.: Mi madre me dice que mate al Chivi, pero a mí me gusta. Quizá ya no pueda ser tan bruto como al principio, quizá necesite un giro hacia el surrealismo, algo más allá de la obscenidad. Sí, sí quiero que regrese, aunque sea para una despedida como merece.

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