Fiebre editorial en torno al maestro del horror

España se rinde al terrorífico culto secreto de Lovecraft

No es que su nombre haya resurgido con fuerza, es que España nunca ha dejado de ser lovecraftiana: tres nuevas traducciones y una novedad

Foto: El escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft
El escritor estadounidense Howard Phillips Lovecraft
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    El Mal, como le hubiera gustado a Howard Phillips Lovecraft (1890-1937), se despertó por culpa de un libro. "Con esta Antología pretendo presentar al público de habla castellana un panorama completo de los Mitos de Cthulhu", escribía en septiembre de 1968 Rafael Llopis en el prólogo a Los mitos de Cthulhu de Alianza Editorial. A su amor por el moho y horror, a su trabajo de selección, a sus notas y a sus textos (y a la traducción de estos mitos junto a su cuñado Francisco Torres Oliver) debemos en gran parte que España pueda considerarse un país lovecraftiano.

    Aquel fue el primer contacto que muchos tuvieron con ese escritor raro al que Llopis describía pocas líneas después como un tipo "pesimista y entusiasta, amargado, amable, bondadoso, misántropo, utópico y soñador, vulgar, gris, avaro, generoso, ocultista y racionalista a la vez, amigo fiel y comprensivo, racista, materialista, humanitario, realista y fantástico, simpático, abierto, solitario, ateo, degenerado, loco, prodigio de inteligencia, creador de mundos, fracasado y triunfador, aficionado a los helados como un niño y a los gatos como una solterona".

    Medio siglo después, España es más lovecraftiana que nunca: si el descubridor del Necronomicón se levantara de su tumba no tendría motivos para quejarse ante la hiperactividad llevada a cabo en su nombre. Pocos se han resistido al embrujo estas décadas: Alianza, Seix Barral, Bruguera, Edaf (con imágenes de H. R. Giger en cubierta), Valdemar, Cátedra, Alpha Decay.

    No pertenece a ningún nicho de lectores ni a ningún género cerrado de literaturaY estos días coinciden en las librerías tres nuevas traducciones de otras tantas obras del escritor a cargo de dos editoriales en las que uno jamás hubiera imaginado encontrarse al escritor de Providence. Lo que vuelve a poner sobre la mesa que: 1) Lovecraft no pertenece a ningún nicho de lectores ni a ningún género cerrado de literatura; y 2) que hay casi tantas formas de editar y tratar a Lovecraft como de leerlo, ya sea en novela de bolsillo, con ediciones críticas, en bilingüe, a través de Narrativas completas o como relatos sueltos.

    Estos días llega a las librerías El resucitador de la mano de Periférica, una nueva traducción de Herbert West: Reanimator (a cargo de Juan Cárdenas), novela por entregas publicada en una revista a principios de los años veinte y en la que se inspiró la película Re-animator (Stuart Gordon, 1985).

    Por su parte, Acantilado ha incluido a Lovecraft por partida doble en sus novedades con dos de sus novelas más celebradas: El caso de Charles Dexter Ward (en la calle desde el próximo miércoles) y En las montañas de la locura poco después (19 de marzo), ambas traducidas por Miguel Temprano García.

    "Siempre se ha tendido a encasillar a los escritores en alguna categoría. Simenon en la literatura de quiosco o Zweig en la femenina podrían ser ejemplos bastante elocuentes. Y ejemplificadores de hasta dónde puede resultar inadecuado y perjudicial para la obra de cada uno de ellos y nuestra percepción como lectores", cuenta Jaume Vallcorba, fundador de Acantilado, sobre la idea de sacar a Lovecraft de las etiquetas habituales.

    Lovecraft
    Lovecraft
    Por suerte, en estos años algunos debates alrededor de Lovecraft se han superado, especialmente el planteado por parte de la crítica sobre si era buen escritor o simplemente alguien de imaginación prodigiosa. "Lovecraft es un gigante de la literatura. No es un afectado, ni cursi ni mal escritor", defiende Julián Rodríguez, director editorial de Periférica. "Y depende mucho de en qué traducción se le lea, por eso estábamos interesados en ofrecer un nuevo texto. Creemos que Lovecraft, Dunsany y Machen forman una triada de alta calidad, sólo hay que acercarse a buenas versiones (o a los originales) y leerlo con atención y sin prejuicios".

    Cómo traducir a un calamar

    ¿Hay alguna razón personal para tanto mimo hacia Lovecraft? Puede que tenga algo que ver que los que hoy son editores y directores editoriales primero fueran lectores en los años setenta y ochenta. Y probablemente lectores de Lovecraft. Lo confirma Vallcorba: "Lovecraft fue una lectura mía compulsiva cuando tenía veinte años. Habíamos hablado de él entonces con devoción con mis compañeros de curso en la Universidad Autónoma de los años setenta. También con Gabriel Ferrater. Recordemos que fue Seix Barral quien publicó en aquellos años El caso de Charles Dexter Ward y En las montañas de la locura".  

    Algo parecido le contaba hace unos días Rafael Díaz Santander, editor de Valdemar, posiblemente la editorial que más empeño ha puesto en tratar a Lovecraft como merece en las últimas dos décadas, al escritor Javier Calvo en La Vanguardia: "En los años setenta y ochenta éramos patológicamente lovecraftianos".

    Calvo es una pieza con peso propio en el culto español al horror cósmico y se ha encargado de traducir en varias ocasiones al de Providence (La llamada de Cthulhu para Alpha Decay, 2012) y de contribuir con ensayos a nuevas ediciones (Hongos de Yuggoth en El Cangrejo Pistolero, 2011; La sombra fuera del tiempo en Nevsky Prospects, 2013). "H.P. Lovecraft es intraducible. No me refiero al acto convencional de la traducción literaria, que es lo que ha permitido que la obra de Lovecraft se propagara por el mundo y se convirtiera en corpus cuasi-oculto para muchas generaciones de jóvenes solitarios y huraños", escribe Calvo en su ensayo Hongos de Yuggoth y el modo visionario. "Lo intraducible es su idioma profundo. Su doctrina, por llamarla de alguna manera".  

    Hoy parece difícil no publicar una nueva versión sin pisar otra anterior, editar a Lovecraft tiene algo de caminar por un campo de minas. Por ejemplo: Vallcorba confirma que a la hora de elegir En las montañas de la locura para su rescate en Acantilado no tuvo en la cuenta una reciente (y excelente) edición publicada hace apenas dos años: la novela de horror blanco de Lovecraft sirvió entonces a la muy seria Cátedra para inaugurar con un gancho evidente su colección Letras Populares, en la que se acerca a clásicos de la literatura de aventuras, ciencia-ficción, terror, fantasía y demás géneros menores con su rigor habitual.

    Houellebecq aventuró que Lovecraft tal vez no fuera del todo humanoEn este caso, traducción y completa introducción a cargo de Juan Antonio Molina Foix, arropado por textos de Cirlot, Llopis, Francisco Nieva, Fernando Savater, José Manuel Sánchez Ron, Houellebecq y Joyce Carol Oates, entre otros. Houellebecq, recordemos, ya escribió en 1991 un ensayo titulado H.P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida (publicado en España por Siruela) en el que, entre otras cosas, aventuraba que Lovecraft "tal vez no fuera del todo humano".

    ¿Y qué motivos hay para rescatar la obra de Lovecraft cuando aún permanece caliente sobre la mesa? Para Jaume Vallcorba, "si bien la lengua de las obras originales se mantiene siempre viva, lo cierto es que la de las traducciones por lo general envejecen".

    En el caso de Julián Rodríguez, "El resucitador es un texto bastardo y profundamente contemporáneo: parece una serie de televisión pero al mismo tiempo un fragmento de folletín steampunk. Es grotesco y a la vez hermoso en algunos pasajes. Reflexiona sobre el ser humano y sus ambiciones de un modo que enseña tanto como entretiene. Se sale un poco del Lovecraft que todos hemos conocido mejor y siendo casi pulp (tan weird tale) tiene algo de romántico sureño (no sé si por la conexión con Frankenstein). Siempre nos ha interesado mucho su estructura y la potencia de los dos capítulos finales".

    Julián Rodríguez subraya la fidelidad de su traducción, a pesar de que se ha tomado también algunas licencias. La más llamativa, probablemente, la de título: de Herbert West: Reanimador se ha pasado a El resucitador, algo que algunos ya han interpretado como una falta de respeto. Rodríguez se explica: "La traducción del título es un acuerdo entre editores y traductor. Siempre hemos creído (somos muy lectores de Lovecraft) que en español el asunto central, con todo lo que encierra cristianamente esa palabra, es la resurrección, y no cabe otra".

    A estas alturas ya podemos responder que sí, que en pleno siglo XXI Lovecraft cabe en el catálogo de cualquier editorial. Según Vallcorba, autor y obras "podrán sentirse cómodos" entre vecinos como Stefan Zweig y Alexandr Pushkin, en un sello que nació para "la publicación regular de autores imprescindibles de la mejor tradición literaria europea, tanto patrimonial como contemporánea".

    Para Julián Rodríguez, "Lovecraft está muy presente en nuestro catálogo desde el primer momento, incluso en los nuevos escritores: es, de hecho, una referencia importante para Rita Indiana e interesa mucho a Yuri Herrera y Carlos Labbé, entre otros. También podemos rastrearlo en Fogwill y en Elvio E. Gandolfo, y Ana Blandiana o Joyce Mansour conectan con su mundo de un modo relevante. En Periférica siempre ha habido una atención esencial a diferentes realismos pero podemos decir, y así lo hemos expresado públicamente más de una vez, que los irrealismos son clave en nuestro catálogo también".

    Sangre nueva para el mito

    Deshielo y ascensión, el inusual y fabuloso debut del periodista Álvaro Cortina (Bilbao, 1983), se presenta ante los lectores como una "novela irrealista polar ártica" que "juega con diversos géneros como el terror gótico, la novela pedagógica, la biografía de artista, la ciencia-ficción y la aventura de exploración". Es, en efecto, muchas cosas a la vez, y por su escritura epistolar y ese horror blanco, helado y ciego que ejerce de atmósfera y que ahoga, es una novela lovecraftiana. "En buena medida, aun siendo una novela de voces ensimismadas y brumosos y mínimos rasgos físicos de personajes, es una novela que nace con los paisajes. Mi padre es un pintor de paisajes, algo se me pegaría aquí", cuenta Cortina, que ha dividido su historia en cuatro partes, cada una narrada con una voz distinta.

    Pero que una novela pueda considerarse lovecraftiana por alguno de sus aspectos no implica que su autor sea necesariamente un autor lovecraftiano. "De Lovecraft me encanta su deriva hacia extraterrestres sin poso tecnificista", confirma Cortina. "Lo he leído, y lo estimo, pero nunca diría que es un escritor de cabecera", aclara. "Pero, ¿es necesariamente lo que más nos gusta aquello que nos ha influido? Lovecraft me parece un escritor curioso: lo mejor que hizo fueron En las montañas de la locura y El caso de Charles Dexter Ward. Ahí se concentran los dos temas principales argumentales de su obra; una obra muy repetitiva, muy decimonónica (aunque En las montañas de la locura es una obra original e impresionante; inolvidable para cualquier lector). Es un pastiche admirable; tiene mucho del siglo que le vio nacer y algo de original, pero no renovador: no hay en él ningún interés en nada relativo a la modernidad, a la renovación de una época. Con un estilo literario cuestionable, pero al mismo tiempo genuino".

    Para Cortina, en Deshielo y ascensión "no aparecen los temas concretos dramáticos que trataba Lovecraft, salvo la tundra, la nieve, las inmensidades, la solemnidad de lectura en mitad de la noche con mal tiempo fuera. Esta disposición hacia la grandilocuencia". Pero, por otro lado, Lovecraft ya "es una especie de epígono: el nombre literario para clasificar todo tipo de novelas fantásticas, más o menos inquietantes". Y desde luego no es un autor maginado. "¿Qué otro escritor de su tipo sale en las secciones culturales de periódicos y revistas? Y nunca han faltado ediciones de su obra. Efectivamente, forma parte de eso que se llama Literatura Juvenil, pero que en el fondo es uno de los apartados literarios más selectos: ahí donde están Melville, London, Poe y otros muchos. Hombre, y siempre es un lujo tenerlo en Acantilado".

    Deshielo y ascensión es, como decíamos, muchas cosas. Y ojo: a veces también es una novela muy bernhardiana, narrada en círculos y obsesiva. "Bernhard es una referencia en mi primera historia. Ningún autor contemporáneo debería desconocerlo. Es un escritor que parte de Beckett: tanta claridad y tanta irracionalidad. Es un autor musical y virtuoso de la reiteración. Engancha. Y tampoco es autor de cabecera. Pero nadie dijo (volviendo a Lovecraft) que nos influyan los autores de cabecera", asegura. "En cierto sentido, Lovecraft es el polo opuesto a Bernhard: diría que Lovecraft tenía un material y que Bernhard tenía ante todo un estilo".

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