“La película había funcionado bien y confiábamos que estuviera presente de algún modo en el palmarés, pero no esperábamos que se llevara el máximo galardón”, comenta a El Confidencial un alborozado Albert Serra (Banyoles, 1975), que recibió la noticia el viernes por la noche, justo cuando se disponía a marcharse de la ciudada suiza: es el nuevo Leopardo de Oro del Festival de Locarno, gracias a su película Història de la meva mort, en la que fabula con el encuentro entre Casanova y Drácula, en un recorrido desde la luz del siglo XVIII a las tinieblas del XIX que le llevó a rodar 440 horas de metraje y para el que necesitó un año y medio para montar. El propio Serra señaló a este periódico, al inicio del festival, que quería rodar una película sobre el deseo y el placer, relacionados con las épocas que representan cada uno de los personajes y "preguntarse cuál era más intenso, si el placer mundano del siglo XVIII o el más oscuro y violento que encarna el mito gótico”.

Es la primera vez que una película española consigue el gran premio del certamen en sus 66 ediciones, y que en los últimos años se ha confirmado como una referencia internacional esencial. Aunque todavía no reciba la atención mediática de Cannes, Berlín, Venecia o San Sebastián, Locarno es también un certamen de los denominados de Categoría A, es decir, un festival cuya sección competitiva se configura con largometrajes de estreno mundial. Solo hay 14 en el mundo y Locarno es el que reúne a los cineastas de mayor interés y prestigio del cine de autor más radical e inconformista. Solo hace falta echarle un vistazo al resto del palmarés concedido por el jurado que presidía el director filipino Lav Diaz, y del que también eran miembros la directora y actriz francesa Valérie Donzelli (Declaración de guerra), el realizador griego Yorgos Lanthimos (Canino), el productor chileno Juan de Dios Larraín (No) y el suizo experto en cine Matthias Brunner.

“Me hubiera ido tan tranquilo sin el premio. Con los jurados y los galardones ya se sabe, ahora le toca a uno y mañana a otro. Así que tampoco hay que darles demasiada importancia. Vaya, yo nunca se la he dado y no voy a empezar ahora solo porque me han dado uno a mí”. Pero el catalán es consciente que este reconocimiento es muy importante para películas como la suya, con una distribución comercial difícil. A estas horas, Història de la meva mort todavía no tiene confirmada su fecha de estreno en España... y sí en Francia, donde entra en cartelera el próximo 23 de octubre. Por ahora, en nuestro país solo ha cerrado una serie de pases en filmotecas, festivales y centros de arte. El Leopardo de Oro debería suponer el empujón definitivo para encontrar una distribuidora, “e incluso puede que a la gente le acabe gustando la película, nunca se sabe”.

Cineastas del presente con futuro

El otro largometraje español a concurso en Locarno, Costa Da Morte de Lois Patiño (Vigo, 1983), también ha recibido premio. El gallego ha sido reconocido como Mejor Director en Cineastas del Presente, la segunda sección competitiva del certamen dedicada a los cineastas que como máximo cuentan con dos largometrajes en su haber. Es decir, el reconocimiento a las promesas. Costa da Morte traza un recorrido por esta región gallega donde Patiño explora la integración del ser humano en el paisaje, una relación que resume la cita de Castelao con que arranca el film: "Nun entrar do home na paisaxe e da paisaxe no home creouse a vida eterna de Galiza”.

 Aunque este sea su primer trabajo de larga duración, Patiño no es ningún debutante. Lleva unos años moviéndose por el terreno de la videocreación, donde empezó a explorar cuestiones relacionadas con la aproximación a la naturaleza. En Costa da Morte continúa vigente este interés por filmar el paisaje desde otra perspectiva y escala, atribuyéndole unas características casi antropomórficas. En Costa da Morte, el ser humano no conforma el centro de gravedad de la película sino que se integra como un elemento más del cuadro, como los árboles, las rocas o el mar.

El recorrido por esta región gallega se apoya en la contemplación enplanos fijos generales de una costa de la que Patiño consigue plasmar toda la fuerza plástica, pero también dramática. La mirada contemplativa a los diferentes elementos naturales que la configuran se combina con el relato en off y en primer plano en torno a las leyendas y mitos que ha forjado este paisaje. Se suceden las historias que cuentan pescadores, percebeiros o mariscadores sobre naufragios, cadáveres arrastrados por las olas, fugitivos de la Guerra Civil escondiéndose por la zona o asaltos a barcos embarrancados en una Costa da Morte que deviene a la vez espacio mítico, lugar de trabajo cotidiano, cuadro plástico y escenario del paso cíclico del tiempo.

Un modelo rentable

Costa da Morte tampoco tiene distribución comercial en España. “Ya no compensa”, declara Martin Pawley, coproductor de la película junto a Felipe Lage. Ambos están detrás de Zeitun Films, productora de buena parte del cine gallego reciente que triunfa por festivales de todo el mundo, de Todos vós sodes capitáns de Oliver Laxe (Quincena de Realizadores de Cannes 2010) a Arraianos de Eloy Enciso, que se presentó en Locarno 2011. “Contratar a una distribuidora no garantiza que tire copias, consiga salas, publicite la película y genere material promocional. En cambio, exigen quedarse con los derechos de la película durante años”.

Así que probablemente, Costa da Morte quede en ese circuito alternativo por el que cada vez se mueven más películas: centros culturales, festivales, programaciones especiales, cine-clubs... “A partir de Locarno, Costa da Morte va a exhibirse calculo que en unos 30 festivales”, comenta Pawley. “Además estrenaremos en alguna sala en Madrid y Barcelona. En Galicia por supuesto la mostraremos en la región que da título al film y donde ya no quedan salas de cine. Cabe decir que para un film gallego siempre resulta más difícil hacerse un hueco, también en la prensa, que para una película producida desde Madrid”. Por este circuito, el filme puede acumular más espectadores que tantos otros títulos supuestamente comerciales, que agonizan durante una semana en una sala de estreno. “Solo con los 20.000 francos suizos (más de 16.000 euros) que comporta este premio en Locarno ya casi hemos pagado la película. ¿Quién puede decir que este modelo de producción no resulta válido?”.

Los premios en Locarno para Història de la meva mort y Costa da Morte ponen en evidencia que sí existe un cine en España que, más allá de los grandes títulos comerciales o de los nombres consagrados, cuenta con un reconocimiento internacional. El hecho de que estas películas se vean obligadas a moverse por otros circuitos también deja claro el desajuste entre esta realidad inapelable y el modelo de cine español, que siguen defendiendo instituciones, industria y ciertos medios.

Palmarés de drama

El Premio Especial del Jurado ha recaído en otro de los films favoritos de la Competición Internacional, E Agora? Lembra-me de Joaquim Pinto, donde este director y sonidista (colaborabor de los grandes nombres del cine portugués, de Manoel de Oliveira a Joao César Monteiro) se mueve entre el diario personal, las memorias y una reflexión íntima de ecos universales, en torno a su vida cotidiana, marcada por los tratamientos contra el SIDA y la hepatitis a los que debe someterse.

El Leopardo a la Mejor Dirección ha ido para el surcoreano Hong Sang-soo, de quien hemos podido ver en salas este año En otro país con Isabelle Huppert, que en Our Sunhi lleva a cabo otro de sus juegos sentimentales esta vez alrededor de una estudiante y tres de sus pretendientes. Brie Larson recoge el Leopardo a la Mejor Interpretación Femenina por su papel de una asistente social en Short Term 12 de Destin Cretton, un emotivo drama estadounidense sobre el trabajo en un centro de acogida de menores maltratados que también recaba una de las Menciones Especiales del Jurado.

El peruano FernandoBacilio obtiene el Leopardo a la Mejor Interpretación Masculina por El Mudo de Daniel y Diego Vega, donde encarna a un juez que, en su obsesión por encarcelar a quien disparó contra él, acaba confundiendo los límites entre justicia y revancha. Y la otra Mención Especial se destina a Tableau Noir de Yves Yersin, un documental suizo que sigue el último año de una escuela rural a punto de cerrar y reivindica así una forma de educación en vías de extinguirse.

La película dirigida por Lois Patiño comparte palmarés con otros títulos que se apartan de los caminos del cine más convencional. El Leopardo de Oro Cineastas del Presente para Manakamana reconoce una de las obras más estimulantes de Locarno 2013. Stephanie Spray y Pacho Velez sitúan su cámara en una cabina de teleférico que sube y baja al templo nepalés que da nombre al film. Sin alterar en ningún momento el encuadre fijo que abarca pasajero y paisaje y forzando la percepción de que la película se desarrolla en tiempo real, los cineastas urden una propuesta que resulta un reto en su propia definición. Documental etnográfico, obra experimental pero también truco de unos prestidigitadores de lo real que juegan con las expectativas del espectador ante lo que va a aparecer en la pantalla, Manakamana va a convertirse sin duda en uno de los títulos de culto de la temporada.