UNA EMPRESA OFRECE BARRA LIBRE DE ENTRADAS DE CINE POR UNA CUOTA MENSUAL

La tarifa plana llega a Hollywood

Ver cine hasta reventar para levantar la industria. El paraíso cinéfilo ya está aquí, se llama MoviePass y tiene aspecto de tarifa plana. 30 dólares al
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La tarifa plana llega a Hollywood
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    Ver cine hasta reventar para levantar la industria. El paraíso cinéfilo ya está aquí, se llama MoviePass y tiene aspecto de tarifa plana. 30 dólares al mes (22 euros al cambio) por ir al cine todos los días. El servicio estadounidense MoviePass, que funcionará en beta durante este año, quiere cambiar los hábitos del consumidor para siempre con una cuota mensual que oscila entre los 29,99 y los 34,99 dólares, según el lugar de residencia en EEUU. Una vez en el cine, la entrada se paga con una tarjeta de débito con el logo de MoviePass. La empresa también ofrece una aplicación de móvil donde se puede consultar cine, película y sesión. 

    Limitaciones de MoviePass: no incluye los filmes en 3D, la contratación mínima es por un año y sólo se puede ver una película al día. Ventajas: el precio. Una entrada de estreno en Nueva York oscila entre los 11 y los 13 dólares. Con ir tres veces al cine al mes, ya estarías ahorrando dinero.

    MoviePass se dirige, por tanto, a un público muy específico: aquellos que van al cine todas las semanas. Un sector minoritario, en efecto, pero también muy poderoso. Se trata de los clientes que cortan el bacalao. Los niños bonitos de Hollywood. Los que deciden qué película triunfa y cuál se estrella. Poca broma con ellos.  El 50% de las entradas que se venden cada año en EEUU van a las manos del 10% de aficionados que van más al cine. Es el público objetivo de MoviePass

    “El 50% de las entradas que se venden cada año en EEUU van a las manos del 10% de aficionados que van más al cine. Es el público objetivo de MoviePass. El sector más codiciado por la industria. Son los más influyentes, los que escriben en blogs, tuitean un montón sobre las películas y van a los estrenos. De hecho, el 80% de los usuarios de MoviePass van a ver las películas en sus primeros tres días en cartelera”, ha afirmado Stacy Spikes, consejero delegado y fundador de MoviePass.

    El servicio de tarifa plana, al que se accede previa invitación, aún no ha proporcionado su número de usuarios. No obstante, Spikes ya tiene planes para ampliar la oferta (películas en 3D, precio especial para parejas o tarifa reducida entre semana) si el negocio crece. 

    Spikes también quiere llegar a acuerdos con los grandes estudios de Hollywood para ofrecer caramelos (acceso a estrenos exclusivos, ofertas en DVD, etc.) a sus codiciados clientes.

    ¿Y en España?

    El experimento MoviePass puede servir también para iluminar el actual debate sobre el precio de las entradas de cine en España. FACUA-Consumidores en acción abrió el fuego el pasado fin de semana en Twitter: “Por 20 euros al mes en París puedes ver todas las películas que quieras. ¿A qué esperan las salas de cine españolas? #tarifaplanacineya”. El cineasta Paco León se sumó a la causa y la discusión se disparó en las redes sociales en pocos minutos.

    La propuesta de FACUA surge en medio de las negociaciones entre exhibidores, distribuidores y productores para abaratar el precio de la entrada como vía para frenar la continua fuga de espectadores (un 33% menos que en 2012 durante el fatídico mes de mayo).

     “Tenemos que utilizar la palanca del precio, hay que tomar medidas contundentes”, ha afirmado recientemente Pedro Pérez, presidente de la patronal de productores (FAPAE).

    A falta de una estrategia global y coordinada (rebaja precio o tarifa plana), no han faltado las medidas parciales en los últimos tiempos. Desde el 2X1 ofrecido por la distribuidora A Contracorriente para sus películas (Antes del anochecerUn amigo para Frank) hasta los descuentos de exhibidores como Renoir, propiedad de Enrique González Macho, que ofrece un ciclo con lo mejor del año (La noches más oscuraBlue ValentineAmour) a 4 euros (3 si eres socio del cine).

    No obstante, la medida parcial más significativa de todas ha venido de Hollywood: la filial española de la distribuidora Warner, que acaba de estrenar con éxito El hombre de acero, ha prometido una rebaja del 13% sobre el precio de sus películas a los cines que apliquen directamente dicho descuento a las entradas.

    La reducción coincidiría exactamente con la subida del IVA cultural (del 8% al 21%), cuya entrada en vigor en septiembre aceleró la estampida de espectadores. Por tanto, el mensaje indirecto de Warner está claro: el 13% sobra, pero como el Gobierno no está por la labor de mover ficha, ya lo hacemos nosotros antes de que todo se desmorone.  

    “Dada la pésima situación en la que se encuentra nuestra industria, debido a la grave crisis económica que el país viene atravesando, además de la lacra que la piratería está suponiendo y el incremento del IVA, desde Warner Bros vemos con preocupación el deterioro imparable que viene sufriendo la taquilla semana a semana y como empresa con vocación innovadora sentimos la responsabilidad de plantear iniciativas que sirvan de estímulo para recuperar la asistencia a las salas”, explicó Warner a los exhibidores en una misiva publicada en la web Entrada numerada.

    El problema es que se trata de decisiones que no van más allá de los muros de la industria. El público sigue pensando que los precios se han puesto imposibles, impresión compartida mayoritariamente por una industria que hasta hace poco negaba que las entradas fueran caras. Ahora parece que ha llegado la hora de las acciones colectivas y contundentes. Los márgenes, eso sí, son estrechos. El precio de una entrada de cine se reparte entre una multitud de agentes: Estado (21%), derechos de autor, productor, distribuidora y exhibidor. Imagínense lo mal que están las cosas para que todos los implicados parezcan por fin decididos a bajarse los escuetos márgenes de beneficio como mal menor para no desaparecer (todos menos el ministerio de Hacienda, claro, que ni está ni se le espera).  En tres palabras: Rebaja o muerte.

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