Carta a los gobiernos (presentes y futuros) sobre educación

Aprender es el recurso de la inteligencia para sobrevivir y progresar en un entorno cambiante. Y claro está, es necesario en una sociedad que quiera salir adelante

Foto: Fotograma de la película 'The First Grader'. La historia real de un anciano de 84 años que, después de haber luchado por liberar a su país (Kenia), vuelve a la escuela.
Fotograma de la película 'The First Grader'. La historia real de un anciano de 84 años que, después de haber luchado por liberar a su país (Kenia), vuelve a la escuela.

Antes de las vacaciones escribí en esta sección una carta al nuevo Ministro de Educación. Tanto él como el Secretario de Estado me llamaron por teléfono para acusar recibo de ella, lo que, al menos, supone un notable cambio de actitud. Esta carta va dirigida al resto del Gobierno de la nación, y también a los de las Comunidades. La razón es que, en este momento de la historia, el tema educativo va más allá de las competencias estrictas del ministerio del ramo. Él debe encargarse del sistema “escolar”, es decir, de la enseñanza formal, que se mueve dentro de otro sistema omniabarcante, que es el “sistema educativo”. Lo componen todos los agentes sociales que influyen en la formación de los ciudadanos.

Desde hace algunos años, la nueva pedagogía insiste en la importancia educativa del entorno. En su apasionante libro El punto clave (Punto de Lectura), Malcolm Gladwell señala “el poder de los contextos” como uno de los grandes agentes del cambio. Tiene razón al afirmar que “las personas son mucho más sensibles a su entorno de lo que pueda parecer”. Si cambiamos el entorno educativo de la escuela, cambiará tambien la escuela. Y viceversa.

Nos encontramos inmersos en un cambio acelerado, lo que exige aprender continuamente, velozmente, a lo largo de toda la vida

Repetimos sin parar que hemos entrado en la era del conocimiento, pero desde el punto de vista práctico donde hemos entrado es en la “sociedad del aprendizaje”. El presidente Clinton lanzó la idea y recomiendo a los miembros del gobierno que lean el grueso y reciente libro de Joseph Stiglitz Creating a Learning Society, o el documento del Departamento de Educación de Gran Bretaña titulado solemnemente The Learning Age, a renaissance for a new Britain o el libro dirigido por Michael Kuhn New Society Models for a New Millenium. The Learning society in Europe and beyond. Las sociedades deben aprender, o resignarse a fracasar.

Aprender es el recurso de la inteligencia para sobrevivir y progresar en un entorno cambiante. Cuando esos cambios eran lentos, una etapa breve de formación servía para toda la vida. Pero nos encontramos inmersos en un cambio acelerado, lo que exige aprender continuamente, velozmente, a lo largo de toda la vida. La alternativa es quedarse marginado. Por eso estamos asistiendo a una “espectacular revolución del aprendizaje” (Michael Fullan), a una learning explosion (Franklin Covey).

Las grandes empresas tecnológicas –IBM, Samsung, Microsoft, Google, Cisco, Apple- quieren convertirse en las potencias educadoras mundiales. El poderoso grupo Pearson ha vendido la mitad de The Economist para invertir lo obtenido en educación, un sector del que es líder mundial. Su presidente ejecutivo, John Fallon, ha comentado: “El mundo de la educación está cambiando rápidamente y vemos una gran oportunidad para hacer crecer nuestro negocio a través de un acceso a la educación de alta calidad en el mundo. Pearson se concentra ahora al 100% en nuestra estrategia global educativa”.

En busca de la fórmula mágica

Todos los gobiernos ponen sus esperanzas económicas en una fórmula mágica: Progreso económico = Investigación + Desarrollo + Innovación. Les aconsejo que no lo hagan, a no ser que crean en el poder de las jaculatorias. Dicho así, parece como si esas tres actividades surgieran de la nada, pero no es verdad. Todas están afectadas por un factor común, la A de “aprendizaje”. Hay que aprender a investigar, a gestionar el desarrollo, a innovar. La formula correcta es: Progreso económico = A (I+D+i).

España perdió el tren de la Ilustración y el de la industrialización. ¿Va a perder también el de la sociedad del aprendizaje? Todos vamos a tener que aprender continuamente para no quedar obsoletos. Las empresas gastan cantidades ingentes de dinero para convertirse en learning organizations. ¡Ojalá el Estado gastara en formar a sus docentes la décima parte de lo que las empresas invierten en formar a sus empleados! Y no sólo a sus docentes, sino a toda la administración pública. El aprendizaje a lo largo de toda la vida es imprescindible, pero ¿quién se preocupa de ello? El escándalo de los fondos dedicados a formación ha sido posible, además de por la deshonestidad de mucha gente, porque nadie pensó que había que evaluar los resultados. La formación era un trámite.

La principal función del gobierno en una sociedad del conocimiento consiste precisamente en establecer las condiciones de posibilidad de la inteligencia colectiva

Impulsar una “sociedad del aprendizaje” como medio imprescindible de alcanzar una “sociedad del conocimiento” es tarea de todo el gobierno, no solo del Ministerio de Educación. Lo primero que tiene que comprender es que el dinero empleado en educación es inversión. Recomendaría a todos los miembros de los distintos gobiernos que leyeran los trabajos de de James Heckman, premio Nobel de economía, o de los economistas Hanushek, Machi y Woesman.

Pondré un ejemplo fácil de comprender. Llevamos decenios quejándonos del fracaso de la Formación Profesional. La LOMCE ha elegido el modelo alemán de Formación Dual. Pero este modelo exige la cooperación de muchas instancias, también en el Gobierno. Por de pronto, los ministerios de Hacienda, Economía, Industria, Trabajo, Asuntos Exteriores. Y el de Educación, por supuesto. Volvamos a la escuela. Todas las investigaciones que tenemos sobre las reformas que han tenido éxito señalan una serie de medidas imprescindibles: la formación de los docentes, la calidad de los directores, las redes sociales de apoyo a la escuela, la ayuda de los servicios sociales a las familias en riesgo educativo, la implicación de los ayuntamientos (a pesar de que en España no tienen competencias educativas), la colaboración del sistema de salud. Por ejemplo, el catedrático de Psiquiatría Miquel Casas, del hospital Vall d’Hebron, ha dirigido un estudio en escuelas catalanas que ha mostrado que el 20% de los alumnos tiene problemas de aprendizaje o psicopatológicos. El número es parecido al que se detecta en otros países, la diferencia es que en España no se tratan adecuadamente. Hacerlo, dice Casas, produciría una mejora espectacular de nuestras aulas.

En mi carta al ministro de Educación le proponía un Objetivo Cinco Años. Con el presupuesto que teníamos (5% del PIB) podemos tener un sistema escolar de alto rendimiento en el plazo de cinco años. Esta carta pretende convencer al resto del gobierno –y de los gobiernos autonómicos– de que tienen que colaborar para conseguirlo. Estoy seguro de que todos los ministros o consejeros están convencidos de que tienen que saber algo de economía o algo de leyes. Pues bien: tienen que saber bastante de educación, porque es la única manera de poder navegar con éxito en un mundo cambiante. Por cierto, también los políticos tienen que aprender. Henry Kissinger –a quien la experiencia le había retorcido el colmillo– decía que los presidentes de EEUU nunca aprendían nada mientras estaban en el cargo. Salían de él con el mismo “capital cognitivo” con que entraban. Espero que no sea verdad.

Daniel Innerarity, el politólogo español que a mi juicio ha comprendido mejor la relevancia política del conocimiento, ha escrito que la labor de gobierno “debe pasar de un estilo normativo a otro cognitivo, es decir, de una actitud ideológica a una disposición al aprendizaje”. “La principal función del gobierno en una sociedad del conocimiento consiste precisamente en establecer las condiciones de posibilidad de la inteligencia colectiva”, “organizar el aprendizaje colectivo y elevar programáticamente sus mecanismos de autoconservación y su capacidad de aprender “ (La democracia del conocimiento). El gobierno también tiene que ir al cole.

El movimiento se demuestra andando. Por eso también nosotros, los docentes, necesitamos aprender. Más que nadie. Esta sección de El Confidencial quiere colaborar a la creación de la sociedad del aprendizaje, proporcionando la mejor información disponible sobre ella. Espero que sea útil también a los gobiernos presentes y futuros.  

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