Fritos, duros, en tortilla...

Cómo preparar correctamente los huevos

Son al mismo tiempo un ingrediente de la cocina de vanguardia y de la tradicional. Nos centramos hoy en los métodos para cocinarlos de toda la vida

Foto: Muchas formas de hacer un huevo. (iStock)
Muchas formas de hacer un huevo. (iStock)

Son baratos, son saludables y son, a veces, el primer plato que aprendemos a cocinar. Parece, sin embargo, que ciertas personas son capaces de prepararlo siempre bien mientras a otros se les resisten. ¿Cómo es eso posible?

Es fácil aprender a hacer los huevos de distintas formas, lo difícil es ser un maestro en cada una de ellas. Para echarte una mano, te presentamos una pequeña guía para que los elabores en casa como si fueras todo un profesional.

Elegir bien el producto

Merece mucho la pena gastar dinero en huevos de óptima calidad. La diferencia que existe entre los mejores y los peores es de apenas unos céntimos de euro. Los frescos, obtenidos de gallinas criadas en buenas condiciones, poseen más sabor que los industriales, teniendo las yemas y las claras una composición mucho más consistente.

La temida salmonella se encuentra sobre todo en la cáscara del alimento. Por eso, romper los huevos bien es una cosa seria

Para comprobar la frescura, existen diferentes trucos. El más conocido es el de sumergir el huevo en un vaso con agua fría y observar si flota. Si se queda en el fondo es que el producto es fresco, si se queda en la parte superior: mejor no consumirlo. Otra solución es simplemente agitarlo y ponerlo al lado de la oreja. Si el huevo hace un sonido parecido al de un chapoteo es que es viejo.

Cómo cascarlos

La temida salmonella se encuentra sobre todo en la cáscara del alimento, y es la consecuencia de que los huevos no hayan sido correctamente manipulados en su recolección o en su envasado. Cascar correctamente los huevos es, por tanto, una cosa muy seria.

Si no estás habituado a realizar esta simple operación, utiliza siempre la técnica de las dos manos y no la más experta para hacerlo solo con una. Se necesita algo de experiencia hasta saber con qué fuerza debemos dar el golpe. Es importante también que el impacto se dé en la parte más gruesa, o si no el huevo se puede destrozar a la hora de abrirlo.

Fritos

Cada maestrillo tiene su librillo y, efectivamente, existen infinitas formas de preparar un huevo frito. Teniendo en cuenta que el objetivo es siempre que la clara quede crujiente y la yema líquida, te ofrecemos la siguiente técnica de entre todas las posibles.

Para los huevos duros es importante que no sean demasiado frescos y que el agua esté ya hirviendo

Utiliza una sartén pequeña, vierte una buena cantidad de aceite y caliéntalo. No utilices un huevo directamente sacado de la nevera, déjalo un tiempo fuera para que coja la temperatura ambiente. Baja un poco la intensidad del fuego para que no se cuaje cuando lo vayas a echar. Cáscalo y viértelo sobre la sartén. No des nunca el golpe sobre el borde de la misma, pues pequeños trozos de la cáscara pueden ir a parar al interior. En cuanto la clara comience a coger consistencia, echa aceite sobre ella con la espátula rasera, evitando en lo posible que caiga sobre la yema.

Respecto a la sal hay personas que prefieren cascar el huevo antes en un bol y echarla en dicho momento, otros la vierten sobre la sartén durante la cocción y por último están los que prefieren servirla tras haberlo frito. Te recomendamos que experimentes y decidas tú cuál te gusta más. Si fueras a hacer un segundo huevo, recuerda que para que no se pegue conviene limpiar la espátula con un papel absorbente antes de prepararlo.

Duros

Parece tan fácil como ponerlo a hervir, pero también aquí existen algunas normas. Son curiosas las propuestas del Kenji López-Alt, fundador del blog ‘Serious Eats’ y autor del libro 'The Food Lab: Better Home Cooking Through Science'.

Foto: iStock.
Foto: iStock.

Para este experto es mejor que los huevos no sean completamente frescos ya que dejarán más aire entre la clara y la cáscara, y será más fácil retirarla. Importante también es poner el huevo directamente en agua ya hirviendo, de este modo, la clara no se filtrará tampoco con la cáscara. Se recomiendan 6 minutos para un huevo poco hervido y once si lo quieres totalmente sólido.

En tortilla

La gracia de la tortilla francesa está en que el exterior quede especialmente dorado mientras que el interior quede menos hecho. Esta especialidad se tiene que preparar enrollando o doblando, pero nunca dándole la vuelta, como en la tortilla de patata.

Si los quieres escalfados, los huevos tienen que ser muy frescos ya que en los viejos las claras se pueden abrir y las yemas no quedar centradas

Para conseguir un óptimo aspecto, se recomienda utilizar una sartén de hierro fundido o antiadherente. Bate bien los huevos sin que se forme espuma y añádeles sal. Tras esto, echa una cantidad mínima de aceite de oliva o mantequilla. Calienta la grasa y vierte los huevos. Haz que se extiendan rápidamente por toda la sartén, espera unos segundos hasta que empiece a cuajarse, añade algún ingrediente más, dobla la tortilla y sírvela de inmediato.

Revueltos

Como con la tortilla, bate los huevos en un bol y añade sal. Si te gustan más cremosos, se recomienda utilizar una sartén antiadherente con un poquito de mantequilla. Pon fuego muy lento y remuévelos mientras cuajan. Sácalo justo antes de que estén hechos. De esta manera acabarán rematándose en el propio plato. Si por el contrario los quieres esponjosos, la sartén no es tan importante. A diferencia del caso anterior, el fuego tiene que estar a una cierta intensidad.

Escalfados

Los huevos tienen que ser particularmente frescos para prepararlos escalfados, ya que en los viejos las claras se pueden abrir y las yemas no quedar centradas. Pon el agua a calentar en una olla, cáscalos y pon cada uno por separado en un bol pequeño o en una taza. Echa un chorrito de vinagre al agua y una gota a cada uno de los huevos.

Foto: iStock.
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Cuando el agua hierva, hay que verter los huevos con delicadeza, uno a uno, desde diferentes orillas de la olla, permitiendo que caigan en el fondo. Deja que se hagan durante dos minutos y medio o tres, en función de cómo quieres que la yema cuaje. El agua no debe dejar de hervir y el proceso debe ser lento. Si el agua hierve con fuerza, la clara se puede separar de la yema. Basta, por último, sacarlos con la espumadera y retirar el posible exceso de clara.

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