andrés martínez, emprendedor social

"En la selva peruana me di cuenta de que un ingeniero también puede salvar vidas"

Imagínense la escena. Madrugada en la selva de Guatemala, un aguacero propio del clima tropical anega las cabañas de una de las tribus indígenas de la zona. Mala

Imagínense la escena. Madrugada en la selva de Perú, un aguacero propio del clima tropical anega las cabañas de una de las tribus indígenas de la zona. Mala noche para ponerse de parto, pero las contracciones no cesan. Violeta aprieta con fuerza la mano de su marido mientras la enfermera rural, con experiencia pero sin ninguna formación, no tarda en detectar los problemas. Está asistiendo un parto obstruido, es decir, los huesos de la pelvis de la madre impiden la salida del bebé, y no tiene medios para ello. De nada vale su esfuerzo, tampoco el de la parturienta, y el futuro padre, que teme por la vida de su mujer, suplica a ambas que se rindan. Dan al bebé por muerto.

La historia hubiera terminado aquí de no ser por una pequeña mochila con un ecógrafo portátil. Última esperanza, hay latido. El niño está vivo. Hay que seguir intentándolo. Les separan cinco horas de viaje del puesto médico más próximo y el padre consigue una camioneta. Por el camino, estrecho y embarrado, revienta una rueda. Ya lo decíamos: mala noche para un parto. La lluvia no da tregua, pero ya no importa: la odisea termina con final feliz. La madre consigue dar a luz y el bebé está bien.

La suya es la vida del viajero, la del investigador y también la del emprendedor

Detrás de este milagro está Andrés Martínez, un ingeniero de telecomunicaciones español de 44 años. Él es el culpable de que en una zona sin electricidad hubiera un pequeño ecógrafo. Él es el culpable de que además la enfermera tuviera la oportunidad de formarse para hacer ecografías básicas. Natural de Veguellina de Órbigo, un pequeño municipio de León, su vocación por la medicina, que nunca llegó a cursar, cristalizó en 1997 en el proyecto Enlace Hispano Americano de Salud (EHAS). Andrés dirige esta fundación en la que telecomunicaciones y salud caminan de la mano para lograr un objetivo común: salvar vidas. Todos sus esfuerzos están enfocados en mejorar la atención sanitaria en zonas rurales y aisladas de países en desarrollo, utilizando para ello las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Su labor no pasó inadvertida para ASHOKA, una organización sin ánimo de lucro que respalda el trabajo de 3.000 emprendedores sociales en todo el mundo, entre los que se encuentra Andrés desde 2009.

"Terminé en la selva peruana para librarme de la mili"

La suya es la vida del viajero, la del investigador y también la del emprendedor. Con dieciocho años hizo el petate rumbo a Madrid, donde se licenció en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica, y en su proyecto de fin de carrera dejó claro que la telemedicina era su campo. "Desarrollé un programa de asistencia médica para mayores y el tiempo ha demostrado que no tuve mal ojo, porque hoy es raro el anciano que no tiene en su casa el dispositivo que le permite comunicarse con los servicios sanitarios con sólo apretar un botón", cuenta. 

Sin embargo, su proyecto no llegó a materializarse nunca porque en 1994 recibió la carta que le comunicaba que tenía que cubrir el Servicio Militar Obligatorio. Andrés recuerda muy bien el momento: "Tenía veinticuatro años y muy claro que no quería hacer la mili. Tras pedir una prórroga terminé por declararme objetor de conciencia". La suya fue una huída hacia delante. Hizo las maletas de nuevo y puso rumbo a la selva peruana, uno de los rincones del mundo en vías de desarrollo donde España permitía cubrir el periodo de objeción. 

Andrés Martínez y una panorámica de la selva amazónica. (EHAS)
Andrés Martínez y una panorámica de la selva amazónica. (EHAS)

Los trece meses que pasó al otro lado del Atlántico, trabajando en una pequeña emisora de radio popular, le sirvieron para conocer los problemas del sistema de salud de Perú. "El personal que asiste a las tribus de esas zonas, tan marginadas de los núcleos urbanos, tiene una formación equivalente a la de un auxiliar de enfermería en España. Lo normal es que el médico o el enfermero esté a diez horas caminando del paciente", explica Andrés. 

"Vivo con estrés de empresario y sueldo de funcionario"

De Perú a Ecuador, y de allí a Nicaragua. A este último destino llegó con el ánimo de continuar sus investigaciones en telecomunicaciones, pero le sorprendió el huracán Mitch y acabó participando en un comité de ayuda a los trabajos de emergencia. "¿Qué podía hacer? Miles de muertos y heridos, además de los daños materiales, había que ayudar como fuera", reflexiona Andrés.

Tras la tragedia siguió su camino e implementó, con la colaboración de la Agencia Española de Cooperación Internacional, la tecnología necesaria para conectar zonas en las que ni tan siquiera había línea de teléfono. "Pensar en conexiones vía satélite era una utopía por el elevado coste, así que utilizamos sistemas de radio y resultó un éxito. Después de eso apareció el wifi y, además, conseguimos el respaldo de instituciones como el Banco Mundial y el Ayuntamiento de Madrid, con lo que pudimos extender nuestro campo de acción y permitir la comunicación entre poblaciones separadas por más de cien kilómetros", apunta.

Una doctora se comunica con el asistente de un centro de salud. (EHAS)
Una doctora se comunica con el asistente de un centro de salud. (EHAS)

El gran paso estaba dado. El trabajo de este ingeniero de telecomunicaciones cambió la vida de muchas de las aldeas que viven en la selva amazónica, donde la luz brilla por su ausencia, no hay más carreteras que los afluentes del Amazonas y llegar a un centro de salud supone dos días de navegación en canoa o, si tienes suerte y una embarcación a motor, cinco horas. "Cerramos el triángulo: paciente, personal auxiliar y médicos profesionales estaban por fin en contacto".

Después de este proyecto hubo más. Hace cinco años, de la mano de Ashoka, comenzó su último gran reto: reducir la mortalidad materna. "Si un constipado se convierte en un problema en estas zonas, imagínate un parto", apunta. En colaboración con otro de los emprendedores sociales de ASHOKA, la fundación de Andrés (EHAS) trabaja ahora con una pequeña mochila-botiquín provista de un panel solar que permite el correcto funcionamiento de un ecógrafo portátil con la que se detectan el 85% de las complicaciones obstétricas. "De momento hemos podido controlar el embarazo de 1.000 gestantes y la mortalidad ha sido cero. En los próximos dos meses, en Guatemala, vamos a ampliar la muestra a 10.000 y el objetivo es que a mediados de este año en Perú podamos implementar el renting de esta mochila para que su uso se extienda hasta las 65.000 embarazadas en tres años", explica ilusionado Andrés.

Andrés Martínez Fernández - Emprendedor Social de Ashoka España 2009

Y así, entre proyectos sociales y clases en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid -donde crecen las horas de docencia, bajan las de investigación y se mantiene el suedo-, es como su día a día se ha convertido en lo que es hoy: un hervidero de videollamadas, burocracia y viajes de ida y vuelta a América Latina. "Mi vida sería mucho más cómoda si me dedicara en exclusiva a la docencia. Vivo con el estrés de un empresario y el sueldo de un funcionario, pero jamás me quejo. Me gusta lo que hago y estoy orgulloso de ello".

"Hemos tenido que ir a buscar financiación fuera de España"

Su curriculum no es el de un ingeniero de telecomunicaciones al uso. "¿Que si me han llamado loco alguna vez?", repite nuestra pregunta y se ríe. "Muchas, muchas...". "En la época de las vacas gordas tenía compañeros que ganaron mucho dinero y yo por ahí, de selva en selva, buscando financiación para sacar adelante los proyectos", recuerda Andrés, al que el tiempo le ha dado la razón.

Vivo con el estrés de un empresario y el sueldo de un funcionario, pero jamás me quejo. Me gusta lo que hago y estoy orgulloso de ello

Hoy, él y cada una de las personas que trabajan con la Fundación EHAS en España, Perú, Colombia y Guatemala, podrían presumir de haber logrado que en más de 170 centros y puestos de salud en Perú, Ecuador, Colombia y Cuba hayan implantado sus redes de comunicación; de que más de 150.000 personas hayan mejorado drásticamente la calidad de su atención médica y de que Ministerios y Gobiernos regionales estén invirtiendo en la implantación de su tecnología, pero no lo hacen. Presumir no es lo suyo. "Lo nuestro es trabajar, ayudar a los demás y seguir creciendo, tenemos espíritu de emprendedor social, no lo podemos evitar", zanja entre risas. Probablemente sea ese espíritu el que no le haga rendirse ante la falta de financiación en España a causa de la crisis: "Hemos tenido que ir fuera a buscar fondos, pero el buen trabajo siempre encuentra respaldo".

Por el camino, mucho sacrificio y muchos viajes. "Hemos pasado momentos muy difíciles. A ingenieros de nuestra fundación se les han muerto niños en los brazos, pero también hemos salvado a muchos otros. Y, personalmente, me he llevado y me llevo más alegrías que penas. Las temporadas que he vivido fuera de España me han servido para hacer muchos amigos al otro lado del charco". Aunque las largas temporadas fuera de casa se han terminado para Andrés, que tienedos hijos, de ocho y diez años, y un puñado de alumnos a los que inculcar conocimientos y valores a partes iguales. Él echa el ancla en Madrid, pero sus proyectos no. ¿Próximos destinosnbsp;Asia y África. ¿Objetivonbsp;El mismo que hasta ahora: salvar vidas.

Alma, Corazón, Vida
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