Existen tantos argumentos a favor como en contra sobre el hecho de mantener una relación de amistad con las exparejas. Ni siquiera los psicólogos han logrado consensuar una serie de lugares comunes para actuar de la manera más conveniente tras una ruptura sentimental, alejando traumas y manteniendo la armonía emocional. Para algunos es un error seguir siendo amigos, para otros una necesidad y, para una gran parte, una simple utopía hippie propia de la ciencia-ficción.

“No todo el mundo tiene la capacidad ni la inteligencia emocional suficiente para mantener una relación de amistad con sus ex. Esto se debe a que muchas parejas son patológicas por naturaleza, con unos lazos débiles y poco constructivos, por lo que para ellas es imposible evolucionar del amor a la amistad”, explica el psicólogo especialista en desarrollo personal Yves-Alexander Thalmann, autor de numerosos superventas sobre esta temática, como ¿Otro flechazo? Cómo liberarse de la trama de las repeticiones amorosas o Sexualidad y relaciones de pareja.

Thalmann es uno de los defensores de la la amistad tras la ruptura, en la que encuentra muchos más beneficios que perjuicios, principalmente si la relación ha sido larga. La complicidad y el conocimiento mutuo que se cultiva durante una relación sentimental duradera no la aportan ni los amigos más cercanos, pues se asemeja casi a los lazos familiares, indica el autor francés. La otra persona, añade, puede convertirse en uno de los mejores confidentes, en alguien que siempre estará ahí y a quien se le podrá contar todo sin tapujos porque nos conoce muy bien.

La necesidad de una etapa de transición

“Se trata de un tipo de amistad más útil, sin tabúes. No hay nada que esconder porque ambos tienen una percepción bastante exacta de cómo es la otra persona, por lo que se trata de algo más valioso que una simple amistad”, apunta Thalmann. Otra de las ventajas que argumenta en ¿Otro flechazo? tiene que ver con la necesidad de asumir lo que ha pasado, superarlo y vivir en armonía con quien se ha compartido una intensa etapa vital.

No todo el mundo cuenta con la inteligencia emocional suficiente como para mantener una relación de amistad con sus exPara volver a enamorarse y vivir una nueva relación sana hay que identificar los errores del pasado, qué nos llevó a esa situación y qué hacer para que no se vuelve a repetir. Un objetivo, añade el psicólogo, difícilmente alcanzable “si se corta todo tipo de contacto de forma repentina, sin al menos pasar por una transición” que permita un periodo de adaptación y un análisis en frío de lo que ha sucedido. No se tratará de una etapa fácil, según reconoce Thalmann, pero hacer tabula rasa con el pasado, sin atar los cabos sueltos, tampoco reportará demasiados beneficios. A medio plazo, la relación se volverá fraternal y se recuperará más fácilmente la armonía emocional.

Los hombres lo afrontan peor que las mujeres

En la teoría suena bien, pero la realidad demuestra que solo un número reducido de exparejas es capaz de construir una relación de amistad. Y es que según Thalmann, la clave para que esto ocurra no siempre está en nuestras manos. “Los ingredientes fundamentales de una buena amistad son que la ruptura haya sido cordial, consensuada por ambas partes” y, lo que es más importante, “que ambos reconstruyan de forma rápida y casi a la vez su vida sentimental”. En este punto es donde las diferencias de género vuelven a salir a la luz, pues “los hombres viven las relaciones de forma más posesiva. Para ellos "es mucho más difícil aceptar que su expareja se ha convertido en una simple amiga que, además, ha iniciado una nueva relación”.

Los hombres viven las relaciones de forma más posesiva, lo que les impide aceptar que su ex tiene una nueva pareja Aunque se den todas las claves necesarias enunciadas por Thalmann, este periodo de transición no es fácil y tiene sus peligros. Como él mismo advierte “muchas personas pueden verse afectadas por la nostalgia y negarse a reconocer lo que ha ocurrido. Cuando la ruptura no es pactada, se hace más dolorosa y la amistad es difícil de construir porque no se admite que se acabe una relación con la que se ha sido feliz”. Es por ello que para el psicólogo y divulgador David Pulido se trata de un error pasar del amor a la amistad sin transición alguna: “El hacerte amigo de tu ex impedirá que de momento se produzcan conflictos y aparezca la tristeza, pero sólo estaremos demorándolo y probablemente acabará produciéndose un daño mayor”.

¿Y el derecho a roce?

Otro de los peligros que más complejidad añade a este hecho es el componente sexual. “Muchas veces se mantiene la amistad pero no de forma sincera, sino buscando la seducción desde el primer momento”, advierte el autor galo. El feeling sigue existiendo, lo que facilita los reencuentros sexuales con las exparejas echando por tierra cualquier posibilidad de construir una relación de amistad.

Para la psicóloga clínica Ashley Mason, el derecho a roce puede reportar un mayor bienestar, pero en aquellas personas que aún no han superado la relación. Como sostiene en un estudio publicado en el Journal of Social and Clinical Psychology “la pervivencia de ese contacto sexual puede evitar que uno empiece nuevas relaciones que sean beneficiosas”, por lo que las consecuencias pueden empeorar aún más la situación.