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Logroño: qué ver y qué hacer en la ciudad donde la calle Laurel es la cuna del tapeo
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Logroño: qué ver y qué hacer en la ciudad donde la calle Laurel es la cuna del tapeo

Situada en la comunidad autónoma de La Rioja, esta ciudad tiene encantos más allá de sus afamados vinos. ¿Se anima a visitarla con nosotros?

Foto: Concatedral de Santa María la Redonda, Logroño. (CC/Flickr/Mario Carvajal)
Concatedral de Santa María la Redonda, Logroño. (CC/Flickr/Mario Carvajal)

Breve historia de la ciudad

Logroño, capital de La Rioja, hace honor en su escudo al río que baña su territorio. El Ebro está presente en la historia de la ciudad desde siempre, pues sus aguas motivaban que fuera cruce de caminos en los viajes por la geografía española. De hecho, el Camino de Santiago resulta imprescindible al hablar de los orígenes de la urbe, pues con el ir y venir de peregrinos durante la Edad Media Alfonso VI de Castilla concedió la condición foral a Logroño en 1095. Su objetivo era incrementar la población de tan transitado enclave, pero hasta los años treinta del siglo XX no pudo presumir de contar con más de 30.000 habitantes.

Habrá que esperar hasta 1431 para que Juan II de Castilla le otorgara el título de 'ciudad', así como los honores de ser 'muy noble' y 'muy leal'. Poco a poco, Logroño fue sumando méritos hasta llegar a ser nombrada la 'primera ciudad comercial de España' en 1997, un logro que premiaba la excelencia del comercio de la urbe. Quince años antes, en 1982, Logroño obtuvo la denominación de capital de la comunidad autónoma de La Rioja.

Concatedral de Santa María La Redonda

La colegiata de Santa María La Redonda obtuvo la declaración de 'concatedral' en 1959, un rango que, tal y como se informa en su página web, es equiparable al de las históricas catedrales de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada. Este templo de tres naves, girola y trascoro ha sufrido diferentes ampliaciones desde que comenzara su alzamiento en el siglo XVI. De hecho, hasta el siglo XVIII no se terminó por completo la estructura del edificio, y fue entonces cuando se decidió construir la famosa capilla de Nuestra Señora de los Ángeles.

Uno de los elementos más llamativos de la concatedral es la pareja de torres firmadas por Martín de Beratúa que se levanta sobre su tejado. Son tan importantes para la ciudad que se han convertido en emblema de Logroño y su silueta puede verse en todo tipo de recuerdos para los visitantes. Si no hay culto en la nave central o en el altar mayor, la concatedral se puede visitar a diario de 8:30 a 13:00 y de 18:00 a 20:45. Los domingos, de 8:30 a 14:00.

Iglesia de San Bartolomé

Este templo remonta su historia hasta el siglo XII, lo que le convierte en la iglesia más antigua de Logroño. Declarado Monumento Nacional en 1866, conserva una apariencia recia y sobria con muros sin ventanas grandes. A pesar de ello, su entrada resulta muy llamativa y trabajada: en la portada gótica ojival aparecen 19 viñetas que representan diferentes escenas bíblicas como, por ejemplo, el martirio de San Bartolomé o el hallazgo de sus restos.

La torre de esta iglesia es recordada en la historia de Logroño por ser atacada en 1521 por el ejército francés. De hecho, sus paredes formaban parte del sistema defensivo de la ciudad, viéndose alteradas por la artillería gala, que provocó grandes desperfectos en su estructura. Sin embargo, años después, su forma volvió a recomponerse utilizando ladrillo de estilo mudéjar con influencias aragonesas.

Horario de visitas: de lunes a domingo, de 11:30 a 12:00 y de 12:30 a 13:15.

Puente de piedra y puente de hierro

Logroño puede presumir de dos puentes muy famosos construidos con diferentes materiales. El primero de ellos, levantado en piedra, se conoce con el nombre de Puente de San Juan de Ortega, en alusión a la pequeña capilla en honor a este santo del siglo XII que había en su margen izquierda -a quien se atribuye el alzamiento original de la estructura-. Esta conexión entre dos márgenes del Ebro aparece reflejada en el escudo de la ciudad y es el lugar por el que entran los peregrinos que recorren el Camino de Santiago. Sufrió un derrumbe en 1871, pero fue reparado 13 años más tarde por Fermín Manso de Zúñiga.

Pero la capital de La Rioja dispone de otros tres puentes, entre los que destaca el llamado puente de Sagasta. Levantado en hierro, consta de 11 tramos de 30 metros cada uno que se disponen a lo ancho del Ebro a alturas diferentes para poder soportar las crecidas del río. Para su construcción se emplearon más de 1.000 toneladas de hierro que, para la época en la que se inauguró (1882), supusieron el nada despreciable desembolso de 547.479 pesetas.

Parlamento de La Rioja

El Convento de la Merced, edificio que actualmente cumple la función de sede del Parlamento de La Rioja, es tan bello por fuera como por dentro. Tal y como recuerda la propia página web de este organismo público, el edificio “ha sido testigo del devenir de la ciudad a través de los múltiples usos que ha recibido”, y está ubicado entre dos calles paralelas con no menos bagaje histórico: la calle Marqués de San Nicolás y la calle Portales.

El Parlamento riojano data del siglo XIV, aunque sus reformas más importantes se produjeron doscientos siglos más tarde –tal y como puede verse en las fechas registradas en los escudos de la Orden de la Merced que decoran el claustro y la iglesia–. En la actualidad, las tres hornacinas que aparecen en la entrada principal están vacías, aunque antaño las 'habitaban' las imágenes pétreas de Santa María de la Merced, San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato.

En el interior del edificio puede apreciarse una serie de columnas monolíticas dóricas que sostienen seis arcos de medio punto por ala. El claustro interior fue restaurado y cubierto con una estructura de cristal sobre soporte metálico, dando lugar en 1988 a lo que hoy es el hemiciclo del Parlamento de La Rioja.

Calle Laurel

La calle Laurel es, sin duda, uno los lugares más transitados por los que se dejan caer por Logroño. Lejos de contar con impresionantes monumentos u obras de arte que llamen la atención de turistas y residentes, esta vía riojana de apenas 200 metros conquista a través del estómago. Considerada como una emblemática zona de pinchos, está plagada de bares donde poder disfrutar de suculentas recetas en forma de tapeo.

Más de 60 establecimientos de restauración se dan cita en este enclave apto para los paladares más exigentes, que no podrán irse de la ciudad sin probar sus famosas 'zapatillas' -rebanadas de pan de hogaza untadas con tomate y aceite acompañadas de jamón serrano a la plancha-, sus 'matrimonios' -bocadillo pequeño de anchoa, boquerón y pimiento verde- o sus 'valentinos' -pequeño bocata de revuelto de atún servido en un pan con forma de corazón-.

La calle Laurel es tan popular que cuenta incluso con una página web propia donde informa de las últimas novedades de sus bares.

Bares y restaurantes en Logroño

- Café Moderno: es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Su fachada transporta a épocas antiguas, donde tomar un café no podía hacerse sin lucir sombrero o elegantes guantes. Desde 1916, lleva atendiendo a sus clientes en la calle Francisco Martínez Zaporta. Como curiosidad, llama la atención que este local tiene su propio himno, 'Fibra de pájaro', que suena todos los viernes y sábados por la noche.

- Avenida 21: según la página web de este restaurante, sus fogones ofrecen “cocina riojana tradicional con toques de modernidad en mesón rústico con muros de piedra, arcos y columnas”. Abren todos los días, salvo los domingos, de 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 23:00. En su carta se pueden encontrar desde canelones de hongos y jamón hasta bacalao a la riojana o flan de naranja. En avenida de Portugal, 21.

- Torres Gastrobar: el objetivo de este establecimiento es “acercar la alta cocina a las clases populares sirviendo tapas de autor a precios asequibles”. Así, entre sus propuestas, pueden encontrarse auténticas delicias por un precio medio de entre tres y cinco euros. Su carta ofrece tapas tan originales como papada de cerdo en tres cocciones con salsa de yogar natural, lomo de sardina ahumada con vinagreta de pomelo o guindilla rellena de paté ibérico envuelta en tocino y panceta con mermelada de tomate. En calle San Juan, 31.

Breve historia de la ciudad

Logroño, capital de La Rioja, hace honor en su escudo al río que baña su territorio. El Ebro está presente en la historia de la ciudad desde siempre, pues sus aguas motivaban que fuera cruce de caminos en los viajes por la geografía española. De hecho, el Camino de Santiago resulta imprescindible al hablar de los orígenes de la urbe, pues con el ir y venir de peregrinos durante la Edad Media Alfonso VI de Castilla concedió la condición foral a Logroño en 1095. Su objetivo era incrementar la población de tan transitado enclave, pero hasta los años treinta del siglo XX no pudo presumir de contar con más de 30.000 habitantes.

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